Por Remo Cornejo Luque
La primera vuelta electoral del 9 de febrero estuvo signada por algunas peculiaridades.
La polarización, trabajada en favor de correístas y anticorreístas (canalizada por la derecha «ligth» neoliberal), obtuvo el 88,17% del electorado. Los votos nulos alcanzaron el 6,8 % y los blancos el 2,16 %, es decir, 1.009.322 de personas rechazaron los diversos binomios votando nulo o blanco. Hubo 2.467.705 (17,97%) que no acudieron a las urnas.
Sobresale en estos datos el VOTO NULO, que se situó debajo de la votación de quienes entraron al balotaje, es decir, se ubicó en tercer lugar, superando a Leonidas Iza y Andrea González que se los consideraban outsider.
Con seguridad, tal como va la campaña de la segunda vuelta donde se vienen «sacando los ojos» los candidatos finalistas, sin propuestas políticas creíbles y coherentes; con ataques personales y de denuncias mutuas sobre actos de corrupción y de supuestos respaldos de mafias delincuenciales; es imaginable que el porcentaje de rechazo, a las dos candidaturas, exprese un aumento el 13 de abril.
Este fenómeno de repulsión es legítimo, pues ANULAR EL VOTO no favorece ni a Noboa ni a Correa, no es un cheque en blanco, al contrario, los condena y no se presta ni compromete al juego de sus ofertas demagógicas y clientelar. Es una corriente de desencanto popular que crece, -en medio de ese «fuego cruzado verbal»-, en los diversos sectores sociales al ver cómo utilizan, manipulan y prostituyen la política para sus intereses particulares y de grupos económicos.
En esta corriente de desencanto y rechazo popular se encuentran las organizaciones sociales, gremiales, sindicales, que han sufrido en carne propia la división y persecución del correísmo; las personalidades y ciudadanos defensores de la naturaleza, la ecología, los Derechos Humanos, que confluyen en acciones contra el sistema capitalista violador de derechos y depredador; los jóvenes que vieron frustrada su aspiración universitaria durante la “década robada»; los profesionales desempleados que ven truncado su deseo de tener ingresos laborales fijos; las amas de casa que ven el grado de afección a sus hijos ya sea por la tabla del consumo de la droga así como por el accionar de la delincuencia organizada; los jubilados que cobran bonos y no pueden disfrutar de su dinero en efectivo.
Están también los decepcionados que respaldaron a Noboa en el 2023, sean éstos de pensamiento liberal o meramente anticorreístas viscerales. Son personas que consideran que Noboa no sabe cumplir su palabra, que es igual o peor de mentiroso y corrupto que Correa.
Se adhieren los profesionales del derecho, constitucionalistas, defensores de la democracia y opositores a cualquier expresión de autoritarismo y violación de la Carta Magna. Noboa viene haciendo tabla rasa de la Constitución igual que lo hizo Correa.
Asimismo, son parte de esta corriente, las organizaciones y partidos políticos de izquierda, revolucionarios, que se han movilizado en las calles enfrentando tanto a la política socialdemócrata (sostenedora del sistema capitalista) de Correa, así como al neoliberalismo de Noboa.
Lo claro de esta posición es que no hay mal menor, ambos finalistas son males mayores y no podrán resolver los acuciantes problemas de la población ecuatoriana, serán inútiles, puesto que ambos pensamientos y a quienes representan tienen como prioridad defender al capital por encima del ser humano.
¡El Voto Nulo sí sirve!