Por Edison Álvarez
El pueblo en noviembre le dijo NO a Noboa. Le dijo que la Constitución se mantiene y se respeta en los niveles en que está. Pero parecería que al niño mimado y malcriado no le gusta perder y, como guagua renegada, busca medios y formas para ganar. Como en esos juegos del “si no gano yo, me llevo el balón”.
Y como parte del juego es pagar la deuda externa y no tiene plata o, mejor dicho, quiere que la deuda la paguen otros, léase el pueblo, se les ocurrió hacer unas reformas a la ley del COOTAD. Entre lo principal está restringir presupuesto para determinadas actividades, y no solo fiestas, sino también obras de carácter social que los GADs realizan: ayuda a los viejitos, centros educativos, escuelas de fútbol, entre otras.
Pero lo más preocupante es que el municipio no podrá contratar estudios para hacer una obra. Y ahí es cuando uno dice: ¡chuta!, ¿y cómo me van a hacer la repavimentación o el alcantarillado si no hay estudio previo? Es decir, tampoco podrán hacer obra. Y como esa plata no se gasta en el año fiscal, entonces regresa a la caja nacional. ¿Y para qué creen que va a usar esa plata? Para pagar la deuda eterna. Así, nos deja sin obras, se nos lleva la plata y los que pagamos las consecuencias de este jueguito del Daniel somos todos, menos él.
Y claro, como en noviembre el pueblo le dijo NO al niño malcriado, que tiene sus intereses en la minería y las privatizaciones, se juntó con sus panas de la Asamblea y, con un traidor y vendido, para completar los 77 votos que necesitaban para aprobar una ley que violenta la Constitución.
En estos cambios se elimina la licencia ambiental, se elimina la consulta previa y así, no más porque sí, solo por ser panas del Daniel, el Ministerio de Energía emitirá los permisos y chao naturaleza. Le meterán dinamita, taladro, contaminarán el agua y acabarán con los pueblos. Todo por un capricho de Noboa, que tiene intereses en las empresas mineras.
Y lo más grave: esta ley permite la privatización de la energía eléctrica. Y todos sabemos lo que pasa cuando se privatiza: todo sube. Nos quiere dejar a oscuras porque no tendremos cómo pagar, ya que los precios se vuelven inalcanzables.
Así no más con el guambra malcriado, que no escucha al pueblo. Pero, ¡qué va! El pueblo no es ni pendejo ni cojudo. Ya presentó las demandas de inconstitucionalidad, ya prepara la marcha del 13, ya está pilas.
Y como cuando el que se llevaba el balón y nos quería dejar sin jugar, nos organizábamos. Y si no había más balón, se lo quitábamos y seguíamos jugando. Porque los guambras unidos no nos dejábamos del bravucón dueño del balón.
Y lo mismo va a pasar en este juego: el pueblo se organiza y lucha. Y si no cambia, lo cambiamos, con todo y balón. Porque solo el pueblo salva al pueblo.
