El apagón, la mentira encendida de Noboa

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Por Remo Cornejo Luque

La crisis energética ha dejado al descubierto la profunda brecha existente entre las promesas gubernamentales y la realidad del sistema hidroeléctrico nacional. A pesar de los insistentes discursos oficiales de que no iban a existir cortes de luz, la realidad en las provincias desmiente drásticamente la narrativa del presidente Noboa. Diversas ciudades se enfrentan hoy a apagones intempestivos que paralizan la actividad comercial, desatan el caos vehicular en las calles y sumen a la población en una incertidumbre bestial.

Para diversos analistas, calificar estos apagones con eufemismos técnicos como «desconexiones por mantenimiento preventivo» representa una falta de respeto a la inteligencia de un país golpeado por crisis previas. Esta estrategia discursiva, orientada a maquillar el desabastecimiento, solo profundiza la desconfianza y descontento popular. Mientras el sector industrial es forzado a paralizar sus operaciones asfixiando la productividad nacional, la población enfrenta largas noches a oscuras sin cronogramas claros ni planes mínimos de contingencia. Detrás del discurso oficial se esconden alarmantes indicios de impunidad e ineficiencia administrativa, personificados en los polémicos contratos de las firmas ATM y Progen.

El Estado ecuatoriano asume actualmente las consecuencias financieras de haber desembolsado más de 70 millones de dólares a la compañía uruguaya ATM por la central termoeléctrica Esmeraldas, recibiendo a cambio equipos obsoletos e incompatibles. A este escenario se suma el perjuicio fiscal investigado por la Fiscalía en el caso Progen por presunto peculado, donde se entregaron anticipos de 104,3 millones de dólares dentro de un contrato total de 149,1 millones para plantas en Salitral y Quevedo, adquiriendo motores que jamás entraron en operación.

La sequía y el estiaje en la región austral constituyen fenómenos climáticos enteramente previsibles y no imprevistos de última hora. La verdadera crisis radica en la falta de previsión estructural, la inversión tardía, los casos de corrupción y la desconexión gubernamental frente a la realidad nacional. Gobernar implica anticiparse activamente a la catástrofe y no limitarse a administrar el colapso energético para salvar su imagen política.

El pueblo ecuatoriano manifiesta un evidente agotamiento frente a una gestión catalogada como incapaz, mentirosa y autoritaria, cuya actitud motiva la exigencia colectiva de: ¡Fuera Noboa, fuera!..

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