Por Francisco Escandón Guevara

El proselitismo de la segunda vuelta electoral en el Ecuador es patético. Las propuestas de los candidatos son invisibilizadas, mientras sobresalen las ofertas demagógicas difundidas en el espectáculo de las redes sociales. Es una campaña sucia vaciada de contenidos programáticos en la que se evade, con el engaño y la manipulación social, las preguntas que interrogan sobre soluciones a la crisis del país.  

En común, el llamado progresismo y los neoliberales, apelan a los sentimientos de los electores indecisos a partir del rechazo al otro. Por eso las gerencias electorales detrás de Arauz y Lasso enfatizan en los peligros de votar por su contrincante, antes que en las fortalezas de su propio candidato.

La estrategia del banquero apela al fantasma del comunismo, insiste en que el correísmo es parte de un eje del mal dirigido por el castro-chavismo, alerta que de ganar Arauz el país venezolizará la economía y presagia una nueva diáspora de ecuatorianos por el mundo mendigando plata en los semáforos. En tanto que las huestes del prófugo acusan a Lasso por beneficiarse del feriado bancario, de mantener cuentas en paraísos fiscales, de cogobernar junto al actual régimen y hasta se santiguan frente a la sombra de las privatizaciones.

Las élites fomentan esa forma de campaña porque remueve la psiquis social. La mayoría de votantes, en su infancia, fueron adiestrados por la mítica idea del castigo relacionada con la presencia del cuco. Ese es un artificio medieval que no educa, ni permite reflexión, quizá por ello el debate entre los seguidores de uno y otro fue reemplazado por un fanatismo violento.

Los lassistas olvidan que ya hubo un éxodo de compatriotas, por la congelación de depósitos, en la que se beneficiaron varios banqueros y los correístas sufren de alzheimer porque no recuerdan que el mismísimo Rafael privatizó el ingenio azucarero ECUDOS y las empresas cementeras del Estado. Empero, lo más risible es motearle a la revolución ciudadana como comunista; nada de ello tiene, basta mirar las ganancias millonarias que tuvieron los especuladores financieros durante la década saqueda, lo cierto es que durante el correísmo el modelo de acumulación capitalista, así como la corrupción, se fortaleció.

Si esos son los candidatos, sus campañas y sus mitos está plenamente justificado el voto nulo como tercera opción democrática.