Por Francisco Escandón Guevara

Atrás quedaron las promesas de campaña de Guillermo Lasso, una vez en el poder las ofertas electorales son un recuerdo de la demagogia proselitista y la actual apuesta es imponer la agenda neoliberal fondomonetarista defendida por las élites del país.

Para ganar votos entre los jóvenes, el banquero ofreció incrementar el presupuesto para financiar becas y garantizar una educación gratuita de calidad en las Universidades; se comprometió a eliminar el SENESCYT, garantizar el libre ingreso y la libertad de los bachilleres a elegir la carrera de su predilección; además de reformar la Ley de Educación Superior (LOES) para reforzar la autonomía universitaria.

En menos de cien días, queda claro que Lasso no honra su palabra. Está haciendo lo contrario a lo ofrecido: acaba de retirar el financiamiento de 12 millones de dólares destinados para becarios de bajos recursos que estudian en ocho universidades privadas, en la proforma presupuestaria para el año 2022 propone que el sistema universitario público reciba 45 millones de dólares menos en rentas, reemplazó el examen de ingreso Ser Bachiller por el Transformar y prolongó el suplicio de millones de jóvenes que no podrán estudiar.

El mercantilismo de la educación es el espíritu de las reformas a la LOES que Lasso entregó personalmente en la Asamblea Nacional. En ella, el régimen falsifica el concepto de autonomía con el de desregularización, se impone la autogestión como alternativa para financiar la educación: los cursos de nivelación serán pagados por los estudiantes, la mano invisible del mercado determinará la creación de extensiones universitarias, carreras y postgrados preferentemente privados, pues se prohíbe la creación de universidades públicas. Las restricciones al ingreso se blindan, a más del confuso examen Transformar, la propuesta del gobierno prevé que cada universidad imponga su sistema de acceso. En tanto, el cogobierno se limitará para asemejar a rectores de Universidades con gerentes de empresas e imponer el autoritarismo sobre la democracia.

Lasso quiere ser el mercader de la educación superior. Su ambición de mercantilizarlo todo desnuda su vinculación con quienes hacen de la Universidad un negocio, convierten a los estudiantes en meros clientes, proscriben derechos y deslindan a la academia del pueblo.

Esos apetitos privados son vientos sembrados que cosecharán tempestades. Ahora la palabra le corresponde a la Universidad Pública.