Por Jaime Chuchuca Serrano

Las encuestadoras últimamente casi siempre se han equivocado en los resultados de las elecciones presidenciales, sobre todo por sus compromisos corporativos. Esta vez sostengo que Arauz y Pérez entran a segunda vuelta bajo los siguientes argumentos políticos y sociológicos de comportamiento de algunos grupos sociales.  Aunque me equivoque, este ejercicio sirve para una interpretación de los principales actores político-electorales ecuatorianos. Las últimas veces he acertado en la victoria de Arce (Bolivia) y Biden (EEUU), veamos si continúa la racha.

El actual número de 16 candidatos presidenciales asusta a cualquiera, es un monstruo convertido en papeleta, en medio de la crisis económica ecuatoriana agudizada por la contracción pandémica, la negligencia gubernamental de Moreno y la boyante corrupción. La flojedad política de Lenin Moreno hizo que su partido Alianza País tenga una candidata como Ximena Peña, aunque el mismo presidente esté apoyando a Guillermo Lasso y una pequeña parte del gobierno apoye a Juan Fernando Velasco. Por lo que, al final de cuentas, Lasso tiene un apoyo fraccionado desde el gobierno.

El correísmo salió con Andrés Arauz, en una alianza denominada Unión por la Esperanza, entre Polo Democrático que se autocalifica de centroderecha con Fuerza Compromiso Social. Aquí hay un apoyo de empresarios creados por el correísmo, poseedores de medios de comunicación, empresas contratistas, constructoras, de publicidad y las bases sociales desperdigadas de quince años de correísmo. La familia Arauz es una burguesía reciente que nace de la contratación pública, el tráfico de influencias y la corrupción del Estado en el correísmo.[1] Correa asoma en campaña como la figura paternal detrás de la candidatura de Arauz. Aunque Arauz quiere ser la copia de Correa, la población politizada lo mira como la copia de Moreno: sin carisma, sin discurso, sin argumentos. Al igual que otros candidatos, Arauz maneja un discurso demagógico, como aquella propuesta de “mil dólares a un millón de familias, desde el segundo día de presidente”. Aunque Moreno es producto del correísmo, Arauz y Correa tratan de decir que todos, excepto ellos, son cómplices del gobierno morenista. El correísmo partió posiblemente con una base flexible del 15 al 20%, que con la campaña le permitiría a Arauz estar en segunda vuelta. El correísmo cuenta con gran apoyo y dinero del denominado progresismo internacional.

Guillermo Lasso, en alianza con CREO y los socialcristianos, representa a la burguesía tradicional, industrial, terrateniente y banquera. Lasso nunca ha negado que su propuesta beneficia a los más ricos del Ecuador. Es curioso revisar el discurso de Lasso de 1999 y compararlo con el actual, son casi idénticos: reducción de impuestos para los empresarios y salida de capitales, subida de impuestos para el pueblo (IVA) y otros, disminución de subsidios, recortes en salud, educación, privatización de empresas públicas, mayor extractivismo, flexibilización laboral y tratados de libre comercio. La población joven y adulta que vivió la crisis de Mahuad y conoce la historia del feriado bancario, son de por sí varios actores opuestos a Lasso. Esa votación se divide entre Arauz y Pérez.

En las elecciones de 2017 el fenómeno electoral giró en torno al eje correísmo/anticorreísmo para determinar la votación electoral, tanto en la primera como en la segunda vuelta. En la primera vuelta surgió la unidad de las izquierdas y la socialdemocracia con una sola candidatura: Paco Moncayo, que tuvo un escaso porcentaje electoral: 6,7%. Para la segunda vuelta el anticorreísmo de izquierda se dividió entre la votación por Moreno, Lasso y el nulo. Sin embargo, el correísmo encabezado en ese entonces por Lenin Moreno y Rafael Correa llegó a un acuerdo con Lasso por el fraude electoral y le concedieron puestos en el Estado, la aprobación de algunas leyes y el perdón de los impuestos. Ahora contamos con tres nuevos ejes: izquierda/derecha, corrupción/no corrupción, candidato de los ricos/candidato de los sectores populares e indígenas.

