Por Alonso Cueva
Adiós a Piero, la voz eterna de la América Latina rebelde.
Hoy la música y la memoria de nuestro continente están de luto. Con la partida de Piero, no solo despedimos a un cantautor inmenso; despedimos a un pilar fundamental de la canción social latinoamericana, un artista que convirtió su voz en el megáfono de los desposeídos y en un referente ineludible de la izquierda de nuestra región.
Piero no entendió el arte como un simple entretenimiento, sino como un compromiso político y humano. En tiempos de oscuridad, dictaduras y censura, sus letras se transformaron en un refugio de resistencia. Himnos urgentes como «Para el pueblo lo que es del pueblo» o «Los americanos» desafiaron al poder, denunciaron las injusticias y musicalizaron las utopías de toda una generación.
Su valentía le costó el exilio, una herida que sufrió junto a tantos otros creadores perseguidos por cantar la verdad. Pero ni las fronteras ni las amenazas pudieron callarlo. Al contrario, nos demostró que la ternura y la militancia conviven en una misma estrofa: logrando que un poema íntimo como «Mi viejo» abrazara al mismo tiempo las causas colectivas de los de abajo.
Hoy se silencia su voz física, pero su obra queda sembrada en el alma de los pueblos que aún luchan por su dignidad. Piero se va, pero su canto se queda para siempre con nosotros.
¡Hasta siempre, maestro!
Tu canto sigue y seguirá siendo del pueblo.

