Anidación de la tortuga gigante de la isla Santiago, Galápagos

Periódico Opción
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Por Oswaldo Báez Tobar

El análisis del libro Reptiles of the Galápagos, de Alejandro Arteaga, et al., de Tropical Herping, me permitió recapitular una experiencia inolvidable: En septiembre de 1982 viajé a Galápagos con el propósito de supervisar las investigaciones referentes a la biología de la reproducción de la tortuga gigante de la isla Santiago, Chelonoidis darwini, que realizaba Ricardo Enríquez, como tema de tesis para su graduación como Doctor en Biología, en la Escuela de Biología de la Universidad Central. Revisando mis archivos, encontré unas notas del mencionado viaje con las cuales escribo esta crónica que la comparto con los lectores de la sección de Ciencia del periódico Opción.

La isla Santiago, es una de las islas más grande del archipiélago de Galápagos, por lo que presenta varios estratos de vegetación desde la franja litoral árida a las zonas de mediana y mayor altitud y humedad donde se encuentran las poblaciones de tortugas; para cumplir nuestro objetivo debimos viajar desde la Estación Científica Charles Darwin, que era el lugar de nuestra estancia temporal.

En efecto, luego de un largo viaje desde puerto Ayora, en la isla Santa Cruz, desembarcamos en la isla Santiago; al día siguiente, iniciamos un difícil ascenso de varias horas hasta llegar al campamento de Guayabillos, al nororiente de la isla, a 250 msnm.  El sitio se halla en la zona de transición entre franja árida cubierta de lava y cactos, y la zona algo más húmeda y cubierta de vegetación arbustiva. El campamento se hallaba cerca del área de anidación de una colonia de tortugas gigantes.

Al inspeccionar el área encontramos varios nidos de tortugas: algunos protegidos por pequeñas “murallas” circulares hechas de bloques se lava; otros se hallaban protegidos por una gruesa malla de alambre de 1.5 m. por lado y asegurada al suelo con pesados bloques de lava en la periferia. Este fue el nuevo sistema que puso a prueba Ricardo Enríquez, con el objeto de que los nidos no sean destruidos por los cerdos cimarrones y que no altere el microclima del nido, para el desarrollo normal de los embriones de tortuga.

Continuando con el recorrido por el hábitat de las tortugas, encontramos a una pequeña tortuga escondida entre los matorrales para protegerse del calor del sol; muy cerca estaba una hembra adulta que parecía estar buscando un lugar para excavar el nido y poner los huevos. Habíamos llegado a tiempo. Efectivamente, al caer la tarde, la tortuga empezó su titánica tarea, en una pequeña superficie de tierra suave, en medio de muchos bloques de lava. La construcción del nido es una tarea difícil y no siempre tiene éxito en el primer intento, por las características del suelo.

Construcción del nido

El nido tiene forma ovalada; mide aproximadamente 35 cm. de largo por 20 de ancho y 25 de profundidad; está formado por una cámara de incubación, sobre ella está una especie de aire que permite el intercambio gaseoso necesario para el desarrollo de los embriones.

Observar la construcción del nido es en verdad impresionante; la tortuga mide unos 80 cm. de largo curvo del espaldar; con su pesado caparazón a cuestas, sus gruesas y torpes patas, la futura madre realiza esfuerzos supremos, casi hasta el límite de sus capacidades físicas y fisiológicas para lograr su objetivo. Sosteniendo su cuerpo sobre las patas anteriores y la parte ventral del caparazón (peto), acciona alternativamente las patas posteriores provistas de uñas fuertes, para excavar el nido con toda precisión y delicadeza. Así, el gran quelonio logró su objetivo, para conseguirlo empleó la fuerza de sus patas, las secreciones viscosas de sus oviductos y los fluidos de sus excrementos con los cuales reblandece el suelo y así facilitar la excavación.

Puesta de los huevos

Ya entrada la noche, a las 20:00 horas, luego de verificar al tacto la perfecta construcción del nido, la hembra adulta inició la puesta de los huevos; a intervalos irregulares puso ocho huevos de forma esférica y cascarón calcáreo, de un inmaculado color blanco, de 7 cm. de diámetro. Al caer uno a uno los huevos producían un sonido similar al choque de dos objetos de fina porcelana. El quinto huevo fue de menor tamaño, de forma ovalada y superficie irregular, seguramente habrá sido un huevo infértil.

