Los aranceles de Trump

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Por Francisco Escandón Guevara

Trump declaró la guerra al comercio mundial. En adelante, los productos que ingresen y se vendan en los Estados Unidos de Norteamérica pagarán nuevos aranceles, en lo que el presidente gringo llama reciprocidad a las tarifas aduaneras.

La singularidad de esta política trumpiana es consecuencia de su oferta electoral que Estados Unidos vuelva a ser grande” y la impulsa para arremeter contra la expansión de otras economías, particularmente China, que, por sus índices de producción y crecimiento, amenaza la hegemonía norteamericana en la disputa interimperialista.

En réplica a este chouvinismo gringo, se decretaron otros aranceles a los productos norteamericanos y enseguida las bolsas de valores sufrieron significativas caídas, las peores después de la pandemia del COVID, que presagian una muy posible crisis económica mundial.

En el caso de las economías dependientes, en particular las latinoamericanas y entre ellas el Ecuador, los nuevos aranceles del 10% no son culpa, ni tampoco mérito, de sus mandatarios, sean amigos o enemigos de la actual administración estadounidense, pero si son sorprendentemente ridículas las divagaciones que hace el gobierno de Noboa.

El muñeco de cartón practica la diplomacia del aplauso con Trump, a la par de minimizar los impactos en la economía nacional, anuncia que la medida arancelaria podría significar una ventaja competitiva para algunos productos, pues se venderían más baratos en comparación con los que ofrezcan otros países a los consumidores norteamericanos.

Pero el fondo es más trágico que la simplicidad de las formas noboístas, es muy probable que los nuevos tributos aduaneros encarecerán el costo de la vida en Estados Unidos y en otras economías, esto provocará una recesión mundial que afectará al consumo. La gente comprará menos, sólo lo necesario para paliar la crisis y evitará el gasto en productos complementarios: millones de consumidores dejarán de comprar banano, camarón, flores, atún, cacao, etc.

Obvio, las exportaciones ecuatorianas caerán y eso impactará en la producción, se perderán miles de empleos, la pobreza crecerá y de su mano la inseguridad ciudadana. Al fin y al cabo, un resfrío en los países imperialistas es una pulmonía en las economías dependientes.

Por cierto, los aranceles de Trump no beneficiarán a las clases trabajadoras norteamericanas, pero sí lo harán a un puñado de empresas multinacionales con las cuales gobierna, aunque ello implique desencantar, momentáneamente, a los barras bravas del libre comercio, a los libertarios y ultra capitalistas que lo defienden.

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