La tetralogía de Lula

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Por Jaime Chuchuca Serrano

Las elecciones de Brasil fueron particularmente interesantes por la remontada de la candidatura de Lula en las últimas tres semanas, pero esto estaba combinado a un caminar de décadas en la política brasileira. El obrero Luiz Inácio “Lula” da Silva se hizo conocer por encabezar las huelgas contra la dictadura, fue perseguido y apresado. En 1980 fundó el Partido de los Trabajadores (PT). En 1989, Lula pasó a la historia por ser el primer trabajador en tener 11,6 millones de votos en la primera vuelta presidencial y 31 millones en la segunda vuelta, aunque perdió contra el oligarca Fernando Collor, que obtuvo 35 millones. En aquellos días, Lula tenía 44 años, y las organizaciones sindicales y populares aprendían a disputar las elecciones en las nuevas reglas del juego instauradas.

Además de 1989, Lula fue candidato presidencial también en 1994 y 1998, quedando en segundo lugar contra Fernando Henrique Cardoso. Mientras tanto, el PT conseguía fuertes bancadas legislativas y numerosas gobernaciones, alcaldías y bancadas locales. La primera presidencia que ganó Lula fue entre 2003-2006, venciendo ampliamente al candidato de la derecha José Serra; en segunda vuelta, Lula obtuvo 52,7 millones de votos y Serra 33,3. En esta época, se consolidaba el ciclo progresista latinoamericano, llamado así por la victoria de varios candidatos de izquierda y centroizquierda. La segunda presidencia de Lula fue entre 2007 y 2011, que la ganó con una gran diferencia de votos contra Geraldo Alckim, 60,83% contra 39,17%.

En los procesos electorales, el PT y Lula se han caracterizado por apegarse al sentimiento popular y a la propaganda en tendencia. El discurso ha sido ecléctico y pragmático, adaptándose a cada momento político, y logrando una amplia alianza de organizaciones populares, incluyendo sectores de la centroderecha.  En el período 2003-2011, (las dos primeras presidencias de Lula), la economía de Brasil creció considerablemente; según el Banco Mundial, 35 millones de personas salieron de la pobreza y 35 millones ascendieron a clase media; disminuyó notablemente el desempleo. El enfoque en la política social, redistributiva, de educación, salud e infraestructura, sería una marca distintiva de las presidencias de Lula. Se fundaron los BRICS y varios países adquirieron un gran impuso comercial.

En estos años se fortalece la presencia política de EEUU en Brasil y América Latina, con énfasis en los poderes judiciales, abriéndose campañas dirigidas contra las izquierdas y sus dirigentes, para desprestigiarlos y procesarlos penalmente. La política de la Guerra contra las Drogas y de Seguridad Nacional de la derecha estadounidense abrió una estrategia para descabezar a los gobiernos y las izquierdas latinoamericanas.

Más adelante, Dilma Roussef se convirtió en la candidata del bloque popular encabezado por el PT y ganó las presidencias, 2011-2014 y 2015-2018, pero la segunda presidencia se vio truncada por las denuncias y un impeachment que la destituyó en 2016. Lula fue condenado y lo apresaron entre 2018 y 2019, para que no participe en elecciones, por la sentencia de un juez sin competencia que sería más tarde Ministro de Jair Bolsonaro. El Supremo Tribunal Federal anularía las condenas. Al recuperar los derechos políticos, Lula pudo participar en las elecciones presidenciales y ganar el período 2023-2026, en una apretada contienda contra Jair Bolsonaro.

En este gobierno, Lula logró un hecho inédito: reducir la deforestación de la Amazonía en un 50%. Fueron importantes las reformas tributarias y sobre todo la última reforma laboral de las 40 horas semanales, 5 días de trabajo, pero igual paga, que estimularon el apoyo masivo a Lula. Igualmente, le ganaron el favor popular, los programas sociales de educación y salud, la redistribución a través de los subsidios y los bonos. Su oposición al régimen de Netayahu y al genocidio a Palestina, así como sus críticas al expansionismo de EEUU, le resituaron en la configuración política mundial. Los tratados y acuerdos con los países emergentes y China, han fortalecido la soberanía y el nacionalismo brasileño.

Con 80 años y un largo recorrido, Lula se batió en las elecciones contra el candidato de la extrema derecha, Flávio Bolsonaro, hijo de Jair, actualmente en prisión por intento de golpe de Estado. Trump y los emporios económicos, los dueños de las redes sociales y las agencias de seguridad estadounidenses, trabajaron para que Bolsonaro gane. Como en otros procesos, las granjas de bots y trolls, al estilo de Cerimedo, actuaron a favor de la extrema derecha.

A los miles de militantes que han apoyado a Lula durante estas décadas, se sumó un ejército sin fusiles, uno digital de más de 10 millones de personas: el Ejército do Lula, dirigido por André Janones, que comprendió los algoritmos, para enfrentar las hordas de las redes sociales. A su vez, en unidad con las organizaciones de jóvenes y sindicatos, se movilizaron miles de personas en las calles, llamando a votar por Lula y contra la extrema derecha. Todo esto ocurrió en medio de la reanimación de las movilizaciones populares en varios países del mundo. Lula venció con 64,3 millones de votos (51,79%), frente a 59,8 millones de Bolsonaro (48,21%). El triunfo de Lula es mucho más significativo, al vencer al conjunto de las fuerzas proimperiales y sus recursos tecnológicos en la época de la IA.

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