Notas elementales de política unitaria

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Cuestiones de política y democracia (I) En el siglo XXI, también después de Cristo, todavía la República Dominicana se vincula de manera oficial a la iglesia católica, apostólica y romana, mediante un Concordato. Por MANUEL SALAZAR 26-12-2022 00:04 La cuestión de la democracia El tema de la democracia es tan viejo como reflexionado. Está fuera de debate que su creación, como práctica primero, y luego como sistematización de un pensamiento, corresponde a los griegos de la antigüedad. Ya en el siglo VII antes de Cristo, en momentos distintos, y con acepciones y prácticas distintas en función de coyunturas políticas y sociales específicas. En un primer momento, la democracia surge como hecho, como práctica en función de necesidades específicas de las circunstancias que envolvían las ciudades, principalmente la de Atenas, que fue el lugar más relevante en la práctica democrática de entonces. No puede decirse que en este momento existieran unos principios, o ideales guías, que orientaran el quehacer democrático. Esos principios, digamos que la teoría, aparecería después, como es lógico. Porque la teoría no es más que la práctica reflexionada, generalizada en las enseñanzas principales, constantes, que destacan. La práctica democrática apareció primero, y las reflexiones sobre la misma aparecerían después, incluso con opiniones críticas a la misma. Destacan las opiniones de Platón, en su obra la República y las de Aristóteles, en La Política. Las luchas de los de debajo de entonces, campesinos y otros sectores, y probablemente la necesidad de contar con una fuerza humana para las guerras frecuentes contra otras ciudades condujeran a los líderes griegos a implantar un régimen democrático que llegó a dar participación directa del pueblo en el gobierno, o en los diversos instrumentos de este, Solón (años 638- 558 antes de Cristo) respondió en un espíritu democrático a las luchas de los campesinos que reclamaron modificar la tenencia de la tierra, acaparada por la oligarquía terrateniente. La Eunomia, como se denominó el régimen que instaló, pudiera ser considerado un embrión del régimen de democracia representativa que en las condiciones del capitalismo se instaló en la mayoría de los países de occidente. Aristóteles consideró que Solón llevó la democracia a occidente. Era un régimen dominado por la aristocracia, con concesiones a los campesinos y lo que entonces era considerado como pueblo. Solón llamaba a los funcionarios “a respetar y tratar bien al pueblo”, y a este, a “respetar las leyes y pagar los impuestos”. Un gobierno dominado por los de arriba, pero que por las luchas de los de abajo impulsó reformas que constituyeron cambios avanzados. Hizo una reforma en la tenencia de la tierra; condonó deudas a los campesinos; eliminó el derecho de los padres a decidir hasta la vida de sus hijos, e implantó el derecho de estos a la herencia, para dar continuidad a la producción económica; eliminó la práctica de la mendicidad de los niños y obligó a los padres a protegerlos y educarlos; redujo la influencia de la religión al establecer que la justicia social no vendría de lo divino, sino de la acción de los hombres (de los seres humanos, debe decirse hoy, para integrar la categoría de género). Hubo luchas de los campesinos reclamando que se redujera el poder de la oligarquía; y sea en respuesta a esto, o por otras razones, quizás la necesidad de unir la ciudad para contrarrestar las amenazas de guerra de otras ciudades, el hecho es que Solón se inscribe en la historia universal como uno de los precursores de la democracia. Considérese en favor de ese proceso, que medidas parecidas fueron adoptadas en República Dominicana en el siglo XX después de Cristo; en la constitución de 1963, promulgada por el profesor Juan Bosch, presidente de la república entonces, y por estas y otras, la oligarquía criolla y el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica le dieron un golpe de Estado. Además, en el siglo XXI, también después de Cristo, todavía la República Dominicana se vincula de manera oficial a la iglesia católica, apostólica y romana, mediante un Concordato, y se considera como un hecho de suma importancia, “interés de Estado”, que la biblia sea repartida y leída en las escuelas
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Por: Manuel Salazar

La unidad es un espacio y momento, grandes o pequeños, en el que confluyen coincidencias, criterios y voluntades en busca de un objetivo. Ahí se llega afirmando en lo que se coincide; haciendo concesiones, renunciando a parte de los intereses e ideas propios, todo en favor de un acuerdo que ponga a sus participantes en mejores condiciones de alcanzar un objetivo común, o avanzar hacia el mismo.

La unidad es una síntesis de coincidencias y concesiones entre partes que se unen en busca de un propósito. En unidad, se da y se recibe, y las partes quedan en conformidad, y así, en la voluntad de trabajar con resolución para alcanzar los objetivos comunes propuestos.

No existe verdadera unidad sin coincidencias esenciales, y sin que las partes recorten algo de lo propio en favor del conjunto.

Estos criterios han atravesado las experiencias revolucionarias más trascendentes y los procesos de avances democráticos; desde  la  parte-  historia  revolución de octubre de 1917, liderada por Lenin;   la gloriosa  de Cuba, encabezada por el comandante Fidel Castro desde los años de 1950 en adelante: e  incluyendo los pronunciados cambios hacia delante de la llamada ola progresista  que ha tenido lugar en Venezuela, Bolivia,  más reciente en Colombia, y en otros países de América Latina en los últimos 20 años. Y es así, se miren esos procesos a través de conceptos teóricos de análisis; o se haga con la política «de oído», como es lo dominante en la República Dominicana.

 Los hechos son los hechos sobre la cuestión de la unidad política.  Estos son tan frecuentes y constantes en una esencia, que convierten en ley que esta es, una suma de coincidencias y concesiones mutuas entre las partes.

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