Por Jorge Villarroel I.

Ibarra

Parece ser que los tiempos del lejano oeste, exhibido en las películas de Hollywood se está viviendo en el Ecuador. Aunque, guardando las distancias, por acá no se dan las masacres de la conquista de los blancos americanos, en nuestro país estamos asistiendo a los linchamiento mediáticos de los “blancos” contra los habitantes de los pueblos originarios. En efecto, no pasa un solo dìa una sola hora, en las que no se pueda leer y escuchar noticias, editoriales, entrevistas, reportajes… donde los “blancos”, expresan su reclamo y hasta indignación contra aquellos pueblos sublevados que han osado enfrentar a los opresores.

La verdad es que en las declaraciones, comentarios y diatribas del periodismo, oficial y el cooptado por el poder, es posible apercibir un fuerte tufo racista. Qué otra cosa se puede inferir, si los blancos citadinos sentencian que los páramos son los únicos ambientes donde deben permanecer los habitantes indígenas.

 El ajusticiamiento mediático va desde el reclamo airado contra los inconformes hasta los agravios más grotescos que se puedan concebir: ¿cómo los indios pueden venir subvertir el orden y la paz que viven los ciudadanos?, ¿cómo se atreven a a destruir a nuestras hermosas ciudades?, ¿qué derecho tienen para impedir el trabajo y el comercio de las empresas  y negocios de los “blancos”?, ¿cómo es posible que apenas el 10 % de la población ecuatoriana pretendan imponer sus demandas a la restante población?, ¿cómo se aventuran a cometer actos vandálicos en nuestras ciudades y Provincias?, ¿quiénes pagan los destrozos causados por las manifestaciones?

En fin, el ataque mediático a una justa protesta contra medidas fondomonetaristas que agudizan la pobreza de la mayoría de ecuatorianos, se ha trastrocado en una arremetida furibunda contra aquellos que han tenido la valentía de decir ¡basta! Aunque algunos mestizos han cometido varios actos violentos, apenas se los menciona, la idea es atacar, deslegitimar, desfigurar, desvaloriza, la rebelión indígena.

En los medios no se ha escuchado afirmar que este levantamiento haya tenido el mérito de defender al 80 % de la población que se debate en la pobreza, el desempleo, la marginalidad, imposibilitada de llevar una vida digna. Nada de esta valía es presentada, solo  exponen sus razones para tratar de demostrar como infundado el alzamiento indígena.

Entonces, según la lógica mediática, los malos, los perversos, los primitivos, son los grupos indígenas que han vivido condiciones infrahumanas desde la conquista de los blancos. Mientras los “chullitas”, los valientes, los civilizados, son los que defienden el oropel que le brinda el sistema.

Sin embargo, poco o nada dicen de la agresividad militar y policial que han causado cientos de heridos y hasta muertes. Ellos son presentados como héroes que han defendido el orden constituido y la paz ciudadana. Triste paradoja, los formados para la violencia, asumen el papel de guardianes de la paz.  Galeano decía que los militares sin guerras, no tienen trabajo, aunque sigan cobrando sueldo. La otra paradoja  es la deficiencia de “inteligencia militar”, que debía anticipar los “planes” de los insurrectos, sabiendo que esta aptitud cogntiva no es propia de quienes utilizan la fuerza bruta.  En tal caso, esta capacidad se inscribe en lo que el filósofo español José Marina llama “inteligencia fracasada”. Ciertamente difundir sofismas en cadenas mediáticas,  regar “fake news” en la redes, diseñar  autoatentados, encajar infiltrados, inventar conspiradores… son tácticas aprendidas del imperio, por parte de las milicias del Sur. La otra insólita contradicción que ha tenido lugar en este acontecimiento es la actuación de la otrora defensora de los derechos humanos, hace pocos años, ahora dirigiendo los aparatos de represión, sin inmutarse. 

Es por demás evidente los principales La otra contradicción insólita que se ha producido fines de la manipulación de los medios: sostener un gobierno que ha sucumbido ante el poder de los empresarios, banqueros y la banca internacional;  presentar al reclamo popular como acciones subversivas y sustentar el modelo económico neoliberal. Para ello, suelen invitar a los clásicos expertos economistas de la tendencia neoliberal, para exponer las supuestas ventajas del modelo para la prosperidad de nuestros pueblos.

He ahí, de cuerpo entero a los dueños de los medios y a nuestros periodistas criollos que responden interesadamente al pedido del poder gubernamental y a las imposiciones foráneas, para desmovilizar cualquier intento futuro de rebeldía.

Tampoco se puede olvidar  a los furiosos  cientistas neoliberales, quienes se han sumado a las los motivos de los medios, al solicitar el enjuiciamiento de los los líderes indígenas; es la venganza de los blancos.  Son aquellos potentados que viven de la explotación laboral, del comercio injusto, de las prestamos usureros… Lo curioso es que ninguno de los causantes de la crisis económica, que soporta la población ecuatoriana, ha sido llevado a la justicia, más bien son presentados como salvadores de la patria, los que crean empleo, los que aportan al fisco, los únicos que pueden llevar al progreso social.

En fin, los blancos y las blancas se pueden vanaglorias por la defensa de su “raza”, inscrita en la civilización judeo-cristiana-neoliberal,   contra la barbarie de los indios y las indias.