La comunidad universitaria de Cuenca rechazó presencia de Noboa

Periódico Opción
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Por Remo Cornejo Luque

Lo ocurrido el siete de octubre en el Campus de la Universidad de Cuenca no constituye un hecho aislado, sino la expresión nítida del rechazo del pueblo a un gobierno mentiroso, autoritario e incapaz.

La visita de Daniel Noboa formó parte de una agenda oficial desesperada por recuperar la popularidad perdida mediante recorridos propagandísticos. Sin embargo, la estrategia falló rotundamente: en lugar de aplausos, el mandatario se topó de frente con la resistencia y repulsión de una comunidad universitaria que rechaza su política.

El repudio responde a una realidad estadística demoledora: ocho de cada diez ecuatorianos desaprueban la gestión de Noboa y su neoliberalismo. El país se encuentra sumergido en una profunda crisis de todo orden. Mientras el discurso oficialista intenta sostener una ficción de progreso, la inseguridad sigue galopante en las calles y los sectores más vulnerables pagan las consecuencias del abandono gubernamental.

La protesta colectiva, liderada por la FEUE y respaldada con firmeza por el estamento docente y laboral, dejó en claro que la obra pública es un derecho constitucional y no una dádiva de campaña. Las universidades arrastran una asfixia presupuestaria sistemática que limita el futuro de la juventud y precariza las condiciones laborales. Este abandono se replica en el sistema de salud pública, donde los hospitales carecen de medicinas e insumos básicos. Lejos de corregir el rumbo, el régimen pretende meterle la mano a la seguridad social y asaltar los fondos del IESS, amenazando el patrimonio y las jubilaciones de la clase trabajadora.

Frente a este desmantelamiento de lo público, el movimiento popular y social mantiene una resistencia activa. El grito de «¡Fuera Noboa, fuera!» demuestra que la consigna sigue latente en la memoria de un pueblo cansado de los incumplimientos y mentiras reiteradas.

La militarización del predio universitario, cuál combate a los GDO, solo agudizó la indignación estudiantil. La retirada del presidente por una puerta secundaria es la metáfora perfecta de su gobernanza: la incapacidad de resolver los problemas más acuciantes de la población y la necesidad de huir de los efectos de sus propias políticas. Al gobernante que le da las espaldas a la realidad popular se lo rechazará con firmeza en las urnas y en las calles.

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