El estadounidense Noboa: guerra y dictadura

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Por Jaime Chuchuca Serrano

La Guerra de la Droga es toda una construcción discursiva creada por los Estados Unidos como herramienta para el neocolonialismo mundial, especialmente latinoamericano. Se ejecutan numerosos dispositivos disciplinarios: cambios de legislaciones, segregación y discriminación étnica, crecimiento del encarcelamiento, militarización, incremento del presupuesto para seguridad, persecución política de opositores, incremento de las penas. Trump, en su deriva autocrática, ha incluido en este discurso a los migrantes, frecuentemente vinculados con la delincuencia, terrorismo y narcotráfico. Las guerras desplegadas necesitan, además, del discurso del terrorismo. EE.UU. e Israel llaman terroristas a los otros (palestinos, iranís, libaneses, etc.), cuando ellos son los que han sofisticado el terrorismo en el máximo nivel como instrumento político y de guerra. Noboa, como buen estadounidense, practica esta concepción a plenitud.

Entonces, repitámoslo de otro modo, la Guerra de las Drogas (o contra las drogas) de Estados Unidos no tiene como objetivo aniquilar el narcotráfico, ni la criminalidad, sino el control geopolítico. La ilegalización de las drogas es parte del mismo sistema económico que consagra la legalización del lavado de activos y de dudosas fortunas. Ahora mismo, Trump se encuentra en problemas después de su inicio de la Guerra contra Irán, por la probable recesión global y tiene que revivir las herramientas neocoloniales. Con la puesta en marcha del Escudo de las Américas, Noboa se ha convertido en el discípulo predilecto de Trump, como burguesía sometida. En este sentido, Noboa amplía la guerra de las drogas llenando de terror a la población.

Los falsos positivos inundan el país, se han bombardeado casitas de madera y terrenos de campesinos en Jambelí, Pascuales, Esmeraldas, Sucumbíos; mientras los caserones de Mocolí tienen más luz en medio de los apagones. El gobierno ha decidido: bombardeos y toques de queda para los pobres y disminución de impuestos para los ricos. Todo esto se despliega cuando cobran más evidencias los supuestos pactos entre Noboa y los líderes delictivos, como los alias Fito, Pipo, Willy; a su vez, de las redes de narcotráfico vinculadas a los patrimonios de la familia Noboa. El autoritarismo del régimen noboísta se incrementa contra la oposición, se proscriben partidos (RC, UP, Construye), se encarcelan y procesan posibles candidatos (Aquiles, Zamora, Muñoz, Chávez), se adelantan las fechas de las elecciones seccionales. En esta tormenta, incluso se apresa a un responsable cultural iraní: Sheij Mohammad. Noboa se tomó los poderes políticos y como buen seguidor de Trump, constituye un régimen híbrido entre dictadura y autocracia.

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