Por Jaime Chuchuca Serrano

Aparte de la pandependencia, la guerra por las vacunas, la crisis económica, el terror del narcotráfico en las cárceles, Ecuador no acaba de salir de su novela electoral. Después de lo ocurrido en las elecciones del 7F, los ciudadanos en su mayoría desconfían del sistema electoral. Más de una vez los vocales del CNE han dicho que el 1% de inconsistencias numéricas es tolerable en cualquier sistema electoral.[1] De tal forma que habría un empate técnico entre Lasso y Pérez quienes tienen una diferencia de 0,37%, sin embargo, el CNE ya proclamo finalistas a Arauz y Lasso. El Código de la Democracia está hecho para garantizar las “inconsistencias” en estos casos y limitar completamente reconteos. El CNE y Lasso incumplieron acuerdos públicos y trabaron la vigilancia de la Contraloría y la Fiscalía. El proceso electoral continúa a un mes de incertidumbres tragicómicas, mientras la imagen de Lasso y Pérez decaen en medio de la disputa. Lo más probabel es que el Tribunal Contencioso Electoral (TCE) niegue nuevamente las demandas de Yaku Pérez.

El movimiento indígena y las organizaciones sociales que integran la CONAIE, así como su brazo electoral, Pachakutik, participaron de modo dividido en las elecciones. Jaime Vargas, presidente de la CONAIE y Leonidas Iza, presidente del Movimiento Indígena y Campesino de Cotopaxi (MICC), se convirtieron en contradictores permanentes de Pérez. Iza ha dicho en varias oportunidades que él hubiera sido mejor candidato, mientras que Vargas respaldó la candidatura de Arauz. A pesar de estas y otras divisiones internas, no se puede negar la votación histórica de Yaku Pérez (19,39%), la mayor de un candidato de izquierda e indígena en primera vuelta, por fuera del poder estatal con el que llegó el correísmo.

En la segunda vuelta disputarán Andrés Arauz y Guillermo Lasso en un proceso altamente deslegitimado por el CNE. Araúz y el correísmo tienen mayores oportunidades de crecer y llegar a la presidencia de la República. El 69% de la población votó por candidatos de centroizquierda y este electorado será campo de disputa para el correísmo que obtuvo 32,72%; a pesar de la estela de corrupción. Un porcentaje que votó por Pérez irá decididamente por el voto nulo. Lasso, que obtuvo 19,74%, entra golpeado, sin lugar a dudas, después de las denuncias de fraude electoral y todas sus cargas negativas: ser parte del gobierno de Mahuad, el feriado bancario, la acumulación de capital bancaria y su programa neoliberal. El escenario electoral se divide nuevamente entre el correísmo y anticorreísmo, pero marcado por la construcción de una tercera vía indígena-popular que será un actor protagónico en la trama política que se viene, donde también se puede incluir al electorado de Hervas (15,68 %).

El enfrentamiento entre Arauz y Lasso es el de dos burguesías por el poder del Estado. El correísmo implica una mixtura de centro derecha, neoliberalismo, extractivismo, burocratismo represivo y algunos programas sociales; el lassismo pretende un neoliberalismo puro y duro, extractivismo y beneficio de los capitalistas tradicionales. Entre Arauz y Lasso hay más relaciones de unión que de separación. En la Asamblea Nacional, UNES (46) con su pacto no firmado con los socialcristianos (17) y un persuadible CREO (12) podría tener mayoría frente a PK (26) y la ID (17), que han ganado un gran espacio electoral. Los asambleístas de las minorías podrían rearmar la votación. La Asamblea Nacional se disputará entre las propuestas políticas, la presión social y los “hombres del maletín”. La reconstrucción del correísmo implicará restituir varias de sus direcciones en el Consejo de la Judicatura, Contraloría, Consejo de Participación Ciudadana, CNE, TCE, Corte Constitucional, Banco Central y varias decenas de instituciones estatales donde tienen fuerza pero no la dirección. Arauz-Rabascall empezarán cumpliendo una que otra propuesta populista, pero sobre todo los compromisos con el FMI y las transnacionales. Los grupos burgueses del correísmo se beneficiarán y recuperarán el terreno perdido en el sistema financiero, el sector comunicativo, la obra pública, los carteles de la corrupción y otros. Si llegaría Lasso, esta recomposición iría a la derecha tradicional y la oligarquía. Cualquiera de los dos casos, superarían al peor gobierno de la historia.


[1] “Es un error generalizar la idea de fraude. En todos los sistemas electorales del mundo existe una pequeña franja de error que la ley reconoce: el 1% de desacomodo en el ajuste numérico es posible. Porcentajes superiores suponen inconsistencias numéricas. #Elecciones2021Ec” (Verdesoto, 2021).