Por Jaime Chuchuca Serrano
Aún duele aceptarlo, el Ecuador pasó de ser un territorio de paz a uno de sangre. Y el gobierno de Noboa logró empujar la guerra de la droga a infiernos impensables. La obra de Noboa está a la vista: 50,9 homicidios cada 100 mil habitantes, el primer país en América Latina, y tercero si se cuenta el Caribe, con 9216 homicidios en 2025. La declaratoria del “conflicto interno” coincide con el incremento de los actos dictatoriales y la época de mayor narcotráfico estatal. Estos hechos no se alejan de la perspectiva de las conflagraciones bélicas, como las que emprende Estados Unidos. El denominado Escudo de las Américas se abre como escalada militar y autoritaria en la región.
La guerra comercial de Noboa contra Colombia viene por orden de Trump, así como los bombardeos en la frontera, en medio de las elecciones presidenciales. Petro y las fuerzas del Pacto Histórico deben andarse con cuidado, porque Trump está esperando un pretexto para una arremetida. El Acuerdo Comercial Recíproco de Estados Unidos y Ecuador, que más bien es unilateral, es el aterrizaje de las imposiciones imperiales que se instalan en los países andinos. El Acuerdo trae un trato preferencial del 90% de productos agrícolas de Estados Unidos; mientras que a Colombia se le sube el 50% de aranceles. El Ecuador se somete a las resoluciones de EE. UU., baja los trámites para los productos y se aleja del sistema andino de franjas. Como cereza del pastel, se coloca al Campo Sacha como objetivo para la seguridad Nacional de Estados Unidos.
Ecuador se ha convertido en un laboratorio para fortalecer el aparataje bélico, la presencia de los Estados Unidos, el sometimiento de las poblaciones y el control, y ampliar las formas dictatoriales. Además de la guerra de la droga y el autoritarismo regional, en este territorio se experimenta en los conflictos extractivistas, en la persecución de dirigentes y organizaciones sociales; así como las denuncias y arreglos electorales. La judicialización electoral como en la proscripción del correísmo, el procesamiento de Aquiles Álvarez, Cristian Zamora, Pabel Muñoz y otros probables candidatos es una campaña de ADN para competir por los espacios seccionales. Las fuerzas políticas populares deben profundizar sus acciones unitarias para sacar al país de la deriva autocrática.
