Noboa no representa al pueblo

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Por Remo Cornejo Luque

‎‎Lejos de las narrativas oficiales de que las ideologías ya no existen, la historia republicana del Ecuador se ha forjado al calor de una incesante lucha de clases por el poder político, una disputa estructural donde las corrientes conservadora y liberal constituyeron los troncos madres de los partidos tradicionales, dedicados a hegemonizar con su ideología los intereses del grupo social al que pertenecen o representan.‎

‎Bajo estas premisas, a lo largo de la vida política ecuatoriana han existido grandes oradores y estadistas que supieron representar con firmeza y lucidez a su clase social, claro, siempre en desmedro de los trabajadores y el pueblo en general. No obstante, la historia también registra torpes y malos dignatarios. El escenario actual en Carondelet encaja en esta última categoría: Daniel Noboa no solo destaca como un pésimo orador, sino como un mal gobernante, mentiroso e incapaz de articular un discurso propio. Su presencia es pura teleprónter; una figura de marketing elaborada por asesores «madre in USA» donde no hay pensamiento independiente, sino una gestión sostenida de incumplimientos donde la mayoría poblacional lo condena y reprueba categóricamente.

‎‎La maquillada y falsedad discursiva con que se promueve el «Nuevo Ecuador», se estrella de frente contra una realidad dramática: mientras el mandatario prioriza tarimas virtuales, el país padece inseguridad, desempleo y carestía. Vuelven los apagones prolongados, provocando la parálisis productiva debido a una crisis energética que demuestra la absoluta incapacidad gubernamental. La actual administración prioriza estrictamente la agenda del FMI que favorece a grupos empresariales y al gran capital. Los datos del INEC revelan la asfixia popular: la Canasta Familiar Básica alcanza los USD 825,17, cifra inalcanzable para el trabajador promedio, cuyo salario básico apenas cubre el 58% de dicho costo. Esta realidad golpea con más saña en un país donde la pobreza por ingresos lacera al 21,4% de la población y la pobreza extrema condena al 8,3% de los ecuatorianos a la miseria, mientras la tasa de desempleo se maquilla en un 3,1%. El contraste es obsceno: las familias se empobrecen y la banca privada reporta utilidades netas récord de USD 631 millones.‎

‎Frente a este escenario de desgobierno, el descontento popular es absoluto. Las jornadas de movilizaciones convocadas por el Frente Popular, FUT y UNE para este 8 de octubre son el preludio del destino de este régimen. El hartazgo popular exige que la incapacidad presidencial dé un paso al costado. De cara a las elecciones del 29 de noviembre, la meta es exigir comicios transparentes; con seguridad, la fuerza de las calles traducirá el descontento en una contundente derrota en las urnas para ADN y la oligarquía, dando paso a un liderazgo que encarne verdaderamente el mandato de las mayorías populares.

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