Los primeros discursos políticos quisieron recuperar la polarización del 2017: correísmo/anticorreísmo. Lasso y Arauz estaban entusiastas en reconocer sólo sus dos candidaturas. El eje correísmo/anticorreísmo les beneficiaba electoralmente. Sin embargo, la candidatura de Yaku Pérez, a momentos imprevista, golpeó el tablero electoral. Una candidatura alternativa que enfrenta a las maquinarias electorales de Lasso y Arauz. El discurso de Pérez tiene la ventaja de llegar a la población mestiza e indígena. La propuesta histórica y reivindicativa de Pérez por la naturaleza y los derechos indígenas conecta mucho más que la primera campaña de Correa.

Para las elecciones 2021, el anticorreísmo de las izquierdas y la socialdemocracia, grupos en otra hora correístas, salen con varios representantes: Gustavo Larrea (Democracia Sí), Paúl Carrasco (Juntos Podemos), Xavier Hervas, (Izquierda Democrática), Yaku Pérez (Pachakutik-Unidad Popular); aunque César Montúfar es de derecha salió apoyado por el Partido Socialista Ecuatoriano (PSE). A pesar de esta larga lista, Yaku Pérez se ha convertido en el representante del movimiento indígena, la CONAIE y el Levantamiento de Octubre de 2019 y varias organizaciones sociales. Aunque a su campaña le falte reivindicar los sucesos de Octubre, es su más cercano representante. El papel del Estado y la elecciones es marginalizar las luchas sociales; los acontecimientos de octubre y sus exigencias históricas son opacadas. El Levantamiento de Octubre fue el único que logró concentrar todas las fuerzas anticorreístas populares, de izquierda y parte del correísmo desperdigado para replantear nuevas estrategias y tácticas políticas. Si bien varios dirigentes indígenas y sociales no apoyan a Pérez por diferentes intereses, Pérez matiza el escenario electoral de febrero de 2021 al cosechar el apoyo de octubre. Los conjuntos sociales y populares que se desplegaron en el levantamiento de octubre votarán sustancialmente por Pérez, y un sector minoritario, como sucedió en los días de movilización, por el correísmo. En Octubre Lasso se identificó con Moreno y ahora en la campaña se trata de distanciar.

La victoria de Lenin Moreno y Jorge Glas trató de restituir la fracturada hegemonía del correísmo con el Diálogo Nacional y este se convirtió en el pacto político empresarial y banquero del gobierno. Aquí confluyeron distintas organizaciones de derecha e izquierda que participaron en las reformas de Moreno, algunos se vendieron por migajas y hasta ahora lo siguen apoyando. La mayoría de cuadros estatales no electorales del correísmo se cambiaron por la camiseta morenista. El pacto político empresarial supuso integrar a los grupos capitalistas monopólicos nacionales y transnacionales tradicionales en la dirección del gobierno, para distinguirse de los acuerdos burgueses correístas. Todo esto hace que el imaginario ecuatoriano, sobre todo intelectual, conozca los vínculos entre las fuerzas de Correa-Moreno-Lasso-Arauz, determinando una baja en la votación de Lasso y Arauz, pero sobre todo en Lasso, quien ha co-gobernado directamente con Moreno en uno de los peores gobiernos de la historia. La intelectualidad y burocracia del Estado ha pasado a ser un pelotón de sustitución y remoción con pésimos salarios, que ha vivido entre el correísmo y morenismo, mientras la élite del Estado mantiene sus sueldos dorados y un tipo de aristocracia. Ante la flexibilización laboral y los despidos del morenismo, Lasso no incrementa votos en estos sectores y al contrario se gana un potente enemigo. Todas las encuestas, aunque en algunas esté adelante, muestran ha Lasso en caída libre y a Pérez tercer lugar en incremento paulatino pero permanente. En la mayoría de encuestas Arauz va primero y Lasso segundo.[2]

