Tercera parada: Zhangjiajie
Por Rocío Paz y Miño
Provincia de Hunan, Zhangjiajie
De Shangrao a Zhangjiajie en tren rápido fueron 10 horas, fuimos a la calle Dayong en el Distrito Yongding, a dos pasos del Teleférico Tianmenshan (el más largo del mundo).
El hotel en medio de un bosque de torres delgaditas, calles estrechas, cruzadas por líneas de farolitos, mini ventas callejeras de fruta y verdura, tiendas, salones de masaje, agencias de viaje y restaurantes de comida re-picante.
Hunan fue cuna de la Dinastía Han que hace 2200 años, midió el tiempo con relojes de sol y agua, desarrolló el primer sismógrafo, inventó el papel y la función pública; en 1893 fue cuna del líder campesino, Mao Tse-Tung, quien en 1949 proclamó la fundación de la República Popular China y su motor de desarrollo: el campesinado.
Wulingyuan
Hace 380 millones de años la zona emergió del fondo del mar, su geología excepcional dio origen a ecosistemas y biodiversidad únicas por ello en 1982 el gobierno, declaro a 4800 ha., como Parque Nacional Forestal de Zhangjiajie, protegiendo así las montañas Yuanxi, el Gran Cañón de Zhangjiajie y la Tianmen Mountain
En 1992 la UNESCO reconoció al Área Escénica de Wulingyuan de 69.000 ha., como Patrimonio Mundial, su zona núcleo el Parque Nacional Forestal Zhangjiajie, (excepto Tianmen Mountain), sumando al esquema de protección Tianzi Mountain, Suoxi Valley y otras zonas escénicas invaluables.
Parque Nacional Forestal de Zhangjiajie

Luego de un bus y un teleférico con mapa en mano empezamos nuestra visita, y bueno, acortando el drama, las indicaciones del mapa, la señalización y las indicaciones, todas fueron confusas, por último, el Amap funcionaba mal (el Maps chino), después de 4 horas de bus en bus (la red de caminos toda asfaltada, increíble) cansada y aburrida, pensé, el Parque Zhangquizhang le gana en todo.
Como a las 15:00 encontramos unos belgas, la experiencia de la visita era idéntica, así que heredamos lo que otro viajero les compartió y marchamos rumbo a un mirador, bajo la advertencia de no perder el bus de las 18:00h.
El sendero, bellísimo entre árboles, un poco resbaloso y sin pasamanos, graderíos interminables y uno que otro turista tomando fotos. Después de una tiendita, empezó una trocha de tierra como de 1,5 metros de ancho, finalmente encontramos el muro rodeado de vegetación, con la famosa escalera de tubo (parecida a la escalera china de los parques, pero vertical).
Arriba me recibió una plataforma de unos 30 metros de diámetro, me acerque al borde y retrocedí espantada, era una columna vertical sin final visible, las piernas me empezaron a temblar, así que, arrastrando los pies y con pasitos cortos, fui al centro, ya más tranquila, mire a mi alrededor, nos rodeaban cientos de columnas de cuarcita (Escala de Mohs, dureza nivel 7, difícil de rayar, romper o erosionar), separadas por profundos cañones, el atardecer generoso tiñó todo de rojo. Recordé la película AVATAR, ahí estaban los cañones y las columnas que moría por ver.
El Gran Cañón de Zhangjiajie

Al día siguiente tomamos un bus, tras una hora y una caminata adicional de media hora, llegamos a una especie de canchón, donde el personal nos entregó fundas cubrezapatos, fuera nos esperaba el Zhangjiajie Grand Canyon Glass Bridge (puente de vidrio) de 430 metros de largo.
Conversaba con mi hija mientras cruzábamos, por la mitad más o menos bajé la vista y me hele, mis pies flotaban sobre el abismo, dos pequeñas cintas plateadas al fondo y farallones a ambos lados, empecé a temblar, continuar caminando fue mi reto aquel día, al otro lado, espiré!
Seguimos por el sendero hasta los ascensores, al nuestro le tomo unos segundos recorrer los 300 metros hasta el pie del farallón. Nos esperaba una plazoleta rodeada de edificaciones, desde esa perspectiva el puente, no era más que una línea y por entre las inmensas paredes, el viento agitaba la vegetación y cincelaba las paredes desde hace millones de años.
El Rio Yunti (Arroyo del cielo y las nubes)


Siguiendo a un guía y su grupo, tomamos un sendero al pie del cañón, junto a él las plácidas las aguas del Rio Yunti, de color verde esmeralda clarito, el canto de las aves, unos patos pescando y un pequeño bote amarrado a la orilla, (me recordó a las quillas del Rio Napo), me devolvieron la paz.
Caminamos por horas, bajo pequeñas cascadas, arcos, puentes lo empinado de las paredes, lo umbrío de la vegetación eran el camuflaje perfecto para una caverna que en su momento sirvió como refugio a rebeldes que lucharon por libertad.
En el camino una mini cafetería tipo Greener Store, tenía café frío.
Cansadas tomamos una barcaza (20 metros de largo), el viaje tranquilo, nos permitió reponer fuerzas, media hora después enfrente las escalinatas (en China, están en todo lado), tras un largo trecho, tomamos el bus de regreso.
La Wonder Tower

Por la noche fuimos a la Wonder Tower, un enorme edifico que réplica la arquitectura tradicional, dentro se encuentra teatros, tiendas y restaurantes. A las 20:00 inició el show de luces y proyecciones, baile con un Mazinger gigante, mientras cientos de bailarines con ropa tradicional giraban alrededor de un artista que cantaba una melodía pegajosa.
La Montaña Tianmen

Al día siguiente tomamos el Tianzishan Cableway, estaba nublado y llovía, el ascenso tomo unos 30 minutos.
Al llegar tomamos las escaleras eléctricas que atraviesan la montaña, luego caminamos por un sendero bonito, bien cuidado, en un cierto punto, escuche un rumor como de agua hirviendo, como de voces, que por el eco se volvían lastimeras; la Divina Comedia de Dante Alighieri, me vino a la mente.
Finalmente encontramos una cueva con dos frentes, el posterior por el que acabamos de entrar, daba a un profundo cañón y el anterior daba a la legendario escalinata de 999 escalones de piedra “La Puerta al Cielo” (Tianmen).
Una multitud buscando refugio de la lluvia, se agolpaba frente a los ascensores, decidimos mejor bajar. La lluvia suave pero persistente nos empapo, en los escalones estrechos, empinados y desgastados los zapatos resbalaban.
Abajo, regrese a ver y Tianmen, me regaló una vista espectacular, la neblina salía por su boca, la escalera húmeda por la lluvia brillaba, la imagen surrealista, era la perfecta imagen del Tao, donde lo terreno se conecta con lo divino. Aunque no subí, en voz bajita expresé un deseo por mi patria chica. Por la noche tomamos rumbo a Xi’an.
Tena, febrero 2026.
