Por Remo Cornejo Luque
El 26 de octubre de 1881 nació en Cayambe Dolores Cacuango, “Mamá Dulu”, dirigente indígena y militante comunista que enfrentó el racismo, la explotación terrateniente y la opresión de los pueblos originarios. Desde la organización campesina levantó las banderas de la lucha por la tierra, la educación y los derechos colectivos. Su vida fue un ejemplo de resistencia frente a las estructuras de poder y su legado sigue vigente en las luchas populares del Ecuador. ¡Como la paja de páramo, su rebeldía sigue creciendo!
A 145 años de su natalicio, evocar a Mamá Dulu no es un ejercicio de memoria estática, sino una urgencia política. Las tiranías y el despotismo colonial que ella combatió descalza en el fango de la hacienda no han desaparecido; se han metamorfoseado en nuevas formas de opresión. Ayer fue el patrón latifundista, hoy es el régimen de Daniel Noboa, cuya gestión encarna el retorno de un neoliberalismo voraz, indolente y profundamente autoritario.
El abuso de poder actual repite con fuerza los viejos vicios de la persecución política. Quienes hoy gobiernan desde el privilegio de la oligarquía no toleran el pensamiento crítico. La política gubernamental se sostiene mediante la criminalización de la protesta social y la persecución implacable a todo aquel que no comparta el libreto privatizador y de desmantelamiento de los derechos públicos. Aquellos trabajadores y pueblos que cuestionan el rumbo económico o defienden con firmeza los recursos estratégicos son catalogados de inmediato como terroristas, replicando el mismo desprecio racista y clasista que los hacendados de antaño proferían contra Dolores Cacuango y sus compañeros de lucha.
La memoria de Dolores nos enseña que el poder dominante se desafía organizándose de forma firme desde abajo. Frente a un gobierno que defiende a las élites y al FMI y pretende silenciar a las mayorías, la rebeldía histórica de los trabajadores, pueblos y nacionalidades del Ecuador se vuelve imperativa. Su legado nos convoca a no callar jamás ante el autoritarismo de turno. Las luchas de ayer iluminan la resistencia de hoy contra el abuso gubernamental y la injusticia social de nuestra época.

