Problemas estructurales de América Latina

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Por Ec. René Báez*

¿Que será de América Latina en el siglo XXI?

Dilecto amigo Prof. José Consuegra:

Su inquietante interrogación me da la oportunidad de ordenar algunas ideas en la perspectiva de construir una explicación —aunque sea tentativa— sobre la situación actual y el destino de nuestra América.

1. Comienzo con una precisión necesaria. Los tiempos históricos casi nunca coinciden con las fechas que acostumbramos destacar en el calendario.

Con esto quiero poner de relieve que, así como el siglo XX comenzó para América Latina en 1910 con la Revolución mexicana y para el conjunto de la humanidad en 1917 con los fulgores del Gran Octubre bolchevique, el sigo XXI se inició, en realidad, en 1989 con la demolición del muro de Berlín. Transcurrida ya una década de este último acontecimiento, creo que en el futuro conjeturable la humanidad va a desenvolverse bajo el potente símbolo de la victoria de la civilización capitalista y bajo el comando de los Estados Unidos.

2. El triunfo multifacético del capitalismo —tecno-lógico, económico, político, ideológico, militar— frente a su rival histórico del siglo XX, el «socialismo real» europeo encabezado por la URSS, antes que la apertura de un nuevo capítulo de la historia humana, representaría esencialmente la proyección en extensión y profundidad de la forma de concebir y organizar el mundo surgida en el Renacimiento y que tiene como sus principales ejes a las fuerzas amorales del dinero y la ciencia positiva.

3. La simbiosis de esas dos fuerzas a partir de la Revolución Industrial ha sido el gran motor del capitalismo en los dos últimos siglos.

Después de la Segunda Guerra Mundial, esa fusión ha venido orientándose a un incremento de la productividad antes que a una difusión social de sus logros.

Conforme a Emir Sader y Albert Jacquad, entre otros, la tendencia descrita marca el agotamiento del modelo tecnológico fordista y su sustitución por un modelo intensivo en capital y en conocimiento. El correlato económico de esta nueva tendencia no es otro que la exclusión de la fuerza laboral en las propias metrópolis y especialmente en el vasto mundo subdesarrollado, sin eliminar por cierto el fenómeno de la explotación y otras viejas servidumbres.

4. Esta configuración del capitalismo no supone, por consiguiente, ninguna modificación sustitutiva de los fines del sistema, acaso alguna variante en sus métodos operativos.

Después de cinco siglos de colonialismo y/o neocolonialismo, economías como las latinoamericanas se encuentran gravemente desestructuradas al punto de demostrarse impotentes para autosustentarse incluso en términos alimentarios, debido a su funcionalización extrema a las metrópolis. La traducción política de esta realidad es que la intervención militar del Imperio se vuelve necesaria sólo en situaciones extremas. Corrientemente le resulta suficiente y recomendable aplicar correctivos como los programas de ajuste liberal a través de entidades como el FMI, el Banco Mundial, el BID.

La recurrente aplicación de tales programas, con la connivencia de burguesías locales sin ningún sentido nacional, desdibuja el horizonte autónomo de nuestros países y martiriza a sus pueblos.

Especialmente en las dos últimas décadas, la deuda externa acumulada por América Latina y otras regiones tercer o cuartomundistas ha sido el mecanismo utilizado por el establecimiento financiero internacional para bloquear cualquier camino mínimamente alternativo e independiente. Como escribiera Hinkelammert: el Japón ocurrió una vez y se busca que nunca más vuelva a ocurrir.

5. Al funcionamiento concentrador y excluyente del capitalismo contemporáneo es imputable el patético cuadro económico/social de América Latina en este tornasiglo: Desarticulación tecnoeconómica, ascenso en espiral de la deuda externa e interna, virtual insolvencia de varios estados, estancamiento crónico, desnacionalización del aparato productivo, acumulación bancaria-parasitaria, desempleo galopante, urbanización patológica, éxodo desesperado de la población a los «paraísos» primermundistas.

En suma, la imposición del lumpendesarrollo que visualizara Gunder Frank ya en los años 60, con su correlato de lumpenización de la sociedad incluso en sus esferas políticas e ideológicas.

6. El Nuevo Orden Mundial (NOM), proclamado por George Bush (1991), en víspera de lanzar la ofensiva contra Irak, pretende legitimarse apelando a los sueños del libre comercio y la democracia liberal.

Heredero de antiguos reflejos de dominio y expoliación, el NOM trasluce un discurso al que Roger Garaudy ha tipificado certeramente como liberalismo totalitario.

El postulado del libre comercio, por ejemplo, resucita el espíritu de conquista que ha exhibido Occidente desde los tiempos de la dominación colonial ibérica y semicolonial inglesa. En estos tiempos de rampante neocolonialismo, los fines últimos del librecambismo son idénticos a los de entonces: Abatir las protecciones a la producción doméstica y convertir a nuestros países en mercados cautivos para los bienes y servicios metropolitanos.

Respecto de la evangelización democratista del NOM sólo hay que recordar que tal fórmula de gobierno nació en la metrópolis fuertemente asociada a las categorías burguesas de la propiedad privada, el individualismo, la beatificación del beneficio, la santificación del éxito.

7. Ahora, igual que ayer, las cúpulas dirigentes de América Latina se encuentran encandiladas por los fetichizados discursos de la Modernidad, el Progreso, el Crecimiento, la Globalización…

Colocada en este complejo y angustiante vértice, la utopía de la Patria Grande —auténtica, libre, justa y solidaria— va a tener que navegar, acaso largamente, por las turbulentas aguas de mediocres poderíos.

*Texto de que se incluyó en libro colectivo ¿Qué será de nuestra America Latina en el siglo XXI?

 

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