Por Francisco Garzón Valarezo

El lunes 03 de julio del año 2017 el Director Nacional del Movimiento Unidad Popular, Geovanny Atarihuana, pidió ante la Fiscalía General del Estado que se emita una orden de arraigo contra Rafael Correa por cuanto éste había anunciado su decisión de abandonar el país y había graves síntomas de responsabilidad en varios actos de corrupción. Enterado de esto, Alexis Mera comenta a Correa en su wasap, que lo pedido por Atarihuana es “cantinflesco”. Esa es la acción de un “idiota,” le contesta Correa.

Es el lenguaje vil que usan los tunantes para referirse a quienes pelean por la justicia o piensan diferente. Faltos de argumentos, buscan el agravio, que a la final, no les sirvió de nada. Hoy el ex-presidente Correa es un malhechor sentenciado, al igual que el ex vicepresidente Jorge Glas, al igual que la mitad de su gabinete que está huido o en prisión; es decir, toda una banda de hampones. Ecuador asiste a un hecho inédito de su historia parecido a un cuento de García Márquez.

Ni cantinflesco ni idiota fue el pedido de Unidad Popular. Al año exacto del pedido a la Fiscalía, el 3 de julio del 2018, se emite la primera orden de captura contra Correa. A los 3 meses de eso, Jorge Glas entra a prisión en la cárcel 4 de Quito.

Mucho, mucho tiene que ver en este proceso de juzgamiento y cárcel para esta banda de rateros el aporte, la lucha que ha entregado la izquierda y las organizaciones de trabajadores como el FUT, la CONAIE, la UNE, el FRENTE POPULAR y más protagonistas de la política en el país.

Poco, muy poco han aportado los partidos tradicionales de la derecha que han mantenido un disimulado silencio, pues fueron beneficiarios de las políticas de corrupción de Correa y su banda.

Las consignas de “Cárcel para Glas,” primero; y luego, “Preso Correa preso”, fueron calando en la gente. Las permanentes campañas de denuncia fueron ganando terreno. La estrategia de ir sumando propuestas como la realización de la consulta popular, la cual Unidad Popular promovió, fue crucial para comenzar a desarmar el entramado institucional que organizó el correísmo.

Esa consulta fue un enfrentamiento político entre burguesía y pueblo, que a la postre ganó el pueblo. El resultado desnudó a Correa y desinfló por segunda ocasión su angurrienta avidez de ser el ganador invicto de las elecciones populares. Recordemos que el 2014 perdió los comicios seccionales.

La sentencia dictada contra Correa y parte de su banda será con seguridad, la primera; pues tiene pendientes más investigaciones judiciales y las condenas le llegarán en cascada.

Hoy, la sentencia a 8 años de cárcel, a la confiscación de sus bienes, a pedir disculpas públicas, y al impedimento de ser candidato por 25 años, manda por el canal de la cloaca su delirio cojudo de heredar para la posteridad su “legado histórico”, divagación que lo ilustra como el reverendo y vulgar pendejo que siempre fue.

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