El discurso y los símbolos sobre el poder en los bloques de Lasso y Arauz no han variado. Como se decía, el discurso de Lasso es el del neoliberalismo de los noventa; si se analiza el discurso de Arauz es el mismo de 15 años del correísmo y altamente demagógico. Pérez también tiene un discurso de más de tres décadas y aristas ancestrales de luchas sociales, que sin embargo nunca han sido parte del Estado, como los dos anteriores, lo que le impone la novedad por la que se atrae el electorado indeciso. El modo de ver de la política configurada por el correísmo y el neoliberalismo dejó de ser referencia obligatoria y surgió una tercera propuesta a raíz del Levantamiento de Octubre. Hay un pathos subversivo en el discurso y el imaginario que va creando Pérez y el movimiento indígena, lo que le permite incrementar su votación frente a la de Lasso. En el nivel de la memepolítica, de la sátira y burla, Pérez también ha despuntado en el reconocimiento público sobre todo de la juventud. Anteriormente ningún candidato de izquierda había logrado llegar por los medios de las redes sociales a la juventud. La población formal le critica a Pérez este tipo de campaña, que sin embargo le ha consentido ser el primer candidato de izquierda, ecologista, indigenista reconocido en todos los estratos sociales, mejor que Arauz y Lasso. Los debates organizados por el CNE sin duda ubicaron a Pérez como un contendor más capaz y audaz que Arauz y Lasso.

 La modernización del Estado ecuatoriano en más de década y media ha reforzado los grilletes disciplinarios y de control político, los que se apretaron en la pandemia. Las políticas clientelares y las redes de favores gubernamentales se incrementaron en múltiples hilos parentales, de amistad y políticos para las decisiones económicas y estructurales de trabajo. Esto hace que el correísmo sobreviva con mayor fuerza y que la candidatura de Arauz esté más adelante en estos sectores que la de Pérez y Lasso. La pobreza de los ecuatorianos ya no puede ser ocultada con las frías bonificaciones, pero sobrevive el ánimo clientelar mayoritario a donde apunta el discurso de Arauz. De los 17 millones de ecuatorianos, hay 11 millones 900 mil que conforman la Población Económicamente Activa (PEA), de los cuales 8 millones 330 mil están en el desempleo y subempleo, solo 3 millones 570 mil personas tienen empleo estable. Estas estadísticas son maquilladas y la situación es mucho más lamentable. La política clientelar pega en todos los sectores, pero mucho más en los sectores desempleados y subempleados. En estas elecciones tiene un papel principal el oportunismo político que está relacionado fuertemente con el clientelismo político. Arauz y Lasso han fortalecido su discurso clientelar.

Las elecciones son una competencia política por lograr ubicaciones dentro del Estado para decidir sobre los recursos del poder: el capital para la obra pública, lo que hace ricos a los contratistas; los puestos de las instituciones, lo que genera la élite estatal; la ciencia, información, ideología y tecnología, lo que dirige a los grupos sociales según los intereses dominantes; la seguridad para los clases sociales, generalmente poderosas; la generación de intelectuales, la mayoría de veces de las clases altas; la producción de medios de comunicación y políticos hegemónicos. En esta disputa, Arauz y el correísmo tiene mucha más presencia que Pérez y Lasso, salvo en los medios de comunicación hegemónicos, donde Lasso es el primero en imagen y en encuestas. Aquí Pérez es el más débil, que no obstante ha rescatado una presencia emocional y sentimental en las capas populares por sobre la candidatura de Lasso.

