Por Jenny Segovia Ochoa

Para poder entender lo que está sucediendo actualmente en Buenos Aires, Imbabura, es necesario regresar en las páginas de nuestra Historia, en ellas podemos encontrar la respuesta a muchas interrogantes.

En tiempos de la conquista, cuando los españoles, llegaron a Latinoamérica, nuestro territorio era inmensa rico en oro, plata, cobre y otros metales, los conquistadores con la ayuda de la iglesia y mediante el uso de las armas, a punta de torturas y muerte nos despojaron de todo cuanto nos pertenecía; la tierra fértil, sus frutos, los metales preciosos, la materia prima y los mismos indios y su capacidad de trabajo, pasaron a ser propiedad privada de la corona española; estos inmensos tesoros, sumados a otros hechos, aportaron en gran medida al desarrollo europeo, incluso podría decirse que fue un medio importante para la acumulación primitiva de capitales.

Sucede que cuando más ricas resultan estas tierras más grave se hace la amenaza que pende sobre sus vidas, nuestra riqueza ha generado siempre nuestra pobreza para alimentar la prosperidad de otros, las minas de plata en Potosí – Bolivia, las minas de oro de Oruro Preto – Brasil, las minas de Zacatecas y Guanajuato en México, la selva amazónica del caucho, entre otras, fueron las zonas más explotadas y las que brindaron en tiempos de la colonia el sustento económico a España y toda Europa; paradójicamente, en la actualidad son territorios con más subdesarrollo en América.

Como se puede evidenciar las concesiones mineras a gran escala no son nuevas en Latinoamérica y nuestro país, los Estados Unidos y otras potencias mundiales, con su hambre voraz de expansión comercial, han tratado desde siempre y por todos los medios, acaparar los mercados internacionales saturándolos con sus productos, como consecuencia lógica de ello, necesitan cantidades de materia prima inexistentes en sus propios territorios para desarrollar su industria, por lo que vuelven su mirada a países como el nuestro, entonces viene el milagro capitalista, saquear las riquezas entregando a cambio dádivas en calidad de ayuda, o a través, de la inversión de capitales en los diferentes proyectos emprendidos en los países subdesarrollados, en complicidad con los gobiernos nacionales, quienes son los encargados de legalizar su presencia, otorgando concesiones, permisos, autorizaciones y licencias.

La minería a gran escala es excesivamente cruel como todas las expresiones capitalistas, no respeta los derechos humanos, peor aún los derechos de la naturaleza, nuestro país no es la excepción, pueblos ancestrales han sido completamente exterminados en su nombre, tenemos como claro ejemplo de ello, los ataques perpetrados al pueblo Shuar ubicado en la Cordillera del Cóndor (Ecuador). Por una parte, se hace uso de mecanismos de apropiación del territorio como la compra irregular de tierras, las demandas de servidumbres mineras, así como la interposición de juicios de tierras en contra de familias posesionarias sin títulos de propiedad, por otra parte, cuando las comunidades ofrecen resistencia al desalojo, el gobierno pone en marcha operativos encabezados por policías y militares, irrumpiendo de manera violenta estas comunidades, dejando a su paso destrucción y muerte.

Igual situación ocurre en los actuales momentos, a pretexto de eliminar la minería ilegal que en realidad es minería artesanal, no crimen organizado como nos pretender hacer creer, el gobierno espera entregar vastos territorios una vez más a los grandes imperios internacionales, empresas chinas y canadienses serán beneficiadas con cifras multimillonarias, mientras que el Estado Ecuatoriano recibirá apenas entre el 0,5 y 0,6% de dichos contratos.

Están en marcha según indican funcionarios del gobierno de Lenin Moreno, “importantes proyectos” para la concesión minera a gran escala, estos al igual que en la época de bonanza petrolera encabezada y conducida por Rafael Correa durante diez años de mandato, traerán como consecuencia la continuidad de los actos de corrupción por parte de los funcionarios del gobierno, prebendas y negociados y graves impactos en la naturaleza, como la ausencia cada vez mayor de animales silvestres en las zonas intervenidas, la contaminación y el deterioro del agua de los ríos, la contaminación acústica por el uso de explosivos y circulación de maquinaria pesada, la destrucción de los bosques nativos y la capa vegetal, y lo que es peor, la ruptura de las culturas de  las poblaciones afectadas y su desplazamiento involuntario, obligándolas a inmigrar a los ciudades con mayor concentración de población en busca de medios de subsistencia, lo cual conlleva a un incremento de los problemas sociales. 

Al igual que en tiempos de la colonia, los pobres seguiremos siendo más pobres y la riqueza seguirá concentrándose en las mismas manos de los oligarcas que gobiernan nuestro país y el mundo. 

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