¿Un fatasma recorre el mundo?

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Por Jaime Chuchuca Serrano

Un Marx de 29 años escribía en 1847, la célebre frase: “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo”, al inicio de El Manifiesto del Partido Comunista, que firmaría junto a Engels y se publicaría en 1848. En el siglo XXI, como una cuestión óntica del capitalismo y de la política de derechas y extremas derechas, estas motejan de comunistas a la oposición. Trump calificaba a Biden de comunista; Milei llamaba comunista al Papa Francisco. Trump también dice que León XIV está alineado con la izquierda radical.

Esta formación discursiva de las derechas, reconoce como una potencia al socialismo, al comunismo, a las izquierdas. Hace más de una década los capitalistas estadounidenses tienen miedo del “socialismo chino”, o lo que llaman la “economía mixta”, aunque producen y comercian con este. La extrema derecha estadounidense, encabezada por Trump, que lanzó la guerra comercial contra el gigante asiático, reconoció que la perdió. Ante esto, Trump fortaleció la Doctrina Monroe de 1823 (hoy llamada Don-roe) para las intervenciones neocoloniales, los golpes de Estado, los regímenes militares y las operaciones ilícitas en todo el planeta.

El simbolismo siniestro de Trump es el del oligarca global, (lejos de la quimera liberal del buen empresario), que se expande por donde quiere: por Palestina igual que por Groenlandia, por el Canal de Panamá igual que por Ecuador y Perú; que extranjeriza tierras en Argentina y amplía bases en Colombia; que viola las leyes de Brasil y de Chile, igual que de Europa; que secuestra a Maduro en Venezuela, asesina a los líderes iraníes o detiene al Fiscal de Bolivia (porque investigaba al Zar de los Bots, Cerimedo).

No hay proceso electoral en América Latina, África ni Europa, que no haya intervenido Trump y sus fuerzas. No hay ninguna guerra en el mundo sin presencia de EE. UU. Las operaciones de la CIA están por igual en el hundimiento de barquitos pesqueros, que en la evangelización y conquista del espacio virtual. Los dueños de las redes sociales hegemónicas y de varias IAs son de la más rancia extrema derecha, como Mark Zuckerberg, Elon Musk y Peter Thiel. Estos, y otros personajes, manejan directamente los algoritmos en las campañas electorales y en las guerras.

En definitiva, el gobierno de Trump con su objetivo de reordenamiento mundial, busca acabar con el derecho internacional y las Constituciones de cualquier país. En esta situación, a la oposición le llaman comunista. Entonces, es obvio que una política económica diferente, como de los BRICS, se convertirá en alternativa frente al dominio del petrodólar coactivo. Al mismo tiempo, son razonables las coincidencias conceptuales en los países de los BRICS, de algunos gobiernos progresistas latinoamericanos, de las izquierdas latinoamericanas, africanas, asiáticas y europeas, como la prosperidad común, frente al supremacismo blanco estadounidense; la coexistencia armónica del ser humano y la naturaleza, frente al extractivismo absolutista; el desarrollo pacífico en lugar de la guerra (aunque se critique la categoría desarrollo); y el respeto al derecho internacional y la autodeterminación de las naciones.

No es cuestión de copiar modelos, sino reflexionar en los métodos, que abren los senderos de la independencia y la soberanía, de los derechos de los pueblos, de la cooperación e igualdad en base a beneficios mutuos. Un sur global que nutre su conocimiento y experiencia con las tradiciones culturales propias sin cerrarse a la diversidad de las civilizaciones. Y son estas mismas reivindicaciones, que recogen los movimientos sociales desplegados en varios países del mundo, de modo objetivo, material, más allá de la fantasmagoría espectral.

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