Por Jaime Chuchuca Serrano

En democracia cualquier Asamblea, Congreso o legislativo del mundo tiene un conjunto de funciones, entre ellas nominar personas para cargos importantes del Estado. La pluralidad de organizaciones políticas que conforman el legislativo pueden debatir, proponer nombres, destituir, suspender, organizar juicios y otras atribuciones más.  Sin embargo, una cosa es esta forma de organización institucional para el “buen gobierno” y otra el rearme cada semana de “mayorías débiles” que cambian de parecer porque no les tocó lo suficiente en el reparto.

La Asamblea Nacional se entrampó más días en debatir la destitución de la presidenta de la Asamblea, Guadalupe Llori, que en debatir leyes fundamentales para la política pública. En menos de un mes se aprobó la monstruosa ley de la reforma tributaria y más de tres meses se demoraron en destituir a Llori. Detrás de este asunto se encuentra la recomposición de las fuerzas políticas dentro de la Asamblea, ¿quién se queda en los principales cargos de la Asamblea? Pero eso no es todo, el objetivo principal es manejar el Consejo de Participación Ciudadana, la Contraloría, las Función Judicial, el CNE.

Aunque CREO, organización política de Lasso, se venga excusando sobre lo que suceda dentro de la Asamblea, también es culpable. Sus abstenciones, acuerdos con el PSC, PK, UNES, ID, algunos que no duran ni un día, son parte de esta lógica del reparto que ha primado en la Asamblea. La bancada de CREO se ausentó de la sesión que destituyó a Llori con 81 votos. El presidente Lasso primero apoyó a Llori, después dijo que no iba a gobernar con la Asamblea, al cumplir el año retiró la Muerte Cruzada de la mesa, una semana después CREO se ausentó para que Llori sea destituida y se nombre provisionalmente a Saquicela, al siguiente día Lasso se pronunció que respeta la decisión de destitución, dos días después Llori es nombrada miembro de la Comisión de Garantías Constitucionales, etc. Esta tormenta neurótica es la que vive la Asamblea y el gobierno. Si se pensara más en las necesidades urgentes de la población como empleo, soberanía alimentaria, crisis económica, carestía de la vida, educación, salud, antes que en la acumulación de puestos y poder, se podría enrumbar el buque desorientado de la patria.