EL SINCHI DEL ARUCHICO

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Por José Solorzano

 (Relato)

“Mi papá era tranquilito; pero cuando llegaba San Pedro, iba a coger el sinchi de Taita Urco y se volvía loco. Con la tunda les volteaba como a muñecos”. (Relato de Pedro Quinatoa, oriundo de Cangahua)

Para bailar San Juan y San Pedro, los antiguos se preparaban con un mes de anticipación; siquiera con quince días. Era todo un ritual que poco a poco hemos ido olvidando.

Aruchicos, chinucas y diablumas alistaban el zamarro, el diablo y el acial. Limpiaban y cepillaban sus vestimentas, luego las llevaban a las pacchas que, por cierto, también están desapareciendo. Los que vivían en la ciudad, enserenaban los zamarros y los diablos en las huertas de sus casas.

Las pacchas son vertientes de agua helada que baja de los cerros; algunas forman pequeñas cascadas y cochas donde se bañaba la gente para curarse de muchas enfermedades. Allá iban los asiduos danzantes llevando sus atuendos, sus instrumentos musicales, sus aciales. Cuando iniciaba la noche los tendían en el piso, soplaban trago y se amanecían velando, cantando y recitando versos al cerro y a la Pacha Mama. Algunos eran buenos verseadores.

De esa forma agradecían a los dioses por las cosechas y le pedían a Taita Urco que les dé el sinchi para bailar en las entradas de San Juan y de San Pedro.

Al amanecer se metían en la paccha hasta que el cuerpo resista. Salían, se ortigaban de los pies a cabeza y regresaban al agua; cantaban y repetían los versos en alta voz, levantando las manos y respirando profundo. Volvían a soplar trago sobre los atuendos y regresaban a la casa.

– ¡Diosolopay Taita Urco!   ¡Diosolopay, achi taitico!  ¡Diosolopay San Pedrito!  ¡Ahura si estoy listo, carajo! –decían.

Los aruchicos, chinucas, taquidores, campanilleros, chinucas y todos los que fueron a las pacchas podían bailar y cantar la semana entera sin agotarse, visitar las casas de los parientes y amigos pidiendo el diezmo, incluso bajar a ganar la plaza, pelear con gente de otras comunidades y regresar bailando a la comunidad, como si nada.

Esos aruchicos y diablumas infundían miedo porque tenían sinchi; los otros bailaban dos días y se rendían. Así era. Así cuentan.

Las pacchas son sitios con una fuerte carga energética que vigoriza el cuerpo y puede curar varias enfermedades.

Todavía hay personas que hacen estos rituales en los días previos a San Juan y San Pedro. Son pocos, pero los hay todavía.

(Tomado del libro “El Cerro Encantado”. Solórzano Freire José. Miembro de la Casa de la Cultura Ecuatoriana “Benjamín Carrión”. Derechos reservados del autor)

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