El banquete de las hienas: El Oro como feudo del canibalismo político

Periódico Opción
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Por J. Acero

La noche política se ha ensañado con El Oro. Bajo el cielo de una provincia bendecida por la fertilidad de su suelo, hoy se respira el hedor de una descomposición que viene desde arriba, desde esos salones lúgubres de Carondelet donde Daniel Noboa y su argolla pretenden decretar el hambre como destino. Nos gobierna una corporación, una dictadura de cuello blanco y alma gélida que ha confundido a la patria con una de sus empresas y al voto ciudadano con un pagaré vencido. Lo que hoy se ejecuta en nuestra tierra no es política; es un atraco a la esperanza, un desmantelamiento programado de la soberanía popular.

Observemos la escena con el desprecio que se merece. Nos quieren vender la caída judicial de Darío Macas como un acto de purificación institucional. ¡Qué enternecedora es la justicia oficialista cuando rima tan perfectamente con el cronograma electoral! Que no nos vengan a dar sermones de moralina barata. A la corrupción se la denuncia y se la destruye, venga de donde venga y caiga quien caiga, porque cada centavo robado es un cupo menos en la educación para nuestros hijos, un medicamento menos en nuestros hospitales vacíos. Pero seamos implacables en el diagnóstico: Noboa no persigue el delito, persigue el riesgo de perder. Si al heredero del imperio bananero de verdad le horrorizara la pillería, sus propios ministros ya estarían tras las rejas, rindiendo cuentas por el vergonzoso festín de los contratos eléctricos de PROGEN en plena agonía energética del país. El banquillo de los acusados en este régimen es un invento selectivo: se usa para encarcelar al rival incómodo, para domesticar a los que no se arrodillan y para garantizar que en el tablero electoral solo jueguen sus lacayos, esos tristes lamebotas incapaces de denunciar la política antipopular que nos ha sumido en la miseria, el desempleo y el miedo.

Y en el fango local, el espectáculo es aún más repugnante, casi patético en su miseria. Clemente Bravo ha terminado de escribir el epitafio de su propia miseria moral. Su movimiento, el SUR 100, jamás fue el escudo de la provincia contra el centralismo absorbente; hoy la historia lo desenmascara como lo que siempre fue: una vulgar casa de cambio, un instrumento asqueroso de chantaje y reparto para negociar con el tirano de turno. El caudillo que ayer se desgarraba las vestiduras jurando amor eterno a su gente, hoy abandona su propio territorio, oculta sus siglas y mendiga una alcaldía ajena con la camiseta de ADN. Ha cambiado el honor por el blindaje y protección de del inquilino de Carondelet, pretende vender la dignidad de los machaleños y orense a su patrón a cambio de inmunidad e impunidad. Y a su lado, la Viceprefecta completa la coreografía de la infamia: arrugada ante el látigo del miedo gubernamental, declina su postulación, pero —¡oh, milagro del oportunismo familiar!— asegura la candidatura de su hija bajo el mismo techo del oficialismo. Negocian las esperanzas de los humildes como si fueran quintales de café, demostrando que para esta casta de pillos el poder no es una vocación de servicio, sino un patrimonio genético, una herencia que se transa en los pasillos de la traición.

¿Hasta cuándo permitiremos que los sepultureros del futuro decidan la luz de nuestros días? ¿Hasta cuándo el sudor de nuestra frente financiará los palacios de sus herederos?

Ante este festín de hienas que se disputan los despojos de la representación popular, la respuesta no puede ser el silencio ni la resignación, Frente a esta feria de vanidades y cobardías, frente a esta dictadura disfrazada que pretende robarnos hasta el derecho a la utopía, la indignación no puede quedarse en el lamento. El Oro no es un feudo endosable ni el botín de guerra de ningún niño rico con ínfulas de monarca. La única garantía de cambio verdadero, la única fuerza capaz de quebrar las cadenas de esta farsa, no vendrá de los pactos de medianoche entre oligarcas y tránsfugas.

La verdadera transformación tiene la piel curtida y los ojos llenos de estrellas. Es la hora de convocar al hermoso y temible ejército de los desposeídos, a esa reserva moral que verdaderamente hace latir el corazón de la provincia:

Los obreros y campesinos, poetas de la tierra que fecundan el surco bajo el sol implacable, sembrando vida donde el sistema solo deja miseria.

Los maestros de alma encendida y los jóvenes estudiantes, cuya rebeldía es el único fuego que la propaganda oficial no puede apagar.

Las mujeres valientes, trincheras de ternura y dignidad que multiplican el pan donde la crisis deja escasez.

Los comerciantes minoristas, que defienden el pan de cada día con la frente en alto frente a la persecución.

Los cholos, indígenas, montubios y negros, guardianes ancestrales de nuestra identidad indomable.

¡A despertar la conciencia orense! Que los traidores se queden con sus monedas de plata y sus contratos corruptos; a nosotros nos pertenece la aurora, la dignidad de la lucha y la certeza de que este pueblo, cuando decide ponerse de pie, es capaz de barrer a cualquier tiranía. ¡A organizar la rebeldía!  ¡Solo el pueblo salva al pueblo!

8 de julio de 2026

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