Por: Remo Cornejo Luque
El Decreto 311 no es un escudo contra el crimen; es un cerrojo político. Al prorrogar el estado de excepción justo cuando el descontento popular madura hacia una movilización nacional, Daniel Noboa transparenta su verdadera agenda: utilizar el miedo y la militarización para blindar el modelo neoliberal y extractivista.
Si el presidente quisiera verdaderamente combatir al crimen organizado, debería primero mirarse al espejo y limpiar las cúpulas militares y policiales, eliminando los vínculos mafiosos con las entidades estatales y depurando la función judicial de los «jueces de alquiler» de los carteles. Sin esa limpieza de casa adentro, el estado de excepción es solo un disfraz para la represión social.
La cifra del fracaso es sangrienta e irrefutable: en apenas 27 meses de gestión, Noboa ha dictado 12 estados de excepción, convirtiendo la anomalía en su única forma de gobierno. Sin embargo, la bota militar no ha traído paz; por el contrario, bajo su gestión el Ecuador ha superado la pavorosa cifra de 10,000 muertes violentas, convirtiendo este periodo en el más oscuro de nuestra historia. Esta estrategia no pacifica al país; solo sirve como «guardia privada» de las mineras mientras se asfixia financieramente a los GAD.
El miedo ha cambiado de bando. El régimen responde con este nuevo Decreto ante el anuncio de la movilización nacional del magisterio y los servidores públicos hacia Carondelet el 13 de marzo, y frente a la convocatoria a la Convención Nacional Unitaria del FUT, Frente Popular, UNE, CONAIE y Servidores Públicos. Buscan frenar una unidad que hoy se levanta por tres banderas irrenunciables: SEGURIDAD real, ESTABILIDAD LABORAL y ALZA SALARIAL.
La marcha nacional y la Convención Unitaria son el paso previo a la acción directa y masiva para echar a Noboa de Carondelet. El pueblo no se detendrá ante decretos fallidos; la lucha social crecerá hasta conquistar un gobierno popular.