Luego de acomodar cuidadosamente los huevos en el interior de la cámara de incubación, la tortuga empezó a tapar el nido, con una mezcla de tierra húmeda, restos de vegetales, secreciones y excrementos. Formó una capa de tierra más o menos compacta, que a más de cubrir y proteger a los huevos les confiere humedad y temperatura adecuada para el desarrollo de los embriones. Cansada y jadeante la tortuga terminó tu tarea cerca de las 23:00 horas. Durmió junto a su nido para cuidarlo por unas horas, pues al día siguiente emprendería el camino de regreso a su hábitat permanente en la zona alta.

Al ser testigos de la anidación de la tortuga gigante, un hecho de trascendencia vital para la especie, nos retiramos al campamento con una sensación de admiración y respeto, al ver a esa maravillosa criatura cumplir con una las funciones vitales: la reproducción. La ovoposición de la tortuga es un hecho sobrecogedor, no solo su realización, sino sobre todo porque para lograrlo, la tortuga necesitó caminar varios kilómetros, talvez, durante varias semanas poniendo a prueba todos sus recursos de supervivencia.

Las hembras jóvenes, deambulan largamente para encontrar un sitio de anidación, las adultas lo consiguen con mayor facilidad, talvez porque ya conocen el camino o les guía su memoria olfativa, nos explica Ricardo Enríquez, el autor de la investigación de campo, que ya llevaba varios meses en la isla Santiago.

Al día siguiente ya no vimos a la tortuga junto a su nido, pero observamos un pequeño montículo de tierra removida de más o menos 40 cm. de diámetro¸ era la parte visible del nido. Nos apresuramos a protegerlo, para evitar que animales extraños de ese ecosistema insular pudieran destruirlo.

Poco después abandonamos el “santuario natural” y descendimos al campamento de la playa; el camino nos pareció más fácil, habíamos cumplido nuestro objetivo y tuvimos el privilegio de presenciar la anidación de un quelonio gigante, silencioso testigo de millones de años de evolución, y colonizador de nuestras islas Galápagos en tiempo geológico relativamente reciente. Galápagos: tierra de tortugas, un verdadero laboratorio de la evolución biológica.

Notas :

La tortuga gigante de Santiago, galápago de Darwin, lleva el nombre científico de Chelonoidis darwini, en honor a Charles Darwin que visitó la isla en octubre de 1835. Habita el bosque deciduo, bosque montano siempre verde, pastos húmedos, se alimenta de cactos y hierba, pueden vivir seis meses sin beber agua. Los juveniles viven en tierras bajas hasta los 15 años, los adultos buscan tierras más altas. Se considera en peligro crítico, pues, en los años 1970s se estimaba que la población se había reducido a 500 a 700 individuos, debido a la sobre explotación por piratas y balleneros, así como a la introducción de animales exóticos: cabras, cerdos y burros, que se volvieron cimarrones.

En la actualidad se estima que la población está en 1700 individuos, gracias a los programas conjuntos de investigación y conservación de la Estación Científica Charles Darwin y el Parque Nacional Galápagos, mediante los cuales se han encontrado las mejores formas de protección de los nidos, de incubación, eclosión de los huevos, crianza de las tortuguitas para luego reintroducidas en el medio natural donde fueron eliminados los animales introducidos. (1)

La biología de las tortugas gigantes es muy especial; su tamaño y lento metabolismo les permite soportar largas sequías; cuando ocurren épocas de lluvia -como en los fenómenos de El Niño-, realizan migraciones masivas hacia tierras bajas, afirma Linda Cayot, quien tuvo a cargo el programa de conservación y repatriación de las tortuguitas.

Estudiar a las tortugas gigantes permite entender la complejidad de los ecosistemas terrestres del archipiélago, la influencia que sobre ellos ejercen los ciclos climáticos, así como el papel funcional de las tortugas, que son como “ingenieras del ecosistema”; con su actividad modelan las áreas donde viven, y contribuyen al desarrollo de otras especies de fauna y flora, expresa Washington Tapia. (2)

Galápagos, islas de tortugas. Remoto en el espacio del océano Pacífico Oriental, permaneció como un mundo perdido, donde los reptiles se habían convertido en la característica dominante del volcánico paisaje silvestre. (3) (Las ilustraciones de este artículo son tomadas de esta publicación de la Fundación Charles Darwin)

Referencias

  1. Arteaga, A., et al. 2019. Reptiles of the Galápagos. Tropical Herping. Quito, Ecuador.
  2. Galápagos: cincuenta años de ciencia y conservación.  Publicación del Parque Nacional Galápagos, Ecuador, 2009.
  3. Merlen, G.  El Reino del Galápago, Volviendo a su edad de oro. Publicación de la Fundación Charles Darwin, 1999.

Quito, junio 2024.

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