Finalmente, del eje correísmo-anticorreísmo se ha pasado al eje derecha-izquierda, atravesado por los factores corrupción-no corrupción y el de candidato de los ricos/ candidato de los sectores populares. Pérez y Lasso están dentro del anticorreísmo; Arauz y Pérez son identificados como de izquierda por varios sectores; Arauz y Lasso están posicionados dentro del campo de la corrupción, Pérez se libra mayoritariamente de este no-valor; Pérez se posiciona como el candidato de los sectores populares, Arauz y Lasso como el candidato de los ricos y de las clases medias. Sin duda Pérez ha recompuesto el campo político polarizado imprimiéndole una alternativa. En el ejercicio de la campaña directa, Pérez está mucho más adelante que Arauz y Lasso. Sus habilidades de relacionarse en el campo y en la ciudad, en los sectores populares, con sus símbolos, en bicicleta, tractor, en travesías increíbles, lo han despuntado frente a los problemas de movilización de Lasso por su enfermedad de médula y el poco carisma de Arauz. La votación siempre se decide en el CNE, incluso con fraude electoral. Mi hipótesis de que Pérez pasa segunda vuelta también se sostiene con la custodia del voto en las urnas. De llegar Arauz y Pérez a segunda vuelta (incluso Pérez y Lasso), obviamente bajo estos argumentos Pérez tiene mayores probabilidades de ganar. Toda hipótesis tiene su carga especulativa y subjetiva, a pesar de tener base empírica como las encuestas. Si me equivoco en esta hipótesis, las candidaturas de Arauz y Lasso siguen teniendo las características descritas. Los indecisos decidirán los resultados en estas dos semanas que faltan de campaña.

Referencias

Informe Confidencial. (30 de Nomviembre de 2020). Informe Confidencial: Arauz 22%, Lasso 17%, Pérez 13%. Obtenido de notimundo.com.ec: https://notimundo.com.ec/informe-confidencial-arauz-22-lasso-17-perez-13/

Market. (21 de Enero de 2021). ¿Quiénes son los tres principales candidatos para ganar la presidencia de Ecuador? Obtenido de Anadolu Agency: https://www.aa.com.tr/es/mundo/-qui%C3%A9nes-son-los-tres-principales-candidatos-para-ganar-la-presidencia-de-ecuador/2112521

Perfiles de Opinión. (Diciembre de 2020). Escenarios Electorales, Diciembre de 2020. Obtenido de perfilesdeopinión.com: https://www.perfilesdeopinion.com/images/pdf/elecciones2021.pdf

Pulso Ciudadano. (22 de Enero de 2021). Pulso Ciudadano: Andrés Arauz encabeza la intención de voto para las Elecciones Presidenciales. Obtenido de pichinchacomunicaciones.com: http://www.pichinchacomunicaciones.com.ec/pulso-ciudadano-andres-arauz-encabeza-la-intencion-de-voto-para-las-elecciones-presidenciales/


[1] Véase mi artículo La Burguesía Arauz: http://jaimechuchuca.blogspot.com/2021/01/la-burguesia-arauz.html

[2] Algunos ejemplos: la encuestadora Informe Confidencial (Noviembre de 2020) de propiedad de Santiago Nieto, cercano al correísmo, Arauz tiene 22%, Lasso 17%, Pérez 13% (Informe Confidencial, 2020). Market (Enero de 2021), propiedad de Blasco Peñaherrera, pro Lasso, dice que Andrés Arauz tiene un 37% de intención de voto, Guillermo Lasso 30% y Yaku Pérez 13% (Market, 2021). Perfiles de Opinión (Diciembre de 2020) empresa correísta, sostiene que Andrés Aráuz tien 25,75%, Guillermo Lasso 15,22% y Yaku Pérez 11,84% (Perfiles de Opinión, 2020). La encuestadora correísta, Pulso Ciudadano, Andrés Arauz, con 26%, Guillermo Lasso con 20% y Yaku Pérez con 11,63% (Pulso Ciudadano, 2021). A mediados de 2020 Lasso tenía porcentajes cerca del 30% ahora ha disminuido a menos del 15% y eso en encuestas como estas, tendenciosas por los intereses del correísmo y la derecha.