Por Ab. Juan Pablo Sansur Ode.
En un país como el nuestro desinstitucionalizado, en el cual no se ha pagado la deuda social a favor de los descamisados, de los preteridos, adicionalmente con una crisis económica galopante y espantosa, con una inseguridad espeluznante que produce zozobra, desesperación y depresión, con una infraestructura de salud que se cae a pedazos, eso sin contar con el desabastecimiento generalizado de medicamentos e insumos que mina la esperanza de un pueblo para poder curarse.
Hay que subrayar que el cinismo y el desparpajo llega a tal nivel que, José Julio Neira, como secretario general de la Administración Pública, aseveró que el proceso de adquisición de medicamentos provenientes de la India ha sufrido retrasos debido a la traducción de documentos del inglés al idioma requerido por el regulador ecuatoriano. Así se burlan del dolor de los ecuatorianos que requieren medicinas.
En este escenario, es despedido del diario Expreso el periodista, Roberto Aguilar, quien no le endilga la responsabilidad de su salida a dicho medio de comunicación, sino al gobierno nacional. El diario este sujeto a las y coacciones del gobierno que pretende apropiarse del 40% de su paquete accionario. El régimen no ha tenido empacho en responsabilizar a Expreso por los delitos de lavado de activos y defraudación tributaria.
Roberto Aguilar, señala que el factor detonante fue su última columna publicada la misma mañana de su despido en la que analizaba un video del secretario general de la Administración Pública. Roberto Aguilar ya había sido objeto de acciones judiciales relacionadas con su ejercicio periodístico, incluyendo un proceso iniciado en el 2023 por la entonces presidenta del CNE Diana Atamaint. Aguilar relata que el periódico estaba recibiendo presiones constantes del gobierno para entregue nuestras cabezas a cambio de que de detener la persecución de la que es objeto tanto judicial como empresarialmente. Las otras cabezas serían el periodista serían Martín Pallares y el abogado de Granasa, Eduardo Carmigniani.
Hay que mencionar que el Ecuador cae 31 puestos en el ranking mundial de libertad de prensa y se ubica en el puesto 125, ubicándose como uno de los países con mayor deterioro en la región e incluso a nivel global, en un contexto donde la libertad de prensa atraviesa su peor momento en los últimos 25 años.
De acuerdo a Reporteros Sin Fronteras, los factores como el avance del crimen organizado, la violencia y las presiones contra los medios han contribuido a debilitar las condiciones para el periodismo en el país, resulta preponderante abordar el capítulo del Democracy Report 2026 del V-Dem Institute, en el que Ecuador figura en la categoría de países con procesos de democratización estancados y con señales de alerta hacia la autocratización, el instituto ubica al Ecuador en una zona de riesgo institucional donde se debilitan los contrapesos y se concentra el poder.
El Estado responde con linchamiento mediático en redes o amenazas a lideres dificultando la participación ciudadana, los troles del gobierno inundan las redes sociales, desprestigiando y denostando contra quienes piensan diametralmente distinto.
El pueblo tiene miedo incluso para expresarse a través de las redes sociales, este régimen ha sido denunciado por espionaje, en días recientes se ha conocido sobre presuntas vulneraciones en contra de los dispositivos electrónicos de Fernando Cornejo ex Presidente del Directorio de la Empresa Municipal guayaquileña Segura EP y de Gabriela Panchana activista política y periodista, ambos personajes públicamente críticos con el gobierno nacional, por lo tanto, lo que está viviendo el país es un totalitarismo.
Resulta pertinente citar lo que estamos viviendo en estos momentos a través de una frase de Mario Vargas Llosa: “La verdadera dictadura no necesita fusiles, solo urnas amañadas, prensa obediente y un pueblo acostumbrado a obedecer”, si no rompemos con esto como sociedad esta frase se acodará y se afianzará aún más en el país.

