Universidad de Cuenca: invasiones y propaganda gubernamental

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Por Jaime Chuchuca Serrano

El 29 de abril de este año, la vicepresidenta María José Pinto llegó súbitamente a la Universidad de Cuenca. Violando toda ley y la autonomía universitaria, se militarizó parte del campus central; el rectorado quedó rodeado. Estudiantes y docentes protestaron; los militares sacaron del campus a empujones al Dr. Santiago Rosano, español por nacimiento y ecuatoriano por naturalización. La visita a la Aula Magna fue suspendida. En medio de gritos, la seguridad sacó a los periodistas del recinto universitario. Para mayores inconvenientes, el Rector Rodrigo Mendienta se encontraba en China; y quién recibió a Pinto fue la rectora encargada.

En aquellos días, Pinto venía de una mala racha de propaganda, se convirtieron en tendencias: el posteo de un video en columpio y la visita al Museo del Prado en España, en medio de la crisis de salud. De modo subrepticio, la vicepresidenta se había reunido en España con representantes de Dedalus, empresa italiana elegida a dedo, con problemas legales y económicos, con la filial ecuatoriana cancelada, con la que más tarde el gobierno firmó un contrato millonario, para digitalizar las Historias Clínicas.

El 21 de mayo, Roberto Luque arribó al Campus Balzay de la Universidad de Cuenca, para “conocer el terreno” para la Residencia Universitaria. Este mismo día, mientras la Fiscalía lo desvinculaba del Caso Progen, el Rector Mendieta se tomaba fotos con Luque y Bermúdez (Gobernador del Azuay) para la posteridad. Este movimiento propagandístico, distrajo la atención de la prensa sobre la compra de los generadores inservibles. Más tarde, el 1 de septiembre llegó Luque a Cuenca a inaugurar un “medio puente” del Distribuidor Monay-IEES, ni siquiera se acababa la segunda fase, de cuatro de la construcción.

Por fin, el 6 de octubre, de un rato al otro, se le ocurrió al presidente-dictador, Daniel Noboa, visitar Cuenca, en medio de la campaña electoral seccional, para impulsar a sus candidatos. El 7 de octubre fue al Campus Balzay para “re-conocer el terreno” de la Residencia Universitaria. Entre mayo y octubre no se había hecho ningún trabajo, así que aprovecharon la visita para limpiar el terreno.

Nuevamente, violando la Carta Magna y toda ley, se rodeó el campus con policías y militares, se vallaron las inmediaciones, donde iba a caminar el equipo presidencial. Como era de prever, las protestas estudiantiles no faltaron. Las autoridades y docentes que apoyan a Mendieta y Noboa, hicieron un cordón de seguridad ad hoc. El profesor Rosano protestó con un cartelito, por aquí, por allí, por acá y por acullá, ante el contingente armado, hasta que un militar le roseó gas pimienta en el rostro.

Las redes se inundaron de miles de Trolls y Bots de la presidencia pidiendo la deportación y expulsión, lo mismo la Ministra de Educación; y cerca estuvieron de pedir la cicuta ateniense para el ecuatoriano español, y otro tanto para el presidente de la FEUE, Mauricio Ochoa. Al cuerpo de “inteligencia” le molestó el cartelito, el performance y la kufiya que vestía el docente. Como un baldazo de agua fría, recibió Neira, y después Noboa, la noticia de que ningún integrante de la comunidad universitaria de Cuenca puso una denuncia en contra de las protestas que se hicieron a la llegada de la majestad oligarca presidencial.

La culpabilidad de las violaciones de la autonomía universitaria, de la libertad de expresión, de movilidad y otras, recae en la misma Presidencia. El rector y varias autoridades de la Universidad de Cuenca apoyan a Noboa, y sin beneficio de inventario, se han visto subordinados a los pelotones armados que han llegado con María José Pinto, Roberto Luque y Daniel Noboa. ¿Las autoridades podían evitar el mancillamiento de la Universidad? De seguro que sí, pero aquí priman sus intereses políticos, incluyendo los del Consejo Universitario. Si quieren buscar causas y efectos, la causa recae en la política presidencial, y los efectos en las protestas. No hay que buscar culpables en los manifestantes, ni docentes, en estos casos, ni siquiera en los policías y militares, que también son subordinados no deliberantes al régimen. Como en una hacienda bananera, la presidencia ha querido imponer por la fuerza de sus invasiones, el aplauso y el beneplácito, olvidándose que aquí viven personas libres.

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