Los Noboa, una fichita

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Por Francisco Garzón Valarezo

A propósito de la ventaja electoral lograda por el señor Daniel Noboa en la última elección presidencial, se ha destapado en las redes una ruidosa campaña afanada en ubicar a esta familia como baluarte del sacrificio y el trabajo.

Parece una cruzada inocente, pero no. Esa campaña tiene componentes ideológicos y políticos definidos y busca apuntalar la naturaleza de un sistema social podrido.

“Heredé de mi padre la pobreza”, dizque ha dicho el señor Luis Noboa Naranjo, abuelo del candidato Daniel Noboa. Que vendía lotería y anunciaba peleas de box. También ha contado este abuelo que ganó su primer millón exportando arroz en el barco Río Iguazú, el año 1941, pero no ha contado nunca como ganó los siguientes millones.

Los Noboa vienen de una cuna vinculada a encopetadas familias de la aristocracia con quienes comparten relaciones de sangre e intereses económicos afines con la banca, el comercio y la renta. El cuarto abuelo de Daniel Noboa, Diego Noboa Arteta, fue presidente de la república el año 1850.

Que le portan bronca porque es rico, joven, guapo, talentoso, dicen, pero la verdad es única. La familia Noboa debe al fisco más de noventa, si, más de noventa millones de dólares. En 1939 el abuelo del candidato Noboa se vio involucrado en el turbio negocio de una carga de oro que iba al Perú. En 1968 Asaad Bucaram, alcalde de Guayaquil clausuró el muelle que la familia Noboa tenía en la orilla del río Guayas por porque no pagaba impuestos. Aplicó la desleal practica del dumping en perjuicio de la exportadora de banano ecuatoriana Tropical Fruit, para favorecer a la extranjera Standard Fruit. En 1964 el gobierno clausuró la piladora de la familia Noboa, asegurando que andaba en negocios turbios con el arroz. En 1974 la dictadura de Rodríguez Lara, acusó a Noboa de evadir impuestos, lo obligó a pagar y encarceló a uno de sus empleados, León Febres Cordero. Esto asustó al “patriota” Noboa Naranjo que fue a radicarse en los EE.UU., pues en 1944 ya había pisado la cárcel como consecuencia de la asonada del 28 de mayo de ese año.

A más de los abusos contra los trabajadores y el odio feroz entre hermanos por quedarse con la fortuna que dejó Luis Noboa, estos son, a vuelo de pájaro unos ralos casos que revelan el talante de esta presunta virtuosa familia.

Elegir para presidente a un Noboa, o a un secuaz del correísmo, es como esperar a que un esclavo pretenda que su esclavista lo libere de la opresión.

El voto nulo es la opción de los ecuatorianos.

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