Por Dr. Marco Villarruel Acosta
Introducción
Con la masacre israelí al pueblo de Gaza el concepto de genocidio ha vuelto a ganar una gran relevancia en el debate público.
Este texto fue trabajado en el período del operativo Bastón de Moisés, lanzado por Israel específicamente contra el Grupo Hamas contra el pueblo palestino, que inició el 7 de octubre del 2023.
El ataque inicial fue del grupo armado Islámico denominado Al Aqsa (nombre de la tercera mezquita sagrada del mundo musulmán) y se produjo en medio de la fiesta juvenil del verano hebreo. El ataque supuso para Israel la muerte de 1 195 personas (766 civiles, de los cuales 38 eran menores, y 373 militares) y la captura de 251 más, que fueron llevados a la Franja de Gaza, en calidad de rehenes. Al menos 14 de los civiles fallecidos fueron víctimas del propio ejército israelí en cumplimiento de la Directiva Aníbal (que consiste en la eliminación de soldados propios para evitar su detención por parte de fuerzas enemigas). (Wikipedia, noviembre ,2025).
La represalia de las fuerzas armadas israelitas fue de ferocidad inaudita: “Desde octubre de 2023, las fuerzas israelíes han matado a más de 66 148 personas de las cuales más de 18.430 son niños y otros 168.716 han sido heridas, según la Organización Mundial de la Salud.
El ataque islámico y la reacción israelita produjo una enorme reacción mundial a través de extensas notas periodísticas y declaraciones de mandatarios y organizaciones internacionales.
El territorio del Estado de Israel había sido atacado por primera vez en la historia. La versión de las autoridades de israelíes fue que era la continuación del holocausto ejecutado por los nazis desde 1930 hasta 1945 en Europa y que ocasionó la muerte de seis millones de judíos, por lo cual la venganza iría por encima de todas las legislaciones y solicitudes del mundo, como efectivamente aconteció.
Fue de tal magnitud la venganza contra el pueblo desarmado e inerme que ahora se habla de un nuevo holocausto, esta vez del Holocausto Sionista contra el pueblo palestino.
Un origen político-religioso-económico
El Holocausto, también conocido por su término hebreo como Shoa (que quiere decir La catástrofe), es una expresión en los escritos judaicos y fue actualizada por los clérigos judíos especialmente en los tiempos posteriores la 2da. Guerra Mundial. Su significado actual es la narración de los hechos criminales cometidos por los nazis antes y durante la Segunda Guerra Mundial. El discurso judío habla de la muerte de cerca de seis millones de personas, pero no menciona los millones de gitanos, religiosos de otras confesiones, comunistas, ciudadanos/as de Francia, Rusia, Ucrania, países bálticos, negros, asiáticos, blancos no caucásicos, minusválidos, ingleses, checos, polacos, norteamericanos y de muchas nacionalidades, que perecieron en los campos de concentración y en caminos y campos de Europa Oriental.
En la macabra acción contra los judíos, los nazis realizaron una acción de exterminio “de solución final” al problema judío, que era una expresión eufemística, nunca con autorización legal alguna, para referirse al plan para la aniquilación de la comunidad judía en Europa. Quizá el único documento oficial al respecto es el memorando de Herman Goering a Reinhard Heydrich, en el que se le ordena realizar “un plan general … para la ejecución de la solución final prevista a la cuestión judía”, en 1942. Es importante señalar que Israel no reconoce el genocidio de personas que no son judías, por ejemplo, los 28 millones de soviéticos asesinados por los nazis en la 2da. Guerra Mundial, los millones de chinos asesinados por la invasión japonesa, y en otras tantas regiones del mundo durante esa época. No obstante, la ONU rinde homenaje a las víctimas del holocausto cada 27 de enero, fecha que se conmemora el ingreso de las tropas soviéticas liberaron el campo de concentración de Auschwitz el año 1945. En el 2025 la mayoría de países occidentales ignoraron el papel de Rusia en las ceremonias conmemorativas.
