Edgar Isch L.

La historia de la Segunda Guerra Mundial ha sido más difundida en la versión teatral de Hollywood que en la que surge de las documentaciones y de los hechos verificables. Ello, por supuesto, tiene una intencionalidad ideológica que se enmarca en las líneas geopolíticas de las distintas potencias imperialistas y, especialmente, de Estados Unidos. Ahora que se celebra el 75 aniversario del desembarco de tropas aliadas en Normandía, en el famosa día D, bien vale recuperar algunas verdades que han quedado ocultas para la mayoría de personas. La lucha por la verdad, sin embargo, debe ser llevada a cabo aunque moleste a los creadores de las falsedades históricas y el pensamiento hegemónico.

El pacto Alemania con Gran Bretaña y Francia

En 1938, tanto Francia como el Reino Unido, renunciaron al tratado para proteger a Checoeslovaquia frente al régimen nazi, no solo por las simpatías que el gobierno de Hitler despertaba en la burguesía europea (y norteamericana) sino porque pensaron, como lo demuestran múltiples documentos, que si se lanzaba a una guerra, ésta sería contra la Unión Soviética. Si respetaban el tratado, debían actuar junto a la Unión Soviética que tenía un tratado similar, pero prefirieron ir de la mano del gobierno alemán.

Así, el 15 septiembre de ese año Neville Chamberlain, el Primer Ministro inglés, visita a Hitler en territorio alemán y negocian la entrega del área de los Sudetes que pertenecía a Checoslovaquia porque tenía una importante población de origen alemán. Finalmente, el 30 de ese mes, Alemania, Francia, Italia y Reino Unido firman un acuerdo conocido como el Pacto de Munich que impone a Checoslovaquia (que no participó en las negociaciones), la entrega de gran parte de su territorio. Impidieron así la defensa de un país que tenía una potencia militar cercana a la de Alemania de ese momento y que hubiese contando con el apoyo soviético si lo solicitaba.

La acción de Francia y Reino Unido impidieron frenar a Hitler a tiempo y alejar la posibilidad de una guerra mundial.

La guerra mundial pudo evitarse

Para el 18 de octubre de 2018, el diario británico The Telegraph difunde el contenido básico de 700 páginas de documentos que habían permanecido secretos por más de 70 años. En ellos se demuestra que Stalin buscó una alianza con Francia e Inglaterra para detener al tiempo a Hitler. La propuesta fue presentada oficialmente el 15 de agosto de 1939 y la Unión Soviética se comprometía a aportar con un millón de soldados y equipos de combate con este fin. Polonia, por su parte, debía autorizar el tránsito del Ejército Rojo para atacar a Alemania.

Ninguno de los tres países dio una respuesta positiva. Francia y Alemania simplemente mantuvieron silencio y la guerra iniciaría pocos meses después. Sumados, habrían podido movilizar unas 300 o más divisiones en dos frentes, el doble de las que tenía Hitler en ese tiempo, según resalta el general Sotskov, de la inteligencia soviética. Por el contrario, ya antes Gran Bretaña y Francia presionaron a Checoslovaquia para que entregue la región étnica alemana de los Sudetes en 1938. El país entero sería invadido en poco tiempo sin reacción de las potencias. Adicionalmente, entre mayo y finales de agosto negociaron un pacto de no agresión los gobiernos de Inglaterra y Alemania.

Los hechos demuestran la determinación soviética de detener al fascismo, de combatir contra Hitler y de evitar una guerra de peores magnitudes. El número de muertes y la destrucción en ese momento habrían sido muy bajos debido a que el ejército alemán no alcanzaba el número de tropas, el equipo técnico, la capacidad táctica o el apoyo nacional que tendría más adelante.

Dadas las circunstancias y quedándose aislada, la Unión Soviética que había salido de la Primera Guerra Mundial y una larga guerra civil en la que 14 potencias se aliaron para destruir el Estado socialista, debía ahora prepararse para una nueva y brutal guerra. Estuvo obligada, por tanto, a firmar un tratado de no agresión con Alemania, que le otorgó un tiempo de menos de dos años para prepararse y construir un ejército rojo capaz de enfrentar este tipo de conflicto bélico. No existió acuerdo de otro tipo como lo presentan los enemigos del socialismo, sino este tratado de no agresión que extendía en algo el tiempo de preparación para la guerra.

Churchill contra el gobierno obrero y campesino de la URSS

Apenas terminada la Primera Guerra Mundial, el parlamentario Churchill envió una carta al primer ministro inglés, Lloyd George, en la que decía: “Después del armisticio, mi política se ha orientado hacia la paz con los alemanes y la lucha contra el despotismo bolchevique (…) En estos momentos podemos valorar los tremendos resultados que pueden conducirnos a la destrucción general, a la anarquía que señalaría el fin de Europa y de Asia. Rusia se está desintegrando y lo poco que de ella queda está en manos de monstruos implacables. Alemania, sin embargo, aún puede ser salvada”. Impulsaría entonces el apoyo a las fuerzas contra-revolucionarias en la guerra civil contra los bolcheviques.

Esta línea de conducta la mantendría. También con documentos desclasificados, el historiador Carlos De Nápoli en su libro titulado El Pacto Churchill-Hitler (2007) presenta pruebas de cómo el premier británico y Hitler llegaron a mediados de 1941 a un acuerdo de paz secreto a espaldas de la Unión Soviética. Los hechos resultantes de ese pacto serían: la retirada británica del sitio de Dunkerque (Francia) sin sufrir pérdidas como parte de la tregua entre nazis y británicos; el hundimiento del acorazado Bismarck; y el vuelo del dirigente nazi y hombre de confianza de Hitler, Rudolf Hess, quien aterriza en Escocia buscando una alianza contra los soviéticos. En su lugar sólo habría conseguido una tregua de dos meses. En ese lapso se redujeron los ataques aéreos sobre Londres y contra las naves del Reino Unido. Por su parte, los británicos prometían no intentar invadir la desprotegida Francia mientras Hitler invadía Rusia.

En estas circunstancias, se dio más tiempo y posibilidades de fortalecimiento del régimen y del ejército de Hitler. La destrucción y las muertes se multiplicarían.

La tardanza en abrir el segundo frente

Desde los primeros meses que inició la invasión alemana a territorio soviético, Stalin planteó la necesidad de que se habrá el frente occidental para obligar a Hitler a dividir sus fuerzas, lo que le debilitaría. Sin embargo, esperando una derrota del gobierno bolchevique, desde las potencias occidentales se hizo lo posible por esperar a ello sucediese.

Sin embargo, varios memorandos de Eisenhower y Roosevelt demuestran que altos militares norteamericanos consideraban que era el momento de abrir el frente en occidente y que, con ello, los aliados podían derrotar a Alemania y concluir la guerra a más tardar en 1943. Pero esos cálculos no le convenían a Gran Bretaña ni a los conservadores de la cúpula estadounidense.

“La apertura del segundo frente se pospuso un largo período de tiempo (inicialmente estaba previsto para 1942) y fue una particular fuente de tensión entre los aliados. Stalin en 1942 presionó a los aliados occidentales para que iniciaran el ‘segundo frente’. Churchill defendía su retraso hasta poder garantizar la victoria, prefería atacar primero Italia y el norte de África”. (The Battle of Normandy, the Free Dictionary).

Habría podido contarse con el segundo frente mucho antes de 6 de junio de 1944, día del desembarco en Normandía, pero los gobiernos capitalistas esperaron que caiga la URSS.  Peor aún, Valetín Falin (www.voltairenet.org), historiador que ha estudiado los archivos inéditos de la Segunda Guerra Mundial, señala que: “Después de la batalla de Kursk de 1943, que culminó con la derrota de la Wehrmacht, en Québec (Canadá) se reunieron el 20 de agosto los jefes de los Estados Mayores de EE.UU y Gran Bretaña, así como Churchill y Roosevelt. En el orden del día estaba el tema de un eventual abandono por Estados Unidos y Gran Bretaña de la coalición anti-hitleriana y la formación de una alianza con los generales nazis con el fin de librar guerra conjunta contra la Unión Soviética.”

En las memorias de Henry L. Stimson, entonces Ministro de Guerra de los Estados Unidos: “No abrir a tiempo el frente occidental en Francia significaba trasladar todo el peso de la guerra a Rusia”. Y esa realidad fue expresada también en un documento del Estado Mayor Conjunto de EEUU, fechado en agosto de 1942 que decía: “En la II Guerra Mundial la URSS ocupa una posición dominante y es el factor decisivo si se busca la derrota del Eje en Europa. Mientras que en Sicilia las fuerzas de Gran Bretaña y EEUU se están enfrentando a dos divisiones alemanas, el frente ruso está recibiendo la atención de aproximadamente 200 divisiones alemanas. Cada vez que los aliados abren un segundo frente en el continente, éste será un frente secundario por que Rusia continuará centrando todas las fuerzas. Sin Rusia en la guerra, el Eje no puede ser derrotado en Europa y la posición de las Naciones Unidas se ha vuelto precaria”. (Citado en V. Sipols. The Road to Great Victory, p. 133).

La importancia del Día “D” no debe ocultar que fue la Unión Soviética el actor fundamental de la derrota del nazi-fascimo. El desembarco en Normandía se realiza luego de la victoria soviética en Stalingrado y otras batallas que dejaron a Alemania en una situación defensiva y desesperada ante los avances del ejército rojo. Aún en las semanas cercanas al día “D”, el Mariscal Shukov señala que Alemania en el frente este tenía 3’100.000 hombre y 4.000 tanques, mientras en el frente occidental tenían menos de 740.000 soldados y 1.600 tanques, lo que demuestra que hasta el final el mayor peso sigió en los frentes de batalla del ejército rojo.

Churchill quiso una tercera guerra

Apenas terminó la Segunda Guerra Mundial, el imperialismo británico quiso apuntar todas las armas contra la Unión Soviética, el país que dio el mayor aporte para derrotar al nazi fascismo y que fue aliado leal con los países occidentales.

El historiador Jonathan Walker explica en «Operación «Impensable». 1945» (Crítica, 2015) que mientras Churchill celebraba públicamente la caída de Berlín, vivía «una agonía privada» por el continuo avance hacia Europa occidental del Ejército Rojo. El 12 de mayo de 1945, escribió en un telegrama al presidente Truman de Estados Unidos señalando la “amenaza comunista” y apenas dos semanas de firmada la rendición de Alemania puso en marcha el Plan Impensable que suponía una alianza principalmente entre Gran Bretaña, Estados Unidos y lo que quedaba del ejército alemán.

El plan solo fue abandonado por la falta de recursos suficientes, la fortaleza y calidad del mando soviético que hacía de esa una empresa fallida. Para el imperialismo americano, además no era conveniente cuando estaban en condiciones de comandar la economía del mundo luego de la guerra que dejó destrozada a Europa.

Pero poco más tarde, el imperialismo analizó la posibilidad de arrojar una bomba atómica en Moscú, para “decapitar” al gobierno de Moscú y aniquilar el comunismo de Stalin. Esto se encuentra en un memorando del FBI, ahora desclasificado y publicado en el libro When Lions Roar (Cuando el León Ruge) del periodista Thomas Maier. El plan fue iniciativa de Churchill y presentado al presidente de Estados Unidos, país que poseía las bombas.

Aprender de la historia

Los hechos, la realidad de la Segunda Guerra Mundial, deben ser analizados para que hoy se comprenda la esencia criminal del fascismo y los lazos que establece también con los gobiernos burgueses que se presentan como democráticos. Frenar al fascismo implica luchar contra él en todos los terrenos, procurar la paz y enfrentar a sus enemigos. Pero significa también luchar contra la raíz del fascismo que es el capitalismo.

Para el imperialismo la guerra es una manera de resolver sus conflictos por la dominación del mundo, al mismo tiempo que es un mecanismo de sometimiento a los pueblos, dentro de sus fronteras y en los países dependientes. La Segunda Guerra demostró las complicidades de los imperialistas, por encima de sus diferencias, para destruir el gobierno socialista de la URSS y para impedir avances hacia el socialismo en otros países europeos. Sin embargo, el mundo debe principalmente a la URSS la derrota de Hitler y demás fascistas.