Por: Remo Cornejo Luque

Los pueblos son los hacedores de la historia, son los propulsores de los cambios de los modos de producción y de las formaciones económicas sociales, desde la comunidad primitiva hasta nuestros días.

En el Ecuador, nuestros pueblos originarios se organizaron y resistieron a la invasión y tiranía incásica y española, enfrentaron -desde que somos república- a los regímenes conservadores y liberales, a las dictaduras civiles y militares, al neoliberalismo y al desarrollismo, siempre en la búsqueda de mejores días, por progreso y bienestar para los pueblos y nacionalidades indígenas.

La aspiración de cambio de los pueblos siempre ha estado presente. Se expresa en la lucha por trabajo, por estabilidad laboral, por seguridad social; se desarrolla en defensa de la vida y la salud, del agua y la naturaleza; se manifiesta exigiendo el derecho a la educación y a la vivienda, pero también se denota en el ejercicio del voto, en la designación de sus mandatarios.

Cuando se elige a un nuevo presidente, se lo hace pensando que las cosas cambiarán para bien de los de abajo, pero lamentablemente hasta ahora no ha sido así. Se ha designado a quienes se hacen pasar por pueblo, sin ni siquiera serlo, y allí empieza el desencanto.

El pueblo debe votar por el auténtico representante del pueblo, no debe votar por banqueros ni corruptos, por neoliberales ni demagogos. Solo el pueblo, es capaz de salvar al pueblo. 

Hoy urge un gobierno de las mayorías, del pueblo y para el pueblo, con un bloque parlamentario de mujeres y hombres, capaces y consecuentes, que asuman la tarea de legislar y fiscalizar junto a los trabajadores, la juventud y los pueblos del Ecuador en una gran MINGA POR LA VIDA, y ese bloque legislativo está en las listas de Unidad Popular, listas 2. Desde ese espacio se debe impulsar: Salud para la vida digna; seguridad social; una política económica transformadora y comunitaria; que nadie se quede sin educación; que promueva la soberanía alimentaria; la recuperación de la madre tierra de las políticas extractivistas; y que extirpe la corrupción.

Esa corriente de cambio, de lo nuevo, la representa Yaku, quien viene recorriendo el país ganando adeptos y recuperando la esperanza a los trabajadores y pueblos de que sí es posible construir un nuevo Ecuador, diferente, próspero, que deje atrás el pasado de ignominia que hemos vivido.