Machu Picchu: energía tallada en piedra

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Por Carla Báez Baquero

Machu Picchu, la ciudad sagrada de los Incas es un legado que muestra como las antiguas civilizaciones buscaron el desarrollo de los pueblos y sus habitantes. Sus vestigios arqueológicos son una joya que se ubica al sur del Perú, específicamente en el departamento del Cusco, y es considerada una de las siete maravillas del mundo; en verdad es imposible no maravillarse con sus estructuras de piedra que reflejan el diseño de toda una ciudad.

Durante los siglos XVII y XIX Machu Picchu fue parte de diferentes haciendas, en principio se volvió un lugar remoto e ignorado por lo que la vegetación fue escondiendo poco a poco las estructuras de piedra, así también como su legado arqueológico. Y no fue sino hacia el año 1911 que el profesor estadounidense Hiram Bingham, realizó los estudios científicos y arqueológicos del sitio, que evidenciaron la importancia de las ruinas y su invaluable patrimonio para la humanidad.

La “Ciudad Perdida de los Incas” como también se la conoce está construida sobre una superficie de más de 30 mil hectáreas, a la cual se puede acceder en tren desde el Cusco en aproximadamente tres horas. El acceso es bastante restringido, ya que se ha buscado precautelar los vestigios arqueológicos únicos en la región. Sin embargo, en el pueblo aledaño Aguas Calientes, se puede sentir un gran movimiento turístico envuelto en una infraestructura rústica pero cálida.

Desde la entrada al complejo arqueológico, se pueden visualizar más de 200 estructuras monumentales, entre casas, edificaciones, templos y altares; según detallan los estudios, para la construcción se tomó en cuenta criterios astronómicos que se plasman en la alineación de algunas edificaciones durante los solsticios.  Sin dejar de lado los innumerables senderos construidos por la civilización Inca, que sin tener las herramientas de ingeniería necesarias lograron edificar un complejo emblemático, el cual deleita a miles de visitantes de todo el mundo.

El complejo arqueológico se encuentra rodeado de gran cantidad de terrazas que tenían como objetivo principal desarrollar la agricultura y abastecimiento de la población, y a su vez soportar todo el peso de las montañas. Esta obra de ingeniería de los Incas resulta impresionante para la época en la fue desarrollada y también para la presente.

Más allá de la construcción arquitectónica resulta igualmente impactante la energía que irradia el lugar; recorrer los senderos entre las estructuras de piedra y la vegetación es una experiencia única que traslada al visitante a épocas incaicas, imaginando la vida cotidiana de sus habitantes, el comercio basado en el intercambio de productos, la adoración a sus dioses y sobre todo su habilidad para convivir en armonía con la naturaleza.

Bajo este concepto Machu Picchu se ha convertido en un área de conservación ecológica, ha adoptado un Plan Maestro para el desarrollo sostenible de la región y consta como integrante de la lista del patrimonio mundial donde converge la historia y el legado incaico.

Quito, marzo 2026.

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