Por Natasha Rojas
Si hay que pintar una y mil paredes por la vida y los derechos de las mujeres, ahí estaremos
Quienes nada dicen de la crisis de salud, educación y seguridad, que aplauden el autoritarismo y prepotencia de este gobierno, sonríen al ver cómo van a desaparecer proyectos y programas sociales de municipios y consejos provinciales por las reformas al COOTAD.
Hoy son los defensores de las paredes y los monumentos, no entienden, ni entenderán que es una forma de visibilizar la violencia estructural, la desigualdad que vivimos las mujeres y la falta de respuestas del Estado; más aún hoy, que está en riesgo que se cierren las casas de acogida, las juntas de protección de derechos y servicios sociales, por las famosas reformas al COOTAD.
Este #8M las paredes se convierten en espacios de denuncia y las mismas pueden volver a ser pintadas, pero las mujeres que perdieron su vida producto de femicidios no volverán a estar junto a nosotras.
Las voces que cuestionan esta forma de protesta, no dicen nada respecto a que cada 22 horas una mujer es víctima de femicidio, que las reformas laborales ilegales dejan sin empleo a las mujeres, que la inseguridad afecta a las mujeres dejando secuelas irreparables, que la pobreza tiene rostro de mujer y que este gobierno ha sido incapaz de atender las demandas del movimiento de mujeres.
Siempre estaré del lado correcto de la historia y si hay que pintar una y mil paredes por la vida y los derechos de las mujeres, ahí estaremos.
