Por Jaime Chuchuca Serrano
Con la intervención en Venezuela, Trump fortalece la estrategia imperial de los Estados Unidos sobre los países latinoamericanos y del mundo. Se renuevan las ansias de los países grandes sobre los países pequeños, de cualquier alianza sobre un país lo suficientemente desprotegido. Para Trump prevalece la fuerza y quiere apoderarse del petróleo y recursos venezolanos. Además, Trump ha subrayado sus objetivos expansionistas sobre Groenlandia, México, Colombia, Panamá y otros países. La lucha de clases y la guerra imperial ocupan el centro del tablero geopolítico; esta es la forma de comprender la consigna de Trump: Make America Great Again (Hagamos América Grande de Nuevo).
En el desarrollo de la Doctrina Monroe y la estrategia nacional de seguridad, Estados Unidos se inventó la guerra preventiva “a discreción”, un verdadero crimen de guerra. Lo cual es completamente diferente a la guerra de anticipación cuando un adversario incrementa su capacidad bélica y de acción militar. En las guerras, EE.UU. ha creado las coartadas menos creíbles: en Irak habló de las “armas de destrucción masiva” que en realidad nunca existieron; ahora, Trump creó el misterioso Cartel de los Soles, atribuyendo a Maduro la dirección. A los pocos días, el Departamento de Justicia lo contradijo, cambiando el cargo de “narcoterrorismo” a “clientelismo” y “corrupción”, tras el secuestro.
Todo esto, mientras Trump acuerda que Delcy Rodríguez se quede en la presidencia (Rusia también la respalda). A Rodríguez le toca pactar con todos, en las complejas circunstancias internas y externas; entre ellas la escisión del chavismo. La creación de un frente interno proestadounidense dentro del gobierno venezolano permitió el secuestro de Maduro y el enfrentamiento al chavismo, lo que podría desembocar en una guerra civil. Estados Unidos tiene larga experiencia en las operaciones políticas; a veces camufladas de golpes de Estado (Zelaya, Evo, Rousseff, Castillo, Lula); otras, de intervenciones armadas directas (Husein, Al-Gadaffi, Yúshchenko, Al-Assad, Maduro); así como una gama numerosa de fraudes electorales o presiones institucionales.
El poder del más fuerte se impone sobre el derecho, es la estructura imperial del sistema global y nacional. A Trump le importan más los recursos naturales que ninguna democracia. En el ataque a Venezuela, Trump se fue sobre la propia Constitución de EEUU, no tuvo aprobación del Congreso; y no había amenaza de guerra. La lucha por la autodeterminación de los pueblos y el respeto a la soberanía cobra relevancia, en momentos en que el autoritarismo yanqui prevalece en el mundo. Los pueblos tienen derecho a elegir a sus gobiernos y a estar libres de coacciones. Trump envía un mensaje a todos los gobiernos que no se supediten a su poder. Se amplían las características fascistoides del trumpismo y su séquito.
De la política internacional de Trump, Rusia y China sacan como conclusión que no pueden sobrevivir sin fortalecer su poder bélico, aunque esta última ha practicado la convivencia pacífica.
