Por Jaime Chuchuca Serrano

Poco a poco van cayendo los análisis simplistas de la segunda vuelta presidencial colombiana. Al conocerse los resultados de la primera vuelta, la mayoría de comentaristas y medios prouribistas dominaron la escena augurando que solo había que sumar los porcentajes de Fico y Hernández para la segunda vuelta y ya estaba: ¡gana Hernández! Incluso, al inicio un sector del petrismo tenía esa misma idea. Sin embargo, las mismas encuestadoras prohernández (léase prouribe), han demostrado que los procesos electorales no se pueden predecir por sumas simples, sin tener en cuenta el escenario político, y ahora señalan que hay un empate técnico para la segunda vuelta entre Petro y Hernández. Hasta la CNN sostiene que hay empate técnico. No obstante, para que la CNN diga que hay empate técnico, eso más bien da cuenta que Petro de seguro se encuentra adelante en el porcentaje electoral. En esta ocasión, las encuestadoras ocultan la caída de Hernández atrás del supuesto empate.

Petro es el candidato emergente en estas elecciones, en su haber tiene decenas de luchas y se ha batido contra la élite colombiana en innumerables ocasiones. El “techo electoral” que le vaticinaron los politólogos de derechas, es lo que ellos quisieran, antes de lo que en realidad está sucediendo. Después de las primarias, ya decían que Petro no podría subir de 6 millones de votos, sin embargo, alcanzó 8 millones y medio de votos (40,31%) en primera vuelta. Parte del electorado antiuribista que desconocía la figura de Hernández, prefirió votar por este antes que por Petro, por la distorsión comunicativa de la propaganda electoral. Sin embargo, para la segunda vuelta los colombianos se dieron cuenta de las incoherencias monumentales de Hernández, que se ha atrevido a decir que los colombianos deben trabajar de 10 a 11 horas y gastar a lo mucho 30 minutos en comer. Hernández es la carta deyecta y autoritaria de la crisis de la élite colombiana, no el outsider que se pintó desesperadamente. Hernández no es Trump, y Colombia no es EEUU. Mucho del porcentaje electoral de Hernández (28,19%) de primera vuelta irá para Petro, lo que será reemplazado con la votación que obtuvo Fico Gutiérrez.

Hay dos ejes centrales en estas elecciones: el antiuribismo y la paz en Colombia. Petro se ha abanderado de la paz y el uribismo ha sido identificado como el generador del conflicto. El mapa electoral colombiano ha cambiado indudablemente de tendencia. Petro ganó en 20 departamentos, en 10 de esos en 2018 ganó Duque. Petro superó a Duque, respecto a la primera vuelta de 2018, en 1 millón de votos. Para Petro-Márquez es mucho más fácil sobrepasar la barrera del 50% en segunda vuelta por las mismas debilidades de Hernández que al revés. Es difícil que el electorado razonable se identifique con la figura de Hernández: irracional y poco prolija. Al contrario, el binomio Petro-Márquez se presenta supremamente coherente, racional y elocuente.

Las izquierdas en Colombia (en Latinoamérica) siempre han tenido elecciones cuesta arriba y esta no es la excepción. Un país no se puede cambiar en un período presidencial. A excepción de un presidente, desde la fundación de la República de Colombia, la izquierda no ha ingresado a Nariño. La vitoria del Pacto Histórico con Petro y Márquez alteraría la política regional. Con el Pacto, de cumplir su plan de gobierno, empezaría el declive la maquinaria de muerte cuajada cual sangre en el Estado; se abrirían las puertas para solucionar el conflicto armado y la violencia paramilitar; la narcopolítica interestatal perdería su sala de máquinas. Sin embargo, la cosa no se muestra fácil, la extrema derecha respondería.  Con Petro-Marque podría empezar el desarme de la élite de siglos en el Estado colombiano, aunque tenga bunkers de difícil acceso. Se podría alterar la circulación de capital proveniente del narcotráfico en la región, incluyendo en EEUU. Los futuros escenarios políticos nacionales se reconfigurarían, al igual que los tentáculos de EEUU sobre Latinoamérica. Si el Pacto Histórico cumple con su programa, disminuirían las fichas del tablero del conservadurismo latinoamericano.