Según el historiador del Holocausto, Yehuda Bauer, en Europa se puso en marcha por primera vez un proceso planificado para “localizar, registrar, marcar, aislar, desposeer, humillar, concentrar, transportar y asesinar” a cada miembro de un grupo étnico.
Sin embargo, y por razones de Estado, los Estados Unidos e Israel no reconocen los genocidios de Armenia (Turquía 1905), Ruanda (1994), el genocidio camboyano (1975), el genocidio de Bosnia y Kosovo (1995), Yazidies y Rohingyas (Irak, 2014), y el genocidio de Gaza (2024).
El Holocausto: formidable empresa
Este trabajo no niega el Holocausto entendido como el aniquilamiento de la población, especialmente judía durante la Segunda Guerra Mundial. Lo que plantea es una serie de reflexiones desde la Comunicación, la Sociología, la Historia, referidas a la construcción de un enorme aparato para recordar los hechos, pero fundamentalmente para construir políticas públicas y privadas de carácter político, geopolítico, anexionista, racista, y fundamentalmente, financiero.
El proyecto político-financiero llamado Holocausto se detuvo abruptamente en el mundo durante la guerra de aniquilamiento al pueblo palestino, que le obligó al gobierno israelí a revolver el uso de la palabra Holocausto, ya que su significado se volvió con la guerra contra sí mismo, y también del viejo archivo de las estrategias geopolíticas verbales el vocablo “antisemita”.
Los primeros en utilizar la palabra Holocausto fueron los historiadores judíos desde 1950, y se generalizó a fines de los años 60. Posteriormente la toma de conciencia del Holocausto como hecho histórico real, y luego como formidable aparato propagandístico, pero fundamentalmente como una enorme maquinaria financiera.
La más grande maquinaria de propaganda a favor de una causa religiosa-militar, fue la del Holocausto a partir las postrimerías de la 2da. Guerra Mundial, compuesta por diferentes estrategias de marketing social que contempla la construcción de grandes monumentos conmemorativos en muchas ciudades del mundo, la publicación de testimonios personales y grupales, novelas, estudios, producción de muchas películas, y testimonios de los sobrevivientes.
El primer museo del Holocausto fue inaugurado en 1957 y a la fecha integra una densa y coordinada red mundial de 168 edificios con distintos estilos arquitectónicos y recursos tecnológicos. [1] ¿Pero Finkelstein se pregunta por qué se creó un museo nacional para las víctimas del Holocausto, pero no para las víctimas de la esclavitud estadounidense o del exterminio de los indígenas americanos?
Los fondos para el museo fueron proporcionados por fuentes judías y evangelosionistas privadas, y el apoyo del gobierno de los Estados Unidos.[2] La memoria del Holocausto ha servido para que Israel legitime el sostenido genocidio al pueblo palestino. En la actualidad los Estados Unidos son la sede central de la industria del Holocausto. Y The New York Times es ahora el principal vehículo publicitario de la industria del Holocausto.[3]
Norman Finkelstein afirma que el Holocausto es una representación ideológica del holocausto nazi, es un arma ideológica indispensable, una burda explotación del martirio judío, y también haberlo convertido en un chantaje al pueblo judío para obtener dinero y convertirlo en la Industria del Holocausto, como un Casino de Montecarlo.
La industria del Holocausto brotó después del apabullante predominio militar y propagandístico de Israel de los años sesenta y como tal pasó a desempeñar una función fundamental en la ofensiva ideológica a favor de Israel Quienes se oponen o critican este empeño son categorizados como “terroristas intelectuales”. [4]
En los últimos años la industria del Holocausto se ha convertido lisa y llanamente en una red de extorsión.[5] La iniciativa de comercializar el Holocausto inicia con las millonarias indemnizaciones que el gobierno alemán y la banca suiza entregaron a los sobrevivientes.
