Por: Movimiento de mujeres de sectores populares Luna Creciente

Hoy, 15 de octubre, celebramos el día internacional de la mujer rural en ambiente de digna rabia y optimismo. Todo aquello que nos devolvieron las miles de imágenes de mujeres indígenas campesinas que inundaron las ciudades del Ecuador, sobre todo Quito, exigiendo la derogatoria del decreto 883, que significaba el empobrecimiento para la mayoría de ecuatorianos.

Según datos de la ONU, a nivel mundial las mujeres rurales representan más de un tercio de la población mundial y el 43% de la mano de obra agrícola. Preservan las semillas nativas y sostenemos la soberanía alimentaria de naciones enteras. Una de cada tres mujeres empleadas trabaja en la agricultura, el 80% de los hogares sin agua corriente depende de mujeres y niñas para conseguir agua. Si a esta realidad internacional agregamos que en el Ecuador las desigualdades en el acceso a tierras y demás recursos productivos afectan principalmente a las mujeres, que la dinámica del intercambio desigual entre la pequeña producción y el mercado también afecta principalmente a las mujeres. Todo este panorama nos puede ayudar a entender la reacción del movimiento indígena, particularmente de las mujeres ante la aplicación violenta del neoliberalismo por parte del gobierno ecuatoriano.    

En el levantamiento indígena y popular de este octubre, el rostro de miles de mujeres indígenas, campesinas, con sus hijos en brazos, protegiéndose la cara con sus fachalinas o mascarillas, gritando furiosamente ante los militares y policías describía la dureza de las circunstancias a las que se estaban enfrentando.  Pero la otra imagen que también dejó en la retina del mundo entero fue la brutal represión aplicada por el gobierno contra los manifestantes; frente a la violencia del Estado la resistencia interpuso organización, escudos de cartón o madera, cacerolazos, lanzas de chonta, como era de esperarse, anta tan desproporcionada diferencia solo los indígenas pusieron los muertos, heridos y prisioneros. Las mujeres del pueblo se vieron obligadas a defenderse mediante el levantamiento de barricadas, de acopio coraje y solidaridades, que fueron las armas usadas en para derrotar a la violencia estatal y su estado de excepción y toque de queda. 

La brutal fuerza que se aplicó contra la protesta social y que también la padecieron mujeres y niños pone en evidencia que el Estado no aprendió nada en los 40 años de intentos por aplicar las políticas neoliberales y de las  luchas de los pueblos que sufren las consecuencias de este modelo capitalista. El gobierno actual subordina los derechos económicos, sociales y políticos al mantenimiento de la alianza público-empresarial-FMI, interesándole poco o nada el destino de las mayorías de los ecuatorianos.

Precisamente las mujeres rurales, indígenas campesinas, que  reciben el impacto directo de la precarización del mundo agrario ocasionado por la aplicación del modelo de acumulación y destrucción neoliberal, renunciaron a morir en los páramos, como la derecha socialcristiana patriarcal desea y ordenaba a gritos desde el municipio de Guayaquil, y decidieron salir a las calles, a los parque y tomarse Quito para levantar la conciencia del mundo urbano y derrotar al FMI.

Nos queda en la memoria histórica las miles de acciones de encuentro que se tejieron entre las mujeres del campo y la ciudad, esas acciones sostuvieron este gran levantamiento indígena y popular que duro 12 días, y que hoy nos permite celebrar este día 15 de octubre con coraje y esperanza, y nos convoca a la solidaridad y a compartir luchas y victorias.