Por Edgar Isch L.[1]
La educación superior durante el período colonial presenta particularidades muy importantes en Quito, que fuera capital de la Real Audiencia del mismo nombre. Lógicamente, bajo el modelo eclesiástico de la época, se constituyeron tres universidades que por casi 100 años funcionaron de manera simultánea, caso único en las américas, aunque ciertamente en México, Bogotá y Lima, capitales virreinales, existieron junto a las primeras universidades colegios mayores que también otorgaban títulos, únicamente en Quito se contó con tres instituciones con la categoría de Universidad.
Este hecho es parte de las demostraciones de la importancia administrativa, cultural y política que adquirió Quito y de la significación de la vida universitaria en la sociedad local. Propio de una sociedad de clases y eclesial, se trata de universidades corporativas controladas por una congregación religiosa específica, a las que únicamente ingresaban hombres que debían demostrar ser europeos o mestizos (criollos) con recursos propios o apoyo de la Iglesia. Sin embargo, el margen de autonomía de pensamiento que se mantiene en cualquier sistema educativo y el impulso hacia el saber, impidió que fueran instituciones de domesticación plena, pues en ellas se formaron líderes de la ilustración y de la lucha por la independencia.
Por ello, las protestas sociales de la época sin duda contaron también con integrantes de las universidades en medida ascendente. Aunque se tiene poca información de acciones estudiantiles en la Colonia, se conoce de la protesta de 1725 en el Seminario San Luis, seguida por la realizada tras la elección del rector del colegio jesuita, en 1734, que enfrentó a criollos con peninsulares y, luego, las realizadas en mayo de 1765, como parte de las acciones de la rebelión quiteña de las alcabalas, en las que particularmente participan los miembros del colegio franciscano de San Fernando bajo el grito de “muera el mal gobierno”, según menciona Minchom (1976). En diversas obras se resalta que los jóvenes fueron factor importante en las acciones barriales contra las medidas del poder, en las que debieron confundirse estudiantes con los demás habitantes ya que el barrio, como unidad territorial, se convirtió en el centro de agitación y acción anticolonial.
También se puede resaltar el levantamiento estudiantil en el Colegio Mayor de San Fernando el 30 de abril de 1784, que según Alejandro Carrión en su artículo titulado “La primera rebelión estudiantil” publicado en la revista Vistazo, se realizó contra las normas que se imponían desde las autoridades eclesiales, quitando su contacto con la vida de la ciudad y aumentando los costos por una mala alimentación.
Entre la élite criolla que accedió a estudios universitarios y que gracias a sus lecturas se guiaron por el pensamiento ilustrado e independentista se encuentran personajes como Eugenio Espejo, Juan Pío Montúfar, Juan de Dios Morales, José Mejía Lequerica, Pedro Vicente Maldonado, entre otros participantes en los procesos de lucha por la independencia.
Una cronología de las tres universidades referidas se puede sintetizar en los siguientes datos:
- La Universidad de San Fulgencio, inicia sus actividades en 1586, siendo una de las primeras en el continente y fue regentada por los agustinos. Funcionaría hasta 1786.
- La segunda en fundarse, el 5 de septiembre de 1620, y que es el origen de la Universidad Central de hoy, es la Universidad de San Gregorio Magno de los jesuitas.
- Luego, en 1686, se funda la Universidad de Santo Tomás de Aquino regentada por los dominicos.
- En 1767 se expulsa a los jesuitas de las tierras españolas, incluyendo sus colonias, provocando fuertes cambios en la educación. Por ello, los bienes, colegios, elementos de ordenamiento curricular, docentes y otros aspectos pasan a incorporarse a Santo Tomás, en una fusión de hecho, aunque no llamada así legalmente, que dio continuidad al trabajo de la Universidad San Gregorio. Tomaría el nombre de Universidad de Santo Tomás de Aquino de San Francisco de Quito, localizada en donde funcionaba anteriormente el Seminario San Luis de los jesuitas.
