Por Juan José del Valle*

La Agencia Internacional de Energía, lanzó a mediados de mayo un llamado a poner fin a las inversiones en nuevas explotaciones de petróleo y gas. Además, a detener la venta de vehículos de combustión en el año 2035. Este es el único camino para alcanzar la neutralidad de carbono en 2050 y detener el incremento de temperatura del planeta.

La denominada emergencia climática bate récords continuos y genera noticias preocupantes cada semana. El 2 de Abril del presente año, se alcanzó un nivel de CO2 en la atmósfera de 421 ppm nunca visto en la Tierra en los últimos 800.000 años. La Antártida y Groenlandia han  perdido hielo a un nivel seis veces más rápido que en los años noventa. El año 2020 fue el segundo año más cálido desde que existen registros, con un incremento de ciclones, incendios masivos y mares más cálidos que están afectando la biodiversidad y la estabilidad climática a la que el ser humano estaba acostumbrado.

Esta situación de crisis que afecta la supervivencia humana está provocando una gran respuesta internacional en el campo de las políticas públicas. Europa propone ser el primer continente neutro en carbono en el año 2050, Estados Unidos recortará sus emisiones a la mitad en 2030 y también marca su objetivo de neutralidad en 2050. China se marca el mismo reto para 2060. Estos planes ambiciosos requieren de una transición energética acelerada y a gran escala. Más del 70% del carbono emitido a la atmósfera proviene de la quema de petróleo, gas y carbón. El  78% de la energía que consume el mundo tiene origen fósil. Toda esa energía debe ser reemplazada en apenas 30 años por energías renovables y por una mejora en la eficiencia energética.

Desde el sector privado también se están dando pasos de gigante. Fabricantes de automóviles como Audi, Volkswagen y Ford han anunciado que dejarán de fabricar motores de combustión en la próxima década. Y los vehículos 100% eléctricos serán más baratos que los de gasolina antes del año 2027. El transporte se encamina a ser eléctrico en todo el mundo en apenas dos décadas.

Entretanto Ecuador parece ajeno a estas noticias de crisis climática y de la revolución industrial verde, con una mirada fósil  propia del siglo XX. Sin embargo, sí se han dado pasos importantes en los últimos años, que han pasado desapercibidos por no haberse comunicado de forma eficaz a la ciudadanía. En Octubre de 2018 se aprobó la primera regulación de generación fotovoltaica distribuida, que permite por primera vez en el país, la instalación de paneles solares en los techos de las casas y de las empresas para ahorrar en la factura de la luz. En los últimos dos años, se han promovido también megaproyectos solares y eólicos en procesos de subastas, con el fin de generar más energía renovable para un país que cada año aumenta su consumo de energía eléctrica a un ritmo del 6%.

Una parte del sector privado con mayor compromiso ambiental está aprovechando estas regulaciones, incentivos económicos y potenciales ahorros de costos operativos para promover proyectos de generación solar en sus plantas industriales y sedes corporativas. También las familias que pagan más de 100 USD al mes en la factura de la luz están logrando ahorros del 80%, colocando paneles solares en sus techos e invirtiendo sus ahorros en lograr autonomía energética.

Poco se han comunicado estos incentivos económicos a la ciudadanía y es el único camino hacia la neutralidad climática en el Ecuador. Se deberían derivar los subsidios a los combustibles fósiles y convertirlos en incentivos económicos para las familias que generen energía limpia, para cocinar con electricidad en lugar de gas contaminante, para que los taxistas y transportistas adquieran vehículos 100% eléctricos que son mucho más baratos de mantener, para la construcción de una gran infraestructura de carga de los vehículos que en apenas 10 años van a ser los más vendidos en el país. Se debería recompensar la ecología y el cuidado del planeta y desincentivar aquellos productos y servicios que contaminan la Tierra.

Y en ese nuevo camino se encuentra la oportunidad de una nueva economía verde. Sólo hay que ver el ejemplo de Brasil, que desde el 2017 promociona la energía solar distribuida y ha generado más de 43000 puestos de trabajo. En México son 23.000 los empleos generados en energía solar. Los nuevos puestos de trabajo verdes aglutinan ingenieros, instaladores eléctricos y todo el sector de la construcción. Los instaladores suelen ser pequeños contratistas locales y cercanos a los lugares donde se instalan los generadores solares, por lo que se genera una gran riqueza local.

En Perú se lanzó el programa Masivo Fotovoltaico para zonas rurales no conectadas a la red que logró llevar la luz con energía solar a 205.138 viviendas rurales. En Ecuador llevan paralizadas las inversiones en electrificación rural desde hace unos años, no se contemplan las energías renovables como herramienta democrática de acceso a la energía y el 3% de la población, más de 500.000 personas no tienen hoy luz en casa.

Nuestro entorno está repleto de ejemplos de cómo transformar la economía y construir más bienestar para el país, sólo tenemos que dejar atrás nuestro pasado fósil. Las gasolineras dentro de 10 años serán eléctricas y la energía la podemos autogenerar hoy en nuestros techos con una fuente inagotable, limpia y gratuita como es el Sol.

* Ingeniero en energías renovables. Director ejecutivo de J3M Global | @kaidelvalle