Por Alonzo Cueva Rojas
Analista Político y Licenciado en Ciencias de la Educación
El inicio del año lectivo en el sistema educativo público de Ecuador ha puesto sobre la mesa una serie de interrogantes que demandan respuestas técnicas y transparentes. La denuncia pública sobre la presunta distribución de textos escolares con contenidos idénticos para 5.º, 6.º y 7.º año de Educación General Básica en las materias de Matemáticas, Estudios Sociales, Ciencias Naturales y Lengua y Literatura ha generado una profunda preocupación en la comunidad educativa. No se trata de encender alarmas innecesarias, sino de exigir la absoluta claridad que un tema tan sensible como la educación de nuestra niñez requiere.
Esta falta de certezas golpea con doble fuerza a la realidad de nuestras aulas. A la fecha, existen numerosos establecimientos públicos que ni siquiera han recibido los textos escolares impresos, sumando cerca de 400.000 estudiantes desabastecidos a nivel nacional. Ante este vacío material, los docentes se han visto obligados a improvisar, descargando de internet los libros del año anterior. Esta medida de emergencia sumerge al magisterio en un limbo pedagógico insostenible: los profesores planifican y dictan clases sin saber si los contenidos del ciclo pasado coincidirán o variarán radicalmente frente a los libros que el Gobierno eventualmente imprima y entregue para el presente año lectivo.
Desde una perspectiva estrictamente pedagógica, la dosificación y la progresión de los aprendizajes son la columna vertebral en el desarrollo cognitivo de los estudiantes. Por esta razón, el MINEDEC tiene el deber ineludible de romper el silencio y esclarecer oficialmente la naturaleza de estos materiales. El país necesita una explicación técnica urgente que devuelva el rumbo a los maestros: conocer los criterios metodológicos aplicados y disipar cualquier duda sobre las mallas curriculares correspondientes a cada nivel.
Ante la incertidumbre instalada en los hogares y las aulas, las vías institucionales deben activarse de manera inmediata. Hacemos un llamado formal a nuestros asambleístas para que, en el ejercicio de sus atribuciones y funciones constitucionales, lideren un proceso de fiscalización riguroso y técnico. La labor del Legislativo en este momento debe centrarse en investigar a fondo los hechos para confirmar o descartar de forma objetiva la gravedad de esta denuncia. La fiscalización es el mecanismo idóneo para transparentar la gestión pública; de encontrarse anomalías que perjudiquen el presupuesto del Estado o el aprendizaje de los alumnos, la ley penal y política deberá actuar con firmeza y sancionar a los responsables.
Garantizar la calidad de la educación pública nos convoca a todos por igual. Desde Zamora Chinchipe, donde la conectividad digital y el acceso a recursos impresos es un desafío diario en las zonas rurales, sostenemos que el debate educativo debe apartarse de la opacidad. El MINEDEC debe viabilizar de forma inmediata las respuestas que la comunidad y la niñez esperan, mientras que la Asamblea Nacional debe asegurar que los recursos e instrumentos didácticos del país se manejen con la máxima rigurosidad. Transparentar este caso es el único camino para devolver la tranquilidad a las familias y asegurar el futuro académico de las nuevas generaciones.