Es en el campo financiero donde más críticas ha recibido el organismo mundial que administra esa “marca”, por ejemplo por la opacidad en la presentación de informes financieros, por la opaca recuperación de las indemnizaciones entregadas especialmente por el gobierno alemán; por la falta de información de las enormes cantidades percibidas por los fallecidos; por la recuperación de propiedades y bienes no entregados a sus legítimos propietarios; por el largo contencioso con la banca suiza, donde se esconden enormes cantidades de dinero .
Nunca en la historia humana un acontecimiento tan grave como el Holocausto ha sido promocionado a través de novelas, películas (La lista de Schindler,Topaz, La vida de Ana Frank, La vida es bella, El Pianista, La zona de interés, El hijo de Saúl, Memory of the camps, Vencedores o vencidos), también con conferencias de los sobrevivientes, estudios focales, celebraciones, o donaciones millonarias.
En el aspecto estético no importa que Le Monde haya dicho de La Lista de Schlinder que era un melodrama Kitsch. (El País, enero, 2025). O en la veracidad de los relatos, por ejemplo, cuando a sus 7 años Misha Defonsia “sobrevivió a la persecución nazi gracias a una manada de lobos. Esto dijo hasta convertirse en una celebridad. Luego se descubrió que era falso (El Mundo, 26 de noviembre del 2021).
En este campo, el departamento fílmico del memorial Yad Vashem, en Jerusalem, cuenta con más de un millar de películas sobre el Holocausto,
La industria del Holocausto
Así titula el libro de Norman G. Finkelstein, publicado por AKAL, en 2002, y que sirve de base para analizar “La historia del crimen de los crímenes”, apelativo que endilgara Winston Churchill al Holocausto durante la 2da. GM.
El Holocausto no es fuerte desde la teología, la religión o el racismo (sionismo, semitismo), sino desde la economía política, los procesos y estrategias comunicacionales, el marketing, la banca internacional, las finanzas de las guerras, los secretos bancarios, la geopolítica, y el derecho internacional.
El autor Finkeslstein afirma: “Me da la impresión que en lugar de dar clase sobre el Holocausto, lo que se hace es venderlo”.
Turismo
Una línea muy rentable de negocio del Proyecto Holocausto, 80 años después, es el turismo. Y para mayor atractivo es la presentación de algunos de los sobrevivientes que en el marco del turismo masivo y rezagos de la cultura popular, se adueñan de los memoriales que ahora juegan con la banalización, tal como lo señalara Anna Harendt.
En el año 2024 los visitantes de Auschwitz alcanzaron la cifra de 1´ 830 000 personas para el dark tourismo (visitas a lugares de muertes y catástrofes reales o ficticias) que procuraban tomarse selfies frente a los crematorios.
Lo que pasó es que el campo Auschwitz se convirtió en una gran marca comercial … e ideológica, muy analizada por los teóricos de las industrias culturales “que narra episodios de la historia, como quien crea un sinfín de Disneylandias (Annette Wbeviorka, especialista en Holocausto).
Ya muchos conferencistas coinciden que el “establishment judío estadounidense explota la memoria del Holocausto nazi para obtener beneficios políticos y económicos, así como para favorecer los intereses israelíes. Esta industria del Holocausto ha corrompido la cultura judía y la auténtica memoria del Holocausto.”[6]
Aquí lo hemos enfocado como un tema de industria cultural, marketing del espectáculo, ejemplo de propaganda político-religiosa, que seguramente evolucionará con stickers o videos de niños judíos escupiendo a los niños palestinos o de colonos judíos maltratando a agricultores palestinos.
*Doctor en Ciencias Internacionales
Quito, marzo de 2026
[1] José Steinsleger. La Jornada, México, 4 de febrero del 2026.
[2] Idem
[3] La industria del Holocausto, Norman G. Finkelstein,Akal, 2014
[4] Finkelstein, pp 71
[5] Finkelstein, pp 81
[6] Industria del Holocausto: Reflexiones sobre la explotación del sufrimiento judío” en Wikipedia: La industria del Holocausto. WIKIPEDIA
