16A: 10 años de resistencia, memoria y dignidad

Periódico Opción
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Por Psic. Cl. Jonathan Párraga Ibarra*

Han pasado diez años desde aquel 16 de abril de 2016, fecha que quedó tatuada en la memoria colectiva de Manabí y del Ecuador entero. El terremoto no solo fracturó estructuras de cemento y acero; estremeció certezas, proyectos de vida y la sensación de seguridad que creíamos inquebrantable. Sin embargo, si algo no logró derrumbar fue el espíritu manabÍta, esa «garra manaba» que nos caracteriza.

Como profesional de la salud mental y como manabÍta profundamente orgulloso de su tierra, he sido testigo de una verdad poderosa: nuestro pueblo posee una fortaleza admirable. La resistencia no fue un concepto académico, se convirtió en una práctica cotidiana. Mujeres y hombres que lo perdieron todo y, aun así, organizaron ollas comunitarias, albergues improvisados, levantaron carpas solidarias y ofrecieron consuelo cuando también necesitaban ser consolados. La solidaridad fue nuestro primer plan de reconstrucción.

Manabí demostró persistencia y perseverancia. Desde el comerciante que volvió a abrir su pequeño local entre escombros, hasta el agricultor que regresó al campo con más fe que recursos. Nuestra identidad —alegre, trabajadora, hospitalaria— no se suspendió por la tragedia; se reafirmó en medio de ella. Esa capacidad de sobreponernos habla de un capacidad emocional y comunitario, un temple, que pocas veces es reconocido en los informes técnicos, pero que sostiene la vida misma.

No obstante, conmemorar no es romantizar el dolor. Diez años después, también debemos hablar con claridad sobre la injusticia, la corrupción y el abandono. La reconstrucción no puede medirse solo en obras inauguradas, sino en calidad de vida, en oportunidades reales, en transparencia. Manabí no merece promesas recicladas ni discursos conmemorativos vacíos; merece respeto, inversión responsable y planificación con enfoque humano.

La memoria del 16A nos obliga a una doble tarea: honrar la resistencia de nuestra gente y exigir cuentas a quienes administraron —y administran— los recursos destinados a su bienestar. Porque recordar el 16A es un acto político, ético y moral.

Manabí no es sinónimo de tragedia. Es sinónimo de dignidad. Somos una provincia que ha aprendido a levantarse sin perder la ternura ni la firmeza. A diez años del terremoto, reafirmamos algo esencial: podrán temblar la tierra y las estructuras, pero jamás el carácter de un pueblo que sabe reconstruirse desde la solidaridad, la esperanza y la dignidad.

Director Provincial de Unidad Popular – Manabí

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