- Pocos años más tarde, en 1786 y como resultado de las reformas Borbónicas, esta universidad deja de ser propiedad de la iglesia y adopta cambios al constituirse como la Real y Pública Universidad de Santo Tomás de Aquino de Quito. Se plantea así el poder del Estado sobre la educación; se posibilita una mayor amplitud de temas a estudiar y se abren nuevas posibilidades de estudio para los no religiosos. Se buscará, con más interés, la formación de funcionarios en áreas como derecho, administración y ciencias básicas.
El carácter de Real, es decir sometida a la corona y su Estado y no a las órdenes religiosas, se conjuga con el de pública, condición que no existía anteriormente.
- En las instalaciones de esta Universidad funcionó la Sociedad Amigos del País, encabezada por Eugenio Espejo, promotora de ideas favorables a la independencia y la divulgación de los Derechos del Hombre y otras obras vinculadas al devenir de la Revolución Francesa.
- Luego del Primer Grito de la Independencia de 1809 la corona española pone en cuestión algunas instituciones educativas, en especial a la Universidad, por considerar que eran centros de ideas independentistas dando paso a la persecución a muchos profesores y estudiantes.
- Tras la independencia, se eliminan los sellos reales y se procede a colocar los republicanos, afirmándose como una universidad seglar y de propiedad del nuevo Estado.
- Por iniciativa de Simón Bolívar el 18 de marzo de 1626 se establecen las tres universidades centrales en cada capital de distrito de la Gran Colombia. La Universidad Central de Quito toma posesión de lo correspondiente a la Universidad Real y Pública, dando continuidad al mismo tiempo que genera rupturas con la educación superior existente hasta la fecha.
- Debido a las crisis y choques de intereses al interior de la Gran Colombia, surge en el territorio del actual Ecuador un movimiento a favor de un Estado independiente. Los acontecimientos llevaron a que sea en el Salón Máximo de la Universidad Central de Quito donde se reunieron los notables de Quito el 13 de mayo de 1830 para proclamar al Ecuador como estado independiente, hecho que se confirmaría cuando la Convención reunida en Riobamba que, en agosto del mismo año, dio el nombre a nuestro país como República del Ecuador y dictó la Primera Constitución Nacional.
La independencia y la educación bolivariana
La independencia, luego de un largo proceso que, en el caso de Quito, tuvo un hito fundamental en 1809 con el Primer grito de la Independencia, trajo cambios sustanciales en muchos órdenes de la vida de las nuevas repúblicas. La inestabilidad de los últimos años de la Colonia continuó y también mantuvieron las ideas racistas, sexistas y conservadoras. Sin embargo, las nuevas corrientes de pensamiento ilustrado y desde Inglaterra la promoción de la industrialización, abrieron una disputa de ideas y decisiones políticas que influirían en la educación.
Es en este ambiente que Bolívar va madurando en sus ideas educativas. Es justo decir que reconoció la profunda influencia personal de su maestro Simón Rodríguez, quien tenía una propuesta y práctica educativa muy avanzada para su época: como una educación popular, democrática, contextualizada, basada en el diálogo libre y en la atención a la ciencia. Pero Bolívar va por un camino distinto en educación que consideró más adecuado para el momento. Se trata de la propuesta de Joseph Lancaster o educación lancasteriana.
La educación lancasteriana promovía el trabajo con múltiples estudiantes; una vez identificados los más avanzados estos se convertían en monitores o educadores de los demás, permitiendo llegar a una población más grande y resolviendo de alguna manera la falta de maestros. Repetía así la organización de las nuevas industrias: un “jefe” (el maestro) dirige todo y cuenta con “supervisores” (alumnos avanzados que lo imitan en calidad de monitores y controlan los grupos), para terminar en los operadores (muchos alumnos trabajando al mismo tiempo). Se basaba además, en el uso de normas estrictas que ponían en primer lugar la obediencia y puntualidad, repetición, memorización y ejercicios de aplicación.
