Por En Marcha

Ha pasado un año del levantamiento indígena y popular que derrotó la eliminación del subsidio de los combustibles e infringió un duro golpe a la carta de intenciones firmada por el gobierno de Moreno con el Fondo Monetario Internacional (FMI), este hecho de trascendencia para el movimiento social del país deja una serie de lecciones y experiencias que con el transcurso del tiempo se han ido valorando en su real dimensión, pese a la campaña que la burguesía y el imperialismo han levantado para reducirla a un intento de golpe de Estado.

La lucha desde su origen tuvo como objetivo echar abajo el paquete de medidas económicas resumidas en el decreto ejecutivo 883, las fuerzas sociales y populares tuvieron desde el inicio el objetivo de impedir la eliminación de los subsidios a los combustibles. Los resultados luego de 11 días de lucha fue la derogatoria del mismo, lo que significó un importante triunfo para los pueblos del Ecuador y un revés, momentáneo, para el gobierno, la derecha y el imperialismo en sus intenciones de aplicar la carta de intenciones firmada por el ministro de Finanzas y la Gerente del Banco Central meses atrás.

La movilización de octubre tuvo la dirección y participación de las principales organizaciones populares: FUT, Conaie y Frente Popular; quienes convocaron a varias acciones, como marchas, mítines, jornadas de protesta, huelga general y el levantamiento. Si bien es cierto, la conducción y convocatoria de las acciones partió del movimiento popular organizado, la incorporación de los luchadores fue más allá de la base social de estas organizaciones. Las barriadas populares de Quito se volcaron inicialmente a expresar la solidaridad con los grupos de indígenas que llegaban a la capital, pero luego de ver la brutal represión que fueron objeto y el ataque a las universidades que se declararon en territorio de paz, salieron a las calles a combatir. El cacerolazo como forma contestataria al toque de queda se transformó en la barricada. Los pobladores de los barrios ubicados en el extremo occidental de la ciudad de Quito se volcaron al centro de la capital, miles de personas caminaban por los túneles de San Roque y San Juan con el fin de llegar al Arbolito.

El levantamiento se convirtió en una escuela de formación, en pocos días los pueblos conocieron a sus enemigos y aliados, en el combate fueron aprendiendo el arte de la lucha callejera. Los pueblos del Ecuador con su creatividad pudieron fusionar en la lucha la experiencia urbana y rural de resistencia. Lo que causo preocupación en las fuerzas militares, que incluso llevó a que el ministro Jarrín acuse a la movilización de infiltración de grupos subversivos.

Las mujeres jugaron un rol importante en el levantamiento “insurgieron como una fuerza protagónica, estuvieron presentes en el debate, tomaron la palabra y decidieron, en igualdad de condiciones con los hombres, las orientaciones y los planes del combate; estuvieron en las barricadas que se erigieron en las carreteras, las calles y las plazas, en las movilizaciones, en la arenga y el enfrentamiento a la represión”. (Pablo Miranda)

Así como ellas, la juventud estuvo en primera línea del combate, los adolescentes y jóvenes que gran parte de su vida la desarrollaron durante el correísmo hoy se sumaron a la lucha callejera. La rebeldía reprimida durante el régimen de Correa hoy encontraba un canal para expresarse. La ofensiva ideológica que se desarrolló durante más de diez años para fortalecer la visión individualista y meritocrática sufría un revés. La solidaridad y la valentía se evidenciaban en los parapetos que se levantaron en los alrededores de la Casa de la Cultura. Unos combatían, otros retiraban a los heridos para atenderlos. Brigadas de jóvenes realizaban las tareas de sanidad y otros ayudaban en la elaboración de alimentos y en el cuidado de los niños y niñas mientras sus madres y padres combatían.

El correísmo trato de aprovechar la lucha de los trabajadores y pueblos, pretendieron erigirse en voceros de la protesta; de manera oportunista desde el inicio de la misma plantearon la salida del gobierno, elecciones anticipadas y muerte cruzada. Sus fuerzas se infiltraron en las movilizaciones e intentaron capitalizarlas para sus propósitos, para lo cual, intentaron crear confusión y desarrollaron acciones de provocación como el incendio a Teleamazonas y la Contraloría. Este accionar se topó con la política de independencia de clase declarada por el FUT, la Conaie y el Frente Popular, las fuerzas de Correa quedaron aisladas y su presencia fue rechazada.

No cabe duda que el levantamiento indígena y popular significó un fortalecimiento de las organizaciones polares así como la confluencia de las mismas en la construcción de un proyecto político que disputa a la derecha la conducción de las grandes masas. Hoy esa unidad demostrada en las calles y plazas del país, requiere la construcción de una agenda popular, plurinacional, patriótica, anti imperialista, anti neoliberal, anti extractivista y anti patriarcal.

Un primer reto en la construcción de esa agenda alternativa es el proceso electoral del 2021. La candidatura de Yaku Pérez debe convertirse en los hechos, en una opción de los sectores populares que en octubre derrotaron a Moreno y la receta fondomonetarista.

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