Por George Greene/EEUU

Una vez más hemos visto la muerte de parte de la policía de un inocente afro-estadounidense.

George Floyd, un residente de Minneapolis en el Estado de Minnesota (en el parte norte-central de los EEUU), estaba arrestado por ningún crimen violento y probablemente de ningún delito, de nada. Él estaba en esposado y boca abajo en la calle cuando un policía puso su rodilla en su cuello, con tres más policías mirando. Aunque Floyd dijo repetidamente “No puedo respirar,” el policía continuo sofocándole hasta murió.

El jefe de policía inmediatamente despidió a los cuatro policías, esperando que eso vaya a apaciguar al pueblo, pero claro que no era suficiente. Entonces, el fiscal puso un cargo de tercer grado al policía que directamente mató a Floyd. Después, tuvo que  elevar el cargo al asesino de segundo grado, y otro cargo de cómplices de asesinato en contra los otros tres policías.

Manifestación en Harlem, 3 de junio

Cuatro siglos desde empezó la esclavitud de Africanos en América del Norte (1619), 155 años después del fin de la Guerra Civil que ponía fin a la esclavitud en los EEUU (1965) y 55 años del Acta de los Derechos Civiles (1965), el asesinato de afro-estadounidenses por parte de la policía y racistas blancos aún continúa. En general, los policías asesinan más de mil personas al año, casi tres por día. Y en la gran mayoría de los casos, las policías lo hacen con impunidad total. Es claro que la opresión de los afro-estadounidenses es parte integral del sistema capitalista en los EEUU.

Esos asesinos han conducido a grandes manifestaciones y levantamientos populares en todos partes del EEUU. Participan decenas de miles de personas, en mítines y manifestaciones en las calles. En Minneapolis, un precinto de la policía estaba totalmente quemado. Había grandes manifestaciones frente de  la Casa Blanca en la capital de Washington. Aunque la mayoría de las participantes estaban afro-estadounidenses, habían también otras nacionalidades oprimidas (latinos, indígenas y otros) y blancos, particularmente jóvenes. Hubieron muertos, muchos heridos y arrestados, pero eso no puede detener los protestas.

Los afro-estadounidenses ya tienen las más pésimas condiciones de vida en el país. Generalmente, tienen trabajos con los sueldos más bajos (particularmente en el sector de servicios), los más altos niveles de desempleo (particularmente en este periodo de la crisis económico y de la pandemia), los peores condiciones del salud, las escuelas más malas, etc. También sufren del encarcelamiento masivo. Hay un sector de la clase media, pero eso no cambia la situación general. También, tienen unos de los más altos niveles de sindicalización, particularmente en el sector público, y entonces juegan un papel muy importante en las luchas de la clase obrera en total.


Manifestantes recinto de la policía en Minneapolis

Los dos partidos principales de la burguesía, Republicano y Demócrata, están tratando de reprimir el movimiento. Trump mandó a los policías con la orden de usar balas de gas pimienta contra los manifestantes, y el alcalde “progresista” en Nueva York declaró un toque de queda a las 8 pm para prohibir a las manifestaciones.

En los últimos días, grupos conectados al Partido Demócrata han tratado de influenciar el movimiento con una dirección más reformista. Hasta el Comisionado de la Policía en Nueva York, Dermot Shea, dijo que “el Departamento de la Policía está con la familia de George Floyd.” Pero es una hipocresía grande, porque en 2014 un policía mató a Eric Garner en Staten Island, Nueva York, en una manera casi exactamente similar, con por los menos otros seis policías mirando, Claro que ningunos de ellos fueron enjuiciados.

Hasta ahora, el movimiento tiene un carácter espontáneo. Aunque las masas entienden que hay muchas policías asesinos, en su mayoría, no se entiende que son parte de órganos de represión de la clase capitalista. Los grupos revolucionarios, y en particular los marxistas-leninistas, son aun debiles. Nosotros necesitamos formar cuadros de agitadores, propagandistas y organizadores preparados de participar en las manifestaciones y darlos un carácter más consciente de clase.

Pero, por ahora, el más importante es que el movimiento no se detiene, ni por la policía, ni por las restricciones impuestas por la covid-19.

¡Ni la represión del Estado ni el Covid-19
puede detener la lucha popular!