Por Jaime Chuchuca Serrano
La hostilidad de Estados Unidos contra Irán es parte de un largo ciclo geopolítico imperial, en años que se siente inestable la hegemonía global y la decadencia. Cuando Trump dice que quiere que “América sea grande de nuevo”, se refiere a esa posición imperial donde el más fuerte manda sobre los débiles, sin importar leyes ni derechos. Esta práctica de Estados Unidos no es nueva, ha sido permanente, como en Afganistán, Irak, Siria, Libia. La diferencia de ahora son sus intentos de intervención relámpago como en Venezuela e Irán (¿hay alguna relación ideológica con las Blitzkrieg de Hitler?). No obstante, en el caso de Irán los combates ya se han alargado más días de los proyectados por el pentágono.
Irán goza aún de un nacionalismo fuerte, de un régimen histórico de los ayatolas, que defienden la cultura milenaria persa. Trump como máxima expresión de la política conservadora, asesta golpes contra los países que tienen una arquitectura de independencia. Irán no es un paraíso, tiene su fundamentalismo. Pero para decirlo de otro modo, Trump quiere imponer el fundamentalismo yanqui sobre el iraní. Ya han asesinado a su máximo líder: el ayatola Alí Jamenei.
Estados Unidos tiene todavía superioridad militar sobre el resto de países del mundo, aunque China siembra dudas. De a poco, Estados Unidos e Israel están convirtiendo las ciudades de Irán en polvo, como pasó con Irak o Palestina. Trump y Netanyahu no tienen reparo en destruir la historia milenaria, museos, escuelas, hospitales (en Persia se originaron los hospitales). La respuesta de Irán ha sido en los países del golfo y el cierre del estrecho de Ormuz. El país persa no tiene las armas nucleares de las que habla Trump, ni era un peligro para Estados Unidos, sino no lo hubiera enfrentado. La guerra estadounidense israelí se basa en el engaño, como lo decía el viejo Sun Tzu.
El autoritarismo capitalista mundial aplaude a Trump porque ahora se negociará ampliamente con el petróleo de Irán, Venezuela y el resto de países que se someten a su coacción. De inmediato se dispararon los precios del petróleo y de los productos; y el conflicto ha escalado de modo regional. La gran mayoría de Europa y la OTAN apoyan a los Estados Unidos, pocos países como España han dicho directamente que no lo respaldan. Rusia y China se oponen a la guerra y juegan sus cartas reservadamente. Estados Unidos casi ha terminado de destruir el orden mundial proveniente de la última posguerra mundial. Recuérdese que en la lista de invasión de Trump están, además de Venezuela e Irán, Cuba, Groenlandia, y hasta México.
