Por: Remo cornejo Luque

El cinismo y la sinvergüencería ha sido la impronta de 14 años de desgobierno de los Atraca País (AP). Las últimas declaraciones del presidente cuántico son una muestra más de la afirmación que hago.   

Sostener: “Habíamos heredado una catástrofe, yo no heredé un gobierno, heredé una emboscada… es la típica emboscada que suelen tender los socialistas del siglo XXI para quienes les suceden en el poder, una emboscada para hacer que fracase”, es una aseveración que insulta la inteligencia de los ecuatorianos y raya todo límite de tolerancia.

Moreno fue actor principal, desde el surgimiento del correísmo, de los enunciados falsetas de la “revolución ciudadana” y del concepto antimarxista del “socialismo del siglo XXI”. Fue vicepresidente, entre 2007 y 2013, del proyecto socialdemócrata y reformista, sostenedor del sistema capitalista; desde abril del 2013 fue delegado por la ONU, con el respaldo de Correa, en Ginebra sobre Discapacidad y Accesibilidad; y en 2017 terció para la presidencia de la República por AP, como hombre de confianza del proyecto político del correísmo. Es decir, Moreno fue parte activa y se benefició de la “década ganada” de las listas 35.

La violación constante a los Derechos Humanos, la afectación de las organizaciones sociales que no comulgaban con el oficialismo, la represión y judicialización a miles de luchadores sociales, la negación del derecho a educarse en las universidades a cientos de miles de jóvenes; los sobreprecios en las obras, las coimas, los diezmos obligados, los cientos de casos de corrupción; la concentración de todos los poderes del Estado para crear el poder omnímodo del autodefinido “mesías”; la matriz energética que no promovía ningún cambio estructural sino más bien daba luz verde para continuar con los negociados que a la postre favorecieron la creación de los nuevos ricos de AP; las leyes promovidas en una Asamblea Nacional, ciega, sorda y muda, al servicio de los grupos económicos financistas del correísmo; toda esta actuación y muchas más, se dio con el concurso, el aval, el tutelaje y el acuerdo del sucesor de Correa. En términos sencillos, tan responsable es Correa como lo es Moreno y tratar de despercudirse de un proyecto que tiene su rúbrica es pretender lavarse las manos como Poncio Pilatos.

 El gobierno de Moreno es la herencia del correísmo, es el legado de una política antipopular al servicio del FMI y del capital local e internacional. Es la continuación de una política que va en desmedro de los intereses de los trabajadores del campo y la ciudad, de las mujeres, de la juventud, de los pueblos del Ecuador. Es también la culminación de una etapa política nefasta para el país, donde lo que ha sobresalido son los actos de corrupción.    

La organización y resistencia social, así como la misma sabiduría popular ubica con claridad meridiana el cordón umbilical y el linaje político de Moreno y por esta razón serán castigados, correístas y morenistas, en las urnas el próximo 7 de febrero de 2021.

La alternativa, desde las entrañas populares, va cobrando fuerza, va creciendo en incorporación y aceptación, va consolidándose en el proyecto político Minga por la vida, con Yaku a la presidencia, y convencidos de que «Solo el pueblo salva al pueblo».

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