Por Jhonny Tamayo

Un breve análisis del informe de la CEPAL del 2021, de los datos recogidos sobre el “Panorama Social de América Latina”, con respecto a las desigualdades socioeconómicas y la pobreza, el sistema de salud, educación y la protección social, el gasto social, el cuidado en el hogar y la participación de las mujeres en países de América Latina, preocupa de sobremanera a las distintas organizaciones sociales del país.

El documento de la CEPAL, en donde están datos estadísticos de los aspectos económicos y sociales de varios países de la región, en el cual se encuentra el Ecuador, llama la atención y a la vez sacude la indignación popular. Al referirse sobre la “desigualdad en la distribución del ingreso”, menciona que existe distintos mecanismos de exclusión que están dentro de la cultura del privilegio y por ello continúa la desigualdad. “Una de las principales expresiones de la desigualdad es la concentración del ingreso, porque este determina las posibilidades de acceso a bienes y servicios esenciales e influye en las oportunidades que las personas tienen para desarrollar sus potencialidades y alcanzar un mayor bienestar” (p: 50). Los niveles de pobreza en los dos últimos años subieron en la región (2020-2021), situándose el nivel de pobreza en un 32,1% y la pobreza extrema en 13,8%. Entre los sectores sociales históricos están los pueblos y nacionalidades indígenas que tienen mayor probabilidad de encontrase en una situación más drástica que el resto de la población no indígena. En Ecuador para el final del 2020, la pobreza creció más un 5% y la pobreza extrema un 3% más.

En el ámbito de la salud pública, tiene u impacto directo hacia los grupos vulnerables en toda la región. Para la atención de la salud se les dificulta acceder a los distintos servicios, por lo que el nivel de enfermedades es más alto y su nivel de esperanza de vida más bajo, con relación a los sectores de la burguesía que pueden acceder a servicios privados de salud en la comodidad de su hogar. Una expresión de esto es la “alta correlación entre vulnerabilidad socioeconómica y nivel de gravedad y muerte por COVID-19” (p: 125). En los territorios donde los niveles de pobreza son mayores, así como “las condiciones más precarizadas de vivienda, el menor acceso a agua potable y el limitado acceso a servicios de salud, entre otros factores, se ha asumido que enfrentan una mayor mortalidad por COVID-19” (p:127). En Ecuador las largas filas afuera de los centros de salud y hospitales públicos se hizo notorio los primeros meses de la pandemia, y luego en fechas específicas como diciembre y enero de los últimos dos años. Los hogares de sectores populares son quienes han perdido más a sus familiares.

En el caso de la educación pública, existe la misma condición hacia los grupos vulnerables. En la región el sistema educativo tuvo que adecuarse a metodologías dentro de la virtualidad, tratando de no interrumpir el proceso de enseñanza y aprendizaje. Estamos convencidos que no es igual el proceso educativo de manera directa – presencial, frente a la forma virtual. En los dos años de la pandemia se logró visualizar de mejor manera lo que las organizaciones sociales han venido exigiendo desde un tiempo atrás a todos los gobiernos de turno, un mayor presupuesto para invertir en la educación pública. La “transición ha dejado en evidencia las brechas de acceso, conectividad y habilidades digitales en la región. La forma de conexión también afecta la calidad y las oportunidades que tienen los estudiantes en su proceso educativo” (p: 130).

En Ecuador, varios hogares de sectores populares que no cuentan con conectividad permanente y aparatos tecnológicos, han tenido que estar excluidos en su proceso educativo. La gran ayuda que brindan los docentes con la entrega física de los temas de cada materia, en algo reemplaza su lamentable situación socio-económica. Lo que, si estamos seguros, es que el impacto en sus habilidades cognitivas de base será afectado. “Otro de los graves riesgos asociados a las medidas adoptadas en el contexto de la pandemia y la crisis socioeconómica es el incremento del abandono escolar” (p: 131). En nuestro país este abandono tiene algunas causas, algunas de ellas descritas líneas arriba; la falta de recursos económicos y tecnológicos, provocó a su vez que niñas/os y adolescentes decidan ayudar a buscar el sustento diario a su padre y madre. Lo que también tiene como consecuencia grave, elevar el nivel de trabajo infantil en las calles.

Por último, está el tema del cuidado y el ámbito laboral de las mujeres. Cuando se menciona sobre las tareas del cuidado en los hogares, como también en instituciones de salud y educativas, estas tareasse multiplicaron en la pandemia porque es imprescindible “extremar los cuidados para evitar los contagios y en la cual las personas se vieron obligadas a adaptarse a nuevas rutinas en la vida cotidiana. Esto redundó en la sobrecarga de trabajo, tanto remunerado como no remunerado, para las mujeres que se desempeñan en estos sectores” (p: 212). Las mujeres de sectores populares tienen que conciliar la actividad laboral con el cuidado de sus hogares, este esfuerzo es “invisibilizado e infravalorado” dentro de la economía capitalista. En la región, para el 2020 la tasa de desocupación de las mujeres fue del 12,1 % y el 9,1% de los hombres, para el 2021 se acercó a la cifra del 11,8% para las mujeres y del 8,1% para los hombres. En Ecuador las políticas públicas aún tienen un déficit para garantizar el acceso al campo laboral de las mujeres que se quedaron sin un sustento económico para su hogar.

Para este año 2022, desde los gobiernos de turno, deberán planificar de mejor manera la inversión en los tres temas fundamentales: trabajo, salud, educación, priorizarlos es urgente, y dejar de forma secundaria el pago de la deuda externa. La inversión en estos tres aspectos es importante para ir subsanando todo lo acarreado durante tiempo atrás. Solo así se podrá ayudar al desarrollo de la sociedad, en especial de los sectores populares, que son los más golpeados por la crisis sanitaria, la crisis económica y la corrupción.