Tiempo para lo nuevo

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Por Carlos Espinosa Arévalo 

¡Es Año Nuevo!  Ha llegado a su fin el año 2025; éste ha quedado atrás dado el veloz paso del tiempo; con él se han ido nuestras experiencias de toda índole.  Comienza el Año Nuevo 2026; es tiempo para lo nuevo.

Bien podemos traer, como el más alto referente para toda la humanidad, un texto del Apocalipsis 21:5 que dice: “Y el que estaba sentado en el trono dijo: HE AQUÍ, YO HAGO NUEVAS TODAS LAS COSAS.  Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas”.  Este mensaje escatológico es tan importante para esta época de tantas cosas nuevas en todas las áreas del mundo, las cuales nos asombran y el mismo pensamiento y sentimiento humano queda  pasmado ante tanta maravilla de lo nuevo que el hombre es capaz de hacer.

En lengua griega, la palabra Kainós, es lo esencialmente nuevo, en el sentido de ser diferente en calidad, lo fresco, lo no previamente usado; se refiere a la nueva calidad de vida y espíritu que es la única característica de la persona regenerada; significa lo que no era antes, lo que está por nacer, lo que es nuevo y distinto comparado con otras cosas; es nuevo en tiempo y origen; es aquello que es nuevo en naturaleza diferente de lo usual, contrastando con lo  viejo, puesto que es superior en valor y atracción, lo nuevo en su clase.

En ese sentido, lo nuevo es la epítome, es decir, resumen y compendio de lo completamente diferente y milagroso de las cosas, las cuales están como preparadas para el tiempo redentivo exacto, como aquello que simboliza lo que se espera porque ha sido prometido; una especie de nueva creación con un estupendo fin positivo, una meta suprema de la esperanza humana.

En términos teológicos, lo nuevo, es el reflejo de la salvación en el mismo presente y futuro del hombre; una nueva eternidad, una nueva creación, siendo Cristo, el iniciador de la nueva creación de los tiempos; y, la Iglesia, la nueva humanidad.  Incluso la misma psicología religiosa confirma la idea del valor de lo nuevo, una escatología –la ciencia de las últimas cosas- en la religión; porque somos hechos de tal modo que no podemos escapar del influjo de la esperanza de lo nuevo.

Por otro lado, la misma filosofía entiende por nuevo no todo lo que nace o existe, sino únicamente lo que nace para desenvolverse, lo que tiene un porvenir y acelera el progreso de la sociedad en conjunto o en alguno de sus aspectos; lo nuevo es el motor del desarrollo.  Estos conceptos nos permite distinguir entre lo que es efectivamente nuevo y entre lo que es en apariencia; lo viejo, lo que ya caducó, puede, algunas veces, afectar la forma de lo nuevo, mas no deja de ser, por eso, menos viejo.  En ese sentido, se entiende por viejo, todo lo que cesa de ser el motor del progreso y se convierte en un obstáculo para el desenvolvimiento de la marcha hacia adelante.

Aquí, lo nuevo y lo viejo, luchan entre sí, pues, traducen las diferentes tendencias de la realidad humana, su pasado y su presente, lo que muere y lo que nace, lo negativo y lo positivo; existe una lucha de lo nuevo, de lo progresivo contra lo viejo, contra lo que muere, porque es una ley esencial del eterno devenir.  La lucha entre lo nuevo y lo viejo, culmina necesariamente con la victoria de lo progresivo, pues, la fuerza de lo nuevo, es invencible.  Lo único que hay de insuperable es lo que se halla en estado de nacimiento y desenvolvimiento.  Cuando lo nuevo triunfa, no destruye completamente lo viejo, mas, saca provecho de las conquistas del pasado.

¡Es AÑO NUEVO!  Todo acompaña para aplacar la sed de cosas mejores: una ciudad sana, en la que habitan hombres y mujeres nuevos; se limpian las lágrimas, desaparecen los clamores, los dolores, las tristezas; existe una esperanza en la cual se puede confiar plenamente, pues, está alboreando el nuevo año ansiado y se vislumbra lo nuevo para andar en novedad de vida.

Una grande revolución nos espera, una transformación nos aguarda, en lo moral, en lo espiritual, así como en lo material; lo imperfecto no será más; tiene que haber gozo, paz, alegría, justicia, un tiempo mejor, de restauración, de renovación lo estamos acariciando ya; que todo sea movido por el amor, el cual es el secreto del movimiento de todo.

Aquí cabe la pregunta: ¿Quién va a compartir conmigo el tiempo para lo nuevo? Todos cuantos lo deseen, todos cuantos quieran pagar el precio de dejar y quemar lo viejo, todos cuantos sean triunfadores, todos cuantos decidan  su nuevo destino de grandeza y magnificencia.

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