Más allá del modelo pedagógico, Bolívar da un paso de suma importancia pues en el Congreso de Cundinamarca en el que se reunió el gobierno de la Gran Colombia, el 18 de marzo de 1826 logra la aprobación de una “Ley de la Enseñanza Pública en Colombia” (Gran Colombia, 1826), que en la parte general determina:
Art. 1. En toda Colombia debe darse una instrucción pública proporcionada a la necesidad que tienen los diferentes ciudadanos de adquirir mayores o menores conocimientos útiles conforme a su talento, inclinación y destino.
Art. 2. La instrucción general se distribuirá en escuelas de enseñanza primaria y elemental en las parroquias y cabeceras de cantón, y en colegios nacionales; y en las de enseñanza de ciencias generales y departamentales y centrales.
La misma Ley en su Capítulo VI ordenó, entre otras cosas:
Art. 31.- En la capital de cada departamento de Colombia, o en la del cantón más proporcionado por su localidad y circunstancia habrá una universidad o escuela general en que se adquieran los conocimientos de que hablarán los artículos siguientes.
Art. 42. En las capitales de los Departamentos de Cundinamarca, Venezuela, y Quito se establecerán Universidades Centrales que abracen con más extensión la enseñanza de Ciencias y Artes.
Así nace la Universidad Central de Quito. No es solo un cambio de nombre, sino una reforma profunda que marca el inicio de la universidad republicana y su integración en un naciente sistema educativo regional. La misma Ley señalará que:
En cuanto al pénsum de estudios, en el capítulo VI, artículo 33 de la mencionada Ley, se establece las cátedras a enseñarse en las universidades departamentales en general en general:
Parágrafo primero. Para la clase de literatura, de lengua francesa e inglesa, de lengua griega; del idioma de los indígenas que prevalezca en cada departamento, o que estime más conveniente la subdirección respectiva, de gramática latina, combinada con la castellana: de literatura y bellas letras, y de elocuencia y de poesía.
Parágrafo segundo: Para las clases de filosofía y ciencias naturales, de matemáticas, de física, de geografía y cronología, de lógica, ideología y metafísica, de moral y derecho natural, de historia natural en sus tres reinos: y de química y física experimental.
Parágrafo tercero: Para las clases de jurisprudencia y teología, de principios de legislación universal, de constituciones e historia de derecho civil romano, de derecho patrio, de derecho público; de derecho público eclesiástico, de instituciones canónicas, de historia eclesiástica, fundamentos de la religión y lugares teológicos, de instituciones teológicas y morales, de sagradas escrituras y estudios apologéticos de la religión.
Es importante, por ejemplo, destacar la referencia al aprendizaje de las lenguas de las poblaciones indígenas, algo realmente novedoso para la época.
Para las universidades centrales, se añaden cátedras y la conformación de las escuelas de medicina y se insiste en la necesidad de bibliotecas, incorporando a las universidades las bibliotecas públicas “con calidad de públicas para el uso común”.
El nombre de “centrales” no fue casual. Se trata de formar todo un sistema educativo que, en su nivel superior, tuviese a estas instituciones como los ejes y modelos a seguir. Además, en ellas, las posibilidades de formación debían ser integrales, centralizando el conocimiento moderno y las instituciones educativas. Por ello irán naciendo nuevas carreras y áreas de estudio. El sistema educativo sería un pilar para la formación de la nación que se buscaba.
Hay que destacar que se aprobó también el Plan General de Estudios que establece tres niveles organizados y conectados de enseñanza: escuelas (con la educación mutua lancasteriana), colegios y universidades. El objetivo fue formar ciudadanos y funcionarios educados con pensamiento ilustrado, formación ética y comprometidos con la República, cuya supervivencia dependerá de la educación.
Si bien el 18 de marzo de 1926 es reconocido como el de fundación bolivariana de la Universidad Central de Quito, su vida republicana encontrará otros hitos importantes. Uno de ellos se presenta el 25 de julio de 1827, cuando el Libertador Simón Bolívar emitió un Reglamento para el funcionamiento de la Universidad Central de Venezuela, que fue acogido y aplicado por las otras dos Universidades: las de Quito y Bogotá, órgano donde se sientan ya las bases de una universidad democrática.
El Reglamento de 1827 convierte a la universidad en una institución: pública y republicana, con cierto grado de autonomía política y económica. La Universidad se abre a la sociedad reduciendo o eliminando restricciones raciales, económicas y religiosas para el ingreso, así como se elimina el latín como lengua oficial de enseñanza. Se disminuyen los costos de matrícula y se aumentan los sueldos de los catedráticos.
Además, establece un examen de ingreso que certifique saber leer y escribir correctamente, más temas específicos para cada carrera y, anunciando el cogobierno estudiantil, se autoriza al Rector la designación de dos estudiantes destacados con el propósito de que informen el cumplimiento de los catedráticos.
En lo administrativo, establece que el Gobierno de las Universidades se integrará por Juntas Generales y Juntas Particulares; las primeras, compuestas por el rector, vicerrector, doctores y maestros, se encargaban del gobierno general; y, las segundas, que se formaban con el rector, vicerrector y catedráticos, tenían la obligación de velar por la exactitud de la enseñanza. Se adopta el modelo napoleónico de estructuración en facultades diferenciadas.
De manera directa, para la Universidad Central de Quito, Bolivar firma el 6 de noviembre de 1827 el Decreto de reorganización de la Universidad de Quito, “y entre otras cosas dictamina previsiones sobre sueldos a los empleados y profesores; establecimiento de la facultad de literatura y bellas letras para el estudio de las lenguas inglesa, francesa y quechua; de la filosofía y ciencias naturales, medicina, jurisprudencia y teología” (Guerra y Suárez, 1986 p. 431).
El duro, controvertido y zigzagueante proceso de reformas que irían madurando las Universidades Centrales establecidas por el Libertador, merece un análisis mucho más a fondo porque marcó las raíces de la educación superior republicana en la región andina y, de manera particular, de la hoy Universidad Central del Ecuador[2]. Ello sin olvidar afirmaciones aleccionadoras de Bolívar que diría que «El primer deber del gobierno es educar al pueblo», y que «Las naciones marchan hacia el término de su grandeza con el mismo paso con que camina la educación».
* Académico y ex ministro de Medioambiente de Ecuador. Asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)
Referencias
Carrión, Alejandro. La primera rebelión estudiantil. Revista Vistazo. Guayaquil, Ecuador.
Gran Colombia (1826). Leyes y Reglamentos orgánicos de la enseñanza pública en Colombia acordados en el Año de 1826. Bogotá. Imprenta de Manuel María Viller Calderón, 1826.
Guerra Córdova, A., y Suárez Meza, L. I. (1986). Simón Bolívar y la Universidad Latinoamericana. Boletín de la Academia Nacional de la Historia, 69(274), [p. 413- 435].
Minchom, Martin (1996). «Las Rebeliones del Quito Colonial: Fronteras Simbólicas y Geografía Urbana». Frontera y poblamiento: estudios de historia y antropología de Colombia y Ecuador, édité par Chantal Caillavet et Ximena Pachón, Institut français d’études andines, 1996, https://doi.org/10.4000/books.ifea.2507.
Pereira, Morela y Díaz-Barrios, Jazmín (2015). Hitos en la Historia de la Reforma Universitaria Venezolana. Formación Gerencial, Año 14 Nº 1, Mayo 2015, Universidad del Zulia. UCE (2012). Protagonistas de la Historia 1621-2012. Editorial Universitaria, Quit
[1] Docente de la Universidad Central del Ecuador.
[2] Vicente Rocafuerte expide en 1836, el Decreto Orgánico de Enseñanza Pública, cuyo Art. 7 determina: «La Universidad de Quito es la Central de la República del Ecuador».
