Gonzalo Mendoza (Avispa), artista y revolucionario ejemplar

Por Gonzalo Sono*

Con relación a mi viejo amigo, a mi hermano, al compañero de lucha silencioso, observador, sacrificado y valeroso en todo momento, con quien hemos ocupado siempre la primera fila en el combate callejero, aquí en este Quito de antigüedades, leyendas y pendejadas, de heroísmos y fracasos, de colores vivos y oscuridades profundas que se generan en los círculos palaciegos, con relación –digo- a mi tocayo Gonzalo Mendoza (Avispa), hice notar que su lápiz puntiagudo, vigoroso, mágico e irreverente, tiene un gran parecido a la lanza que Don Quijote de La Mancha, ese soñador que a los 500 años de su existencia aún mantiene su palabra fresca, lo mantuvo en ristre para atacar a los perversos, a los hechiceros y a los malhechores, a los que se hacen pasar como dueños del país y de los sueños ajenos, de los ríos y de las flores, a esos malditos que pasean por el mundo haciendo gala de sus hazañas con los fondos del Estado, de sus vivezas que les ha permitido enriquecerse ilícitamente en nombre de dios y de la Santa Marianita de Jesús; a esos, mi tocayo Gonzalo Mendoza, a lo largo de su producción de caricaturas e ilustraciones, no les ha dejado hueso sano, los ha denunciado y desenmascarado, los ha presentado tal como son: alimañas explotadoras con rostro humano.

Los magnates “nacionales”, esos señoritos de Mercedes Benz, anillos de oro, corbata de laso y chequera made in USA, que se consideran amos y señores de este país, todo el tiempo han sido triturados por Mendoza, siempre audaz y altivo, sustentado en su profundo sentido de la justicia social y en su categórica solidaridad con los pobres, con la clase obrera, con los indios y los negros, con los niños y los viejos, con los jóvenes y las mujeres de este país sometido y pobre.

Le conocí a Gonzalo cuando trabajaba para el periódico El Sol, junto a Galo Galesio, otro artista irreverente del siglo XX. Me impresionó su sencillez y su talento para captar con precisión el fondo de los acontecimientos políticos y de los momentos cruciales de la patria, de sus desventuras, sus dramas y sus comedias, así como sus sentimientos de rebeldía y de solidaridad con las causas del pueblo ecuatoriano, arrinconado por la miseria, el hambre y el desempleo. Y no solamente que me impresionó sino que ocasionó mi total admiración y respeto; de ahí que sostengo que su tránsito por la vida está marcada de hechos y de actitudes que van más allá de la caricatura, del dibujo trascendental, hasta el punto de que Gonzalo, “Avispa”, es un ejemplo de bondad y generosidad. Además es todo un creador, un gran artista y un ser humano entrañable que siempre está presente en los arco iris del diario vivir, iluminando todos los túneles que todavía nos toca recorrer hasta hacer realidad todo ese cúmulo de sueños e ilusiones que se agitan en la masa cerebral de este sociólogo, caricaturista, pintor, bohemio y revolucionario a tiempo completo, militante de izquierda que hoy ocupa un lugar especial en el fondo de mi corazón, allí donde se une la sangre con el fuego hasta convertirse en solidaridad humana como la que tengo para mi querido tocayo, hoy, como yo, cargado de años pero reconfortado con la seguridad del advenimiento de un nuevo mundo, luminoso y apacible.

Este sobresaliente artista y combatiente revolucionario de primera fila, conocido universalmente como AVISPA, también es pintor que orienta con su mensaje y su pincel, que no hace concesiones ni juega con los temas ni con los personajes. En su pintura es directo y categórico. No esconde ni la brutalidad ni los crímenes de los dictadores como Pinochet o de cualquier otro verdugo que se tomó el poder para engañar, robar y asesinar, pero sí resalta, con increíble realismo, las virtudes de los hombres, de los líderes políticos auténticos y las glorias alcanzadas por los pueblos del mundo en sus luchas libertarias, mientras otros pintores -no muchos- se arrastran y se esconden tras la piel repugnante de los poderosos, tergiversando la realidad, tratando de hacer del color rojo encendido un color negro y tenebroso, o tratando de utilizar un lenguaje pictórico para cubrir con velos artificiosos la opresión y los anhelos libertarios de los pueblos, de todos aquellos hombres y mujeres que a diario entregan su vida, son encarcelados y masacrados por los regímenes impuestos y alimentados por el imperialismo moribundo y pestilente que hoy se desplaza sobre arena movediza, temblorosa.

Referirse a Gonzalo Mendoza –caricaturista oficial de OPCIÓN- mi amigo del alma, significa destacar las cualidades humanas de un militante revolucionario que ha utilizado y seguirá utilizando el lápiz punzante y el mágico pincel como las armas que destruyen, fulminantemente a los canallas, a los dictadores, a los tiranos y a los gamonales, o como las herramientas que los ecuatorianos consideran como fuentes de luz, de calor y pasión, que revelan sus sentimientos y su pensamiento, como la energía acumulada a través de su paso por el tiempo en calidad de símbolo y solvencia revolucionaria, de su contacto con la vida, de andar por los caminos que los hizo conocer Milton Reyes, ese gran amigo y compañero, ese joven mártir asesinado cobardemente por el régimen velasquista, con quien Gonzalo caminaba marcando el paso al mismo ritmo, cargados de idealismo y dispuestos en todo momento a decir ¡presente!, tan pronto como mencionaban sus nombres y sus apellidos al pasar lista de los combatientes heroicos que retornaban de los amaneceres luego de pintar con sangre, sudor y lágrimas, las murallas más vistosas, los signos y los emblemas de la lucha popular con la que se han identificado toda su vida, apasionadamente.

*Gonzalo Sono, escritor, militante de izquierda, articulista de Opción, en homenaje a su compañero.

Apareció en el número 110 del 18 de julio del 2006 del Periódico Opción

y en la Red Voltaire el 18 DE JULIO DE 2006.