Por Jaime Chuchuca Serrano
La hegemonía occidental actual, en su versión de derechas extremas, ha formado discursos, granjeando lo peor de los sistemas ideológicos como el fascismo, nazismo, sionismo, el supremacismo blanco estadounidense. La hegemonía es multidimensional, política, cultural, económica, científica y también tecnológica. El debate de los Mass Media tiene componentes abigarrados; uno es el discurso hegemónico que reproduce una caja de mensajes, que, en el caso de las extremas derechas, es de lo más violento contra las nacionalidades no dominantes, mujeres, etnias, contra las izquierdas, los socialistas, comunistas o hasta para la derecha constitucionalista. Hay capitalistas mediáticos que controlan a diario las agendas informativas.
Las operaciones de la Central de Inteligencia Americana (CIA) suelen quedar registradas en las películas como acciones para combatir el mal: parte de los versículos de Hollywood. Las acciones de Fernando Cerimedo, lejos de ser limpias, riñen totalmente con la ley y la moral, están envueltas en pluridelitos y el reciente intento de feminicidio de su pareja, Nadia Beller.
Las operaciones de Cerimedo son solo una parte del gran engranaje geopolítico de las derechas. Este personaje es un agente de varios. Cerimedo se activó en las campañas de Bolivia, Chile, Honduras, Argentina, Colombia, Brasil, Ecuador, Perú y, recientemente, en México. Sus conexiones con Javier Negre, de Derecha Diario, y otros medios parecidos, regeneran el mapa de conexiones mediáticas. La Granja de Bots particular de Cerimedo es una de muchas que trabajan por posicionar mensajes, personalidades, o si no, difamar, calumniar. Las reuniones de Cerimedo con asesores de Trump, acompañando a presidentes como Rodrigo Paz, en reuniones con Marco Rubio, por el Escudo de las Américas, lo conectan con las más altas esferas del control geopolítico.
La maquinaria informática ultraderechista de mentiras está compuesta del mundo estatal, institucional y mediático, de redes sociales, Think Tanks, el mundo empresarial, las Centrales de Inteligencia, y ahora una complicada red de compañías, influencers, tecnócratas, profesionales de todo tipo, policías y militares. La injerencia electoral de esta maquinaria es amplísima; ahora se manipulan directamente los resultados, como lo demuestra el mismo caso Cerimedo.
Los gobiernos y candidatos de derechas han seguido ese modelo de desinformación, que ya no solo conecta al mundo tradicional de los medios de comunicación, sino que opera en las redes sociales y la vida íntima de la sociedad civil. Personajes con pésima calificación de pronto son adorados como los mejores, por millares de cuentas anónimas de las Granjas de Trolls y Bots, y mensajes producidos por IA. Así moldean la opinión pública. En este contexto, los poderes de turno trabajan con Palantir y operan softwares de inteligencia como Pegasus. El control de los datos y la información es parte de la construcción del poder, de la administración de las poblaciones, y en esto prima la hegemonía de Estados